José Luis Gato
26may/10

Transformación

Transformación

Fotografía: Víctor Nuno

Transformar. Cambiar una cosa en otra. Hacer cambiar de forma o aspecto. Alterar, variar, mudar. Hacer cambiar el carácter, las costumbres de una persona. Cuando la realidad no cambia, renovarse, más que una opción, es una consecuencia necesaria.

Lo cierto es que el dolor que desde hace tanto me acompaña no sólo no cesa, sino que se agudiza. Puede que sea absurdo hacer caso omiso de la lógica, la razón, del sentido común que dicta la escasa o nula conveniencia que me atrae hasta estas letras, propias y ajenas. Es bueno recordar que todos, sin excepción, nos sometemos a un precio en lo dospuntocero. Aunque cambie la moneda de pago, mantenemos el dividendo.

Abusamos de la incompetencia matemática. Trazamos los perfiles y patrones que más nos convienen. Juzgamos, damos por hecho que quien comparte contenidos en horario de trabajo, es un vago.  El desempleado que no sólo usa, sino abusa de las redes buscando construirse un nombre, sólo aumenta una lista de contactos que más tarde, olvidará. Habría que diferenciar al generalista del que no para de generalizar.

Es paradójico ver como aceptamos unas premisas en las que encajamos con suerte dispar. Una valoración basada en especulaciones, previsiones que no sólo desconocemos, sino que están en constante cambio. Una transformación que aún no conoce acuerdo entre definición o significado. Nadie identifica mérito, el esfuerzo que precede al beneficio o al daño. O seguimos en una dinámica en la que sólo cuentan resultados o quizá hayamos olvidado que hubo un tiempo en el que el empeño era digno de ser recompensado.

Es difícil asimilar que más que una adaptación, seamos nosotros los que llevemos el control. Incluso quien reniega deja constancia de su participación. Lo que empezó como una filosofía que se ha convertido en un estilo de vida en el que la decisión va más allá del sí o el no. Asalariados que arriesgan su puesto entre prohibiciones y redes, otros que ceden su tiempo a la respuesta de comentarios, quien en lugar de seguir inscribiéndose en ofertas de empleo, comparte su último post. En contra o a favor, el presente es reflejo de la opinión. Como nexo común, la búsqueda de la retroalimentación.

Ego, interés, aceptación. Pilares del dospuntocero que disfrutamos. Quizá una curiosa percepción del riesgo que sólo precede una mayor transformación.

21may/10

Simplificando

Simplificando

Fotografía: Víctor Nuno

Simplificar. Hacer más sencilla, más fácil o menos complicada una cosa. Reducir una expresión, cantidad o ecuación a su forma más breve o menos compleja. Una ejecución simple que no requiere una definición extensa.

En este gran escaparate jugamos a posicionarnos como expertos en diccionario. Debe ser complejo convertir lo accesible en inalcanzable. Y sin embargo, lo hacemos a diario. Puede que exista una variable que se me escape. Se nos escape. Actuemos en consecuencia, asumamos que nuestro círculo es cerrado, que cada limitación técnica que libremos se verá cubierta por un incomprensible y jerárquico manto humano.

La tecnología no une, sólo posibilita. El entendimiento no surge con el mero hecho de estar conectados. Entre cultismos, neologismos y tecnicismos, en lugar de progreso, más de lo mismo. Fenómenos léxicos. Crucificamos la tilde no impresa mientras adoramos la gramática incomprensible, pero correcta. Curiosa valoración, extraño criterio. Nos importa más el gazapo o el error que saber interpretar al autor.

Evangelizar, dinamizador, resiliencia, procrastinar. Pequeño extracto de algunos términos que se han vuelto cotidianos en nuestro constante intento de comunicarnos. Me cuesta creer que no somos capaces de simplificar, de hacerlo cercano. Supongo que en algún momento debimos considerar que lo erudito era necesario. El lenguaje corriente para "el populacho". Que alguien me explique la ventaja de cifrar nuestro vocabulario. Olvidamos que todos, incluso los no docentes, de una forma u otra enseñamos. Compartir es, sobre todo, transmitir.

La idea, el centro, el mensaje. Mientras buscamos los adornos que parecen tan necesarios, la inspiración se pierde entre otra página de diccionario.

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16may/10

El ruido del silencio

El ruido del silencio

Fotografía: Víctor Nuno

Silencio. Abstención de hablar. Falta de ruido. Efecto de no hablar o no manifestar algo por escrito. Pausa musical. Una corchea en cada palabra. Una sinfonía en cada pausa.

Asociarlo a tranquilidad, a la calma que despide la tempestad, evitando recordar que el verdadero silencio rebosa expresividad. Mientras, seguimos jugando a elevar la voz, hacernos notar, con la inocente creencia de que entre tanto ruido, nuestra verdad destacará. Mutismo de la razón, una nueva falsedad.

Queremos creer que quien no habla, poco tiene que aportar. Olvidamos que la frase más sabia es la aún no pronunciada. Proclamamos las virtudes de una libertad de expresión que, sin avisar, dejó atrás a todo el que calla, al que eligió el último turno cediendo en nuestro favor, su palabra. Ignorar este silencio es la afonía del corazón.

Temo dejar de escuchar mi propio silencio, ese susurro que aparece sólo tras tu voz, la mía o la de otros. Mudez de las ideas. No es cuestión de respeto, buenas formas o tratados de educación siquiera, es la única manera de cancelar el eco que reverbera entre sueños, soluciones o problemas. Omisión, disimulo, misterio. Quizá temamos enfrentarnos al silencio.

Seguiré buscando entre los secretos que no callan. Escuchar cada pausa. En este camino, el silencio sólo enmudece con el ruido de las lágrimas.

11may/10

Placebo

Placebo

Fotografía: Víctor Nuno

Sugestión. Sugerencia, fascinación. Control de la voluntad. Ceguera, ofuscación. No existe sustancia inocua que beneficie sin manipulación.

Un corazón ciego tiñe del color del engaño los ojos que ven el mañana. Es la sinceridad muda, llena de verdades que callan. Placebo de la mirada. Voces perdidas, quizá náufragas, entre olas que te arrastran y se calman.

La certeza es el placebo que sólo al tiempo no engaña. Entre la espera y la pausa, la distancia va secando la lágrima. Déjame congelar este presente, abrazarlo hasta que se torne agua. Convertir cada momento en gota de escarcha, por la orilla, por la ribera, derramando su recuerdo, salpicando una vida entera.

Placebo de la razón, hacer que la única evidencia sea la duda. Alternar el turno entre tú y yo, elegir uno de los dos. Estar seguro de lo inseguro, el protagonismo de la imaginación. Inocente, inofensiva, la mente nos brinda la mentira contraria a nuestra expresión. La dualidad de nuestro propio yo.

No quiero, sin una voz, hacer de las palabras, mi placebo. Tan sólo guardar los instantes que atravesaron las corazas entre recuerdos.

7may/10

Nuestro barrio

Nuestro barrio

Fotografía: Víctor Nuno

Caminar no es sólo dejar atrás. Perderse entre huellas, pisadas, momentos, incluso encontrar el secreto indiscreto que sólo aparece al cruzar las palabras. Nuevos vecinos atraen las miradas. En este barrio es complicado que nadie se preste a facilitar la mudanza. Incluso se alerta que tras las buenas maneras, a veces se esconde carnaza.

Casi todos veníamos de paso. Por cercanía, por probar. Nadie nos avisó que tan sólo con  saludar se nos ofrecía nuestro propio lugar. Un patio de vecinos tan pequeño como singular, en el que denominarse  líder era tan ridículo como absurdo. Lo importante era pasar en compañía el primer café del día, nombrarse camarero antes que dueño. Hacer de improvisado mensajero, ocupar el puesto de periodista que daba a conocer su particular primicia llamando casa por casa.

Siempre queda aquello que ni siquiera el tiempo cambia. Crecía el número de vecinos a la par que las protestas por el ruido. Curiosas denuncias al viento de los que hablan desde su atalaya. Pocos se lo toman en serio, mientras sonríen al encajar sus ventanas. En el fondo todos pensamos que la tranquilidad es propia de la montaña. Aquí pedir protagonismo es insonorizar tu propia palabra.

Era de esperar que con los años prodigaran los compradores de almas, aquellos que prometen a cambio la mejor vista desde la mejor casa. Charlatanes de inmobiliaria que al poco tiempo bien merecieron su fama. Gracias a los fallos ajenos se estableció una política correcta basada en la coherencia, 140 letras para el primer pago de la hipoteca. Comerciantes y empresas fracasaron en su intento de monopolizar la venta. Todo el mundo sabe que en una pequeña barriada los logotipos y las marcas no hablan. Se sigue buscando al tendero, el artesano del cara a cara.

Un barrio que no distingue entre edades, méritos académicos o la raza de los avatares forma parte de nuestro diario. Sorprende que algunas causas sean no sólo escuchadas sino apoyadas. Nunca será suficiente,  es cierto, el tópico de “algo es mejor que nada” no siempre basta. Al menos aquí las voces no callan. No sé si será más ilógico llamarlo refugio, proyección o quizá imaginación compartida. Quizá tarde o temprano nuestro indiscutible carácter humano acabará viciando por completo este, nuestro barrio. Mientras tanto cada mañana seguiré saludando a los nuevos, a los ajenos, provisionales vecinos eternos.

Por mi parte recordaré que hubo un tiempo en el que sentirse arquitecto de sueños sólo requería estar en movimiento. Siempre paseando, caminando. De alguna forma, avanzando.