Respuesta automática
Será breve. Como estas líneas. Será efímero. Como el pálpito. Buscamos los afluentes que dan a la mar, el mar del olvido.
Tiritan egos en las mejillas, un nuevo surco por cada miedo. Las estrías fruncen los ojos que no ya no distinguen, mecanizan. Sonrisa automática que se desgasta. Nos desgasta.
Suena un elogio. Forzado. Una reverencia. Educada. Sin importar qué decimos sólo parece preocupar cuándo, a quién nos dirigimos. Encadenar palabras, encabalgar sin sentido. Pronto se desbordarán ríos vacíos.
En la ribera, el eco de aplausos sigue preguntando quién lo llamó. Con qué motivo.
Un día cualquiera
Despuntar. Quitar o gastar la punta. Empezar a amanecer, brotar las plantas. Descollar, destacar. Cada mañana nos adelanta futuros suspiros de almohada.
El murmullo de los comercios golpeando entre las sábanas recuerda un mundo que no espera. Existe el paréntesis pero no la pausa. Entre miradas perdidas andan sombras cabizbajas. Perspectiva, ángulo, distancia. Un mismo instante, infinitas instantáneas. Vivimos la suma de nuestras ventanas.
Caminar sin confesar el rumbo. No dejar que la vida pase ante tus ojos, sino exponerte. Sentirte futuro, no presente. Que en algún momento aprecies el parecido entre no diferenciar y quedarte indiferente. Aminorar la marcha, sin detenerte, esquivando las huellas de los sueños rotos que va marcando la impaciencia de otros.
Prisa, deprisa, premura. Sólo conseguimos decepcionarnos antes y lo que es aún más preocupante, no sólo soñar menos, sino soñar peor. Para después buscar argumentos que más que razones, son lamentos donde recordamos qué fácil es hablar. Aún más simple es dejar que el tiempo ponga todo en su lugar. Siempre una excusa más.
Cuando te rindes a la evidencia, todo significa más de lo que expresas. Sólo entonces este podría ser un día de cualquier tipo, menos un día cualquiera.
Espejos
Reflejar. Manifestar o hacer patente una cosa. Sentir un dolor en una parte del cuerpo distinta a aquella en que se originó. La indiferencia es la proyección en opaco escenario.
Olvidamos que jamás se parte desde cero, imitamos, absorbemos, distribuimos conocimiento. Querer crear es querer reflejar. La búsqueda de la copia perfecta, inimitable, propia, nuestra. Cada vida es una larga lista de atribuciones sin licencia.
Limitar, separar, marcar con nuestro sello, nuestra huella, tomar propiedad. La sonrisa que acompaña el café de la mañana, el recuerdo que dormita entre suspiros de almohada. Son destellos, respuestas a otros brillos, reacciones al estímulo que tomamos como nuestro. No existe terreno ajeno que no pueda alcanzar nuestro reflejo.
Creadores de opinión, amplificadores, conectores. Nuevos tiempos, nuevos términos. Una era que del mundo hace su particular audiencia exige inmediatez en la respuesta al improvisado interlocutor. Sólo la destreza convierte al eco en criterio propio. Cuando sobran los destellos, innovar es simplificar entre reflejos.
Creemos estar progresando mientras compartimos los mismos resultados. Seguimos siendo espejos. Eso no ha cambiado.
Sin expectativas
Receptivo. Que recibe o es capaz de recibir, particularmente sensaciones y estímulos. Propenso, abierto. Términos cuyo significado parecen ser virtudes de diccionario.
Un café en compañía es la invitación inocente que rara vez deja indiferente a los aliados del tiempo. De promesas y secretos. De pasiones y temores. Despojarse del discurso, arroparse en otros ojos. Ingenuos de nosotros por no saber la diferencia entre lo común y lo corriente.
Nos empeñamos en equilibrar una balanza desconociendo lo que guarda en cada extremo. Lágrimas añejas van formando la solera del momento. Cuando nadie juzga la honestidad de los recuerdos, el aquí y ahora se torna lo único sincero. La afinidad va apareciendo al ser partícipes de un mismo sueño.
Trazar una expectativa es de algún modo, limitarla. Quizá prefiera seguir arriesgando al todo o nada. Sin saber en qué momento formé mi concepto de esperanza, hoy lo modifico, lo complico, hasta el punto de ignorarlo. El pasado simplemente complementa, por sí solo ni enriquece ni enseña. No podemos evaluar o definir lo que carece de referencia previa.
Sin expectativas, sin reseñas, prefiero esta ignorancia eterna. En mi vida, el presente continuo seguirá marcando las diferencias.
Un nuevo paseo
Pasear. Ir andando por un lugar como distracción, ejercicio. A paseo, manifestar el desagrado o desaprobación de lo que alguien propone, dice o hace. Deambulamos en compañía con incómoda, errática soledad.
No hay camino sin caminante ni acompañante sin magia. Distancia, en pasos o palabras, que se disfraza entre las pausas que me devuelven tu mirada. Son más que pisadas, redobles de suelas, ecos de huellas. Escribamos en cada senda nuestra propia y única leyenda.
Partir, emprender, caminar. A cada metro vaciar los recuerdos que aferrados al tiempo no quieren marchar. Inesperados, improvisados encuentros entre risas arropan furtivos tropiezos, momentos perdidos, casualidad. Una fingida nostalgia despide al pasado que ya queda atrás.
Pasear por entre las calles los fragmentos de vida que van dibujando autobiografías. Avanzar sin rumbo aparente, sin fijar el destino o limitar objetivo. Ser brújula, no veleta, diferenciar la rosa y el viento, que sea el aroma de cada momento el que permita orientarnos de sensaciones.
El camino sólo se torna paseo cuando los deseos compartidos marcan la vía. Entre séquitos de apatía, el próximo límite, un nuevo paseo.








