Al revés
Escribir espacios. Que caduquen los textos. Preguntar respuestas. Impacientar la espera.
Orquestar silencios. Enmudecer conceptos. Instrumentar el viento sin aliento con el virtuosismo de la calma. Saber que hubo otra vez. El concertista que no se deja ver.
Mirar al frente y sentir que el suelo nunca gira a nuestros pies. Que nosotros jamás seamos pareja mientras no haya pares de tres. Sin duda, no lo conté, nunca lo fue. Al volver la vista atrás, confundir desear con obtener.
Que tan sólo seamos trazos de papel dibujando en otro cuerpo, otra carne, mi piel. Olvidar tratados tiznados de sangre que vi recorrer en nosotros, pero no en él. No conozco quién es.
De nuevo mis próximos metros se medirán tan sólo como yo sé. No lo tengáis en cuenta. Todo sería más simple con un mundo, nuestro mundo, al revés.
Ceguera
Oscuridad. Falta de luz que dificulta la percepción de las cosas. En lo escrito o hablado, que dificulta la comprensión de algo que se comunica. Falta de claridad mental por escasez de inteligencia, por confusión de las ideas.
De poco sirve remendar la brecha cuando la arena se echa en el lugar equivocado. Entre la mente y el suelo, demasiadas heridas en tan vasto terreno. Ser grieta en la zanja o fisura en la idea. El sentido común va quedando expuesto. Las verdaderas barreras no se alzan en pavimento.
El iluminador, quizá iluminado, no calcula superficies o vatios sino perfiles, mensajes programados. Destello, brillo extinguido. Hay distancias que no se miden salvo en pactos. Nuevos tratados, los nuestros, entre grises y negros vamos firmando. Si todos estamos suscritos no tiene sentido que sean juzgados. Somos testigos implicados.
Un reparto de beneficios que no conoce beneficiarios. Dividir el mundo, trocearlo en partes, sentido de pertenencia que impregna fronteras. Preguntar qué tanto influyen las proporciones entre quienes aportan o los que miran, entre legítimos digitales o analógicos de toda la vida. Respuesta anodina. En lugar de situar sobre el mapa, ahora señalamos en la infografía.
La opacidad nubla el foco, distorsionando el juicio propio. Curioso dilema, el desvirtuado protagonismo lo distinguimos como necesario. Mientras seguiré pensando que no hay amanecer sin invitación para contemplarlo.
Turista
Pausa. Breve interrupción de un movimiento, proceso, acción. Tardanza, lentitud. Un silencio de pentagrama que en cada frase va rompiendo las letras. Distancia, el símbolo que lo representa.
Pasan días, semanas, meses, agujas que golpean relojes de otros. Mi calendario se va poblando al son de persianas metálicas. Secuencias programadas, orquestadas, de los comercios que no descansan. Voces que suenan resquebrajadas adornan cuerpos estáticos al otro lado de la ventana. Sedentarios, predecibles, necesarios.
Recuerdo árbol, presencia, sonido. Sin nadie que escuche el crujido, los bosques siguen cayendo sin saber el motivo. Ausencia forzada, quizá deseada. Cada día observadores de ruido perfeccionan el escapismo en cada cultivo. Errantes del árbol caído, falsos nómadas usurpando otros sitios.
Sin saber el próximo destino, no hago maletas ni preparo equipajes. Alternando caminos preferidos, siempre dispuesto para un nuevo viaje. Si me viese facturando ilusiones, sin duda más que una ayuda, sería todo un lastre. Lo puesto, necesario bagaje. Visitante, peregrino, turista de los sentidos.
En lugar de aparecer en cada foto, prefiero poder contemplar las de otros. Saber que hay huellas que se dejan sin presencia, con la ausencia. El abuso de la voz propia impide apreciar el silencio melodioso. Seguiré viajando, contemplando en cada posada el turismo de las palabras.
Hogar
Llegar. Alcanzar el fin o término de un desplazamiento. Durar hasta un tiempo determinado. Conseguir, ascender, lograr. Entrar a casa, resistirse a marchar.
Un día más, la meta resuena a madera hueca. Las puertas de lo social se tambalean entre nudillos golpeando en cada morada. En la mirilla, ojos difuminados. Tras su sombra, nada. Voces que responden pero no invitan a pasar.
Una propiedad que hipoteca nuestra forma de actuar acaba transformando lo posible en realidad. Metamorfosis digital. Ser dueños de una parcela que entre alambradas separe palabras ajenas. El criterio diferente acaba mudo, indiferente.
Añoranza derramada entre las losas binarias. Tablero de un juego que colorea cada estancia. Nuestra instancia. Mientras seguimos buscando un hogar, habitamos sin más. Sólo patios, parques, plazas. No nos dejan entrar.
Recorrido el círculo, vuelta al punto inicial. Agotados los caminos, su identidad quedó atrás, en el zaguán.







