José Luis Gato
25Ene/10

Aprendiendo a opinar

Opinar

Fotografía: Víctor Nuno

Crítica. Usamos diferentes términos para suavizar la censura, el juicio impropio, el dulce reproche. Entre comentarios y apreciaciones, reprobamos lo ajeno. Si no lo comparto, lo condeno.

Un señor con bata blanca, perdón, quise decir facultativo,  se molestó por mi definición particular de una anormal sensación.  Parestesia. Sólo un insensato como yo podría demostrar semejante atrevimiento, usando el término correcto que aparece en diccionario. Su contestación fue tal que así: “¿Eres médico? Entonces no uses terminología médica”. De acuerdo, debería haber usado algo más sencillo, hormigueo,  adormecimiento, en ningún caso hacer gala de mis limitados conocimientos.

En cierta forma a todos nos molesta el intrusismo mental. Esto es, nadie tiene "derecho a opinar" sobre lo que consideramos fuera de su ámbito de competencia. No aceptamos que detrás de una mesa de oficinista se puedan esconder consejos a emprendedores. Ni por supuesto que un "simple" peón compare su esfuerzo con el de un directivo. ¿Ellos qué sabrán?

Esto no sólo se aplica al terreno profesional, es más bien algo personal. Siempre es personal. Me gustan los debates, las críticas, poner a prueba mi capacidad de respuesta. En ningún caso para demostrar, sino para tomar conciencia. Sin embargo esta ambivalencia me ha permitido exhibir que mi conocimiento está sujeto al criterio de los demás.

Es la primera vez que me cuestiono los motivos que me llevan a opinar. Hasta hoy, estaba fuera de mis competencias razonadas. Todos tenemos la capacidad de opinar, no así su potestad. Cambiaré el discurso, tornaré los hábitos, lo plural es ahora singular. “¿Yo qué sabré?” me preguntaré antes de sentenciar.

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Comentarios (24) Trackbacks (38)
  1. Miedo y más que miedo. Miedo a que otro sepa más que tú. Así uno se rebaja en lugar ir hacia lo alto

  2. Parece mentira, pero realmente es así. A menudo se confunde intrusismo profesional con otros conceptos. Cada día me gustan más tus escritos de opinión.

  3. Lo que más gracia me hace de esa frase que citas es que alguien se crea en poder de, con un simple comentario, sentar cátedra y prohibir el uso a alguien de una palabra. Hay que ser, con perdón, gilipollas. Y ahora, si me lee, que me critique a mí.

  4. Sin ánimo de ofender, una cosa es opinar y otra decir bobadas y en determinados puestos hay que oir muchas y además mantener la compostura para no estallar en una sonora carcajada.

  5. Qué absurdo, según esa lógica si no eres ebanista no podrías opinar de muebles y si no eres publicista no podrías opinar sobre un slogan, y si no eres político no deberías usar terminología política, etc… ¡Viva la libertad de expresión!

  6. Hola Olivier,

    Ese miedo del que ya hablamos en su día, el que te impide crecer, el que se muestra en forma de arrogancia. Siempre estamos a tiempo de corregirlo. O eso espero. ;-)

    Un abrazo!

  7. Hola Josep,

    Lo que más me llama la atención es que se produce dentro y fuera del ámbito profesional. Es prácticamente instintivo. Algo que creo que al menos en mi caso, debería cambiar. :)

    Un abrazo y muchas gracias!

  8. Hola Javier,

    En ese momento, simplemente te hace gracia. Por una razón simple: dos desconocidos hablando. El primero está identificado. El segundo no, por tanto no es más que populacho. Para el primero existe una jerarquía. Para el segundo, una situación cómica. Prefiero verlo así :)

    Un abrazo!

  9. Hola Ángela,

    A veces aparentamos ser absurdos. Incluso lo somos en muchas ocasiones. Tanto, que intentamos proyectar ese “ridículo” limitando las exposiciones ajenas. No vaya a ser que como dice Olivier, alguien sepa más que nosotros. :)

    Un abrazo!

  10. Hola Dr. House,

    Como Greg me suena demasiado formal, usaré José Luis, si no te importa para referirme a ti. Las opiniones, para el emisor, siempre son válidas. Calificarla como bobada, siempre dependerá del receptor. Tanto de su capacidad para empatizar como para evaluar la situación. No tengas gustos musicales, no opines sobre una canción en concreto, si no eres al menos compositor. Sería, siguiendo ese patrón, una necedad, una bobada. Bien diferente es que como anécdota, te pueda alegrar una mañana sin necesidad de ridiculizar a nadie.

    Un abrazo

  11. Siguiendo ese patrón el facultativo no podría opinar sobre terminología (a no ser que fuera también lingüista). Cierto es que la ignorancia es atrevida y a veces decimos grandes tonterías por hacer afirmaciones precipitadas sobre lo que desconocemos, pero de ahí a erigirse en propietarios del vocabulario hay un trecho.

    Espero que a nadie se le ocurra poner otro cánon por el uso de ciertos términos ;)

    ¡Saludos!

  12. Buenas noches D. José Luis, usted como siempre alentando la discusión y el intercambio de ideas… es de las cosas que más me atraen de su blog.

    Uno, que es profesor de nada y aprendiz de todo, se encuentra en sus aulas con las más disparatadas opiniones, y a veces, hasta sentenciado sin posibilidad de replica. Esto puede parecer incomodo e incluso molesto para el resto de la clase. Y sin embargo, yo aliento la opinión y la sentencia, ya que gracias a ellas puedo entender por dónde va el alumno, pese a que no quiera preguntarme sus dudas. Suele ser una buena manera de ver lo que de verdad han entendido.

    Ahora bien, tu planteas otro caso distinto al de las clases: el de los profesionales de la medicina, los cuales tratan con todo tipo de personas, y deben ayudarlas.

    Dado mi natural optimismo, quiero pensar que se tratará de un caso aislado. En todo caso, comparto lo expuesto en otros comentarios, creo que se trata de miedos a perder parte de nuestra “dignidad”.

    Esa dignidad que es ficticia, producto de un titulo (difícil de alcanzar sin duda) no se puede sostener con esas respuestas, más bien se deteriora.

    Al contrario, mi ideal de médico, es el humanista, aquel que le da más importancia a la escucha activa del paciente que a la productividad del número de ellos vistos. Aquel que valora el ser humano, antes que el enfermo. Yo creo que sabes a quien me refiero…

    Un abrazo y encantado de leerte

    @pedro_romero

  13. A veces las grandes tonterias, te hacen pensar y eso, es bueno.
    De mi han dependido más de 30 personas, me encanta la gente que te da su opinión, aunque no estés de acuerdo ni tomes la decisión que ellos te indican, pero …. se lo agradecí siempre, porque no sabría lo que sé sin ellos, esos osados “replicones” …. hace poco perdí uno, juro que lo echo de menos con toda mi alma.

  14. No entiendo nada. Si la palabra estaba bien utilizada, como puede venir nadie a decirte como tienes que escribir ó hablar. Igual tengo la mente parestésica perdida.

  15. Hola Pedro,

    Coincido contigo, “Esa dignidad que es ficticia, producto de un titulo (…)” no puede ser más que un escudo tallado a base de soberbia. Creo que deberíamos alejarnos de nuestras respectivas profesiones, ser un poco más generalistas, en ningún caso olvidar que una conversación se produce entre personas, independientemente del medio usado. No me gustó nunca aquello de “la excepción que confirma la regla”, ni cuando me sirve para “justificarme” en algunas de mis acciones.

    La reflexión que para mí se ha presentado esta misma mañana no ha sido otra que: “¿Realmente existe persona con suficiente poder, autoridad moral o conocimiento que pueda juzgar el pensamiento ajeno, la opinión?” No seré yo esa persona, desde luego. Rebatiré, intentaré provocar el debate, mediante el diálogo, sin manipulación mía o de otros. La que es mi verdad ahora no es inmutable. De hecho, mi objetivo es siempre enriquecerla. Porque puede ser todo menos “una verdad”.

    Un fuerte abrazo y gracias!

  16. Hola Juana,

    Una opinión no es más que un momento hecho palabra. Y quiero vivir de la suma de todas ellas. Las que se fueron y las que están por venir. No hay suficiente tiempo en este mundo para agradecer cada una de esas opiniones, esas réplicas, que hoy me permiten no sentenciar, pero si firmar, este, mi presente.

    Un abrazo y muchas gracias

  17. Hola Chicho,

    Podríamos formar desde luego un buen grupo de parestésicos mentales. De hecho, hasta me gusta el nombre. Sin embargo, muy a mi pesar, creo que después de leerte, no cumplirías los requisitos mínimos para poder formar parte principal. Mejor le quitamos el sufijo -para y lo dejamos en estesia, sensación. Nunca me gustaron las asociaciones masivas. :)

    Gracias y un abrazo!

  18. Por supuesto que todos tenemos el derecho a opinar… ¡faltaría más! mientras se haga con respeto. Cuántas enseñanzas se pueden aprender de personas de personas aparentemente poco instruidas. Hay que tener los oidos siempre abiertos para ir recogiendo las perlas que te regalan los demás.
    Como siempre muy bueno el post, y perdón por opinar ¿yo que sabré? ;-)

  19. Discrepo. Se sabe lo que se sabe -cada día más-, y opinamos basándonos en ello -le pese a quien le pese-. Tenemos, pues, potestad para opinar dentro de nuestra capacidad, es decir, de los conocimientos adquiridos, y derecho a utilizar los términos que creamos oportunos para expresarnos -sobre todo si tenemos en cuenta a quién los dirigimos-.

    Sería ridículo, por ejemplo, que un Arquitecto se molestara porque le hablemos de paramentos verticales o de la cota 0, como también lo sería que utilizáramos los mismos términos con la vecina octogenaria de la casa del pueblo -y no por ser vecina, u octogenaria, sino porque la conocemos-.

    A lo que no tendríamos derecho es a decir al Arquitecto cómo ha de calcular el proyecto, o, al médico, cuál ha de ser su diagnóstico, pero a opinar dentro de nuestra capacidad… siempre tendremos derecho.

    Respecto a lo que leo más arriba sobre “miedo a perder su dignidad”, tampoco estoy de acuerdo. La dignidad no la otorga un título -esa asignatura sólo se imparte en la escuela de la vida-. Creo, más bien, que es miedo a perder “su estatus” social y profesional -o mejor dicho, el estatus que esa persona piensa le otorga el título y la utilización de determinada terminología-.

    Ese doctor -sigamos con el ejemplo- sería una persona digna -y más en una profesión como es la suya- si, utilizado el término correctamente, lo confirma e incluso amplía información al respecto; y más digna aún si, habiéndonos equivocado en su uso, nos explica cuál sería su correcta utilización, señalándonos la diferencia respecto a los síntomas que padecemos.

    Espero que ahora sí me haya hecho entender : )

    Un saludo.

  20. Hola Carmen,

    Esa es la clave, el respeto, nadie debería privarnos de lo que nos permite crecer todos los días un poco más si cabe. No hay personas poco instruidas, hay oídos poco entrenados. ;-)

    Muchas gracias y un saludo! :)

  21. Hola MorgannaF,

    No soy lingüista, ni creo que la RAE tenga siempre razón. Pero permíteme que la use “en mi favor”. Crítica, censura, reprobación, detracción y otros tantos términos más tienen algo en común con opinión: “Dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable”. Tener potestad es tener dominio, poder, jurisdicción o facultad sobre algo. Por tanto es algo contradictorio afirmar que tenemos pleno derecho a “opinar” salvo cuando opinamos, emitimos nuestro propio juicio sobre algo “cuestionable” como la forma de proceder de los demás. Es más, comentas que debemos tener en cuenta a quién nos dirigimos. Existen las variedades sociales de la lengua, diastráticas y diafásicas. Basándome en este ámbito en concreto en el que “parece” que gira el post, he encontrado algo cuanto menos, significativo: APUNTES SOBRE VARIEDADES DIAFÁSICAS, DIASTRÁTICAS Y DIATÓPICAS EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL. Etimologías griegas y algún comentario clásico.

    Por otra parte, la dignidad también se define como la “Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”. Es más, guardar el decoro es “Comportarse con arreglo a la propia condición social”. Claro que existe ese miedo a perder ese estatus, esa condición social, esa “dignidad“.

    Jugar con las definiciones, con sus acepciones, con las palabras al fin y al cabo, es lo que a mí, personalmente, me ofrece mayor libertad a la hora de reflexionar. No cuestiono la “dignidad” de nadie, por poca ética y profesionalidad que creo haya demostrado, esto ha sido un breve resumen, hay más, siempre hay más. :)

    Cada “pequeño post” tiene un trasfondo como este, sería capaz de originar un debate por sí mismo mucho mayor que el original. No hablo de usar un “término” en concreto, eso está al alcance de todos. Cuestiono mi “verdadero poder”, no el de otros, para juzgar o prejuzgar el derecho a opinar. En nuestro día a día parece que defendemos a capa y espada todos nuestros derechos. Se nos escapan las “obligaciones”, que también las hay. No sólo son éticas o morales, cada cual tiene las suyas, eso es lo enriquecedor, lo que origina el diálogo “sano”. En mi caso me he visto con la “obligación” de pensar dos veces antes de emitir ninguna sentencia definitiva sobre el qué o el cómo deben hacer los demás. No es una cuestión profesional. Nunca lo es. Como sujetos que somos, siempre seremos subjetivos.

    A veces pensar en voz alta, como en este caso, origina nuevos planteamientos. No hay nada que me guste más que esto. :)

    Muchas gracias por enriquecer, por prestar tu tiempo y por opinar. Con todo el derecho del mundo ;-)

  22. Hola de nuevo, José Luis:

    No termino de entender dónde se supone que digo “que tenemos pleno derecho a “opinar” salvo cuando opinamos” -algo totalmente contradictorio, sí.

    Pienso que todos tenemos “potestad” para ejercer el derecho a expresar nuestra opinión -siempre dentro de los conocimientos que tengamos respecto al hecho concreto sobre el que se opine (opinar, además, no siempre es sinónimo de crítica, censura o reprobación), y a expresarnos como creamos más oportuno dependiendo de nuestro interlocutor.

    Por otra parte, para mí, la dignidad, tiene que ver más con el individuo que con su condición social -un excelente cirujano puede no ser una persona digna, y serlo, por poner un ejemplo, el pescadero de la esquina-.

    Dudo que un facultativo (ése facultativo) piense que pierde el “decoro” por permitir que su paciente utilice términos médicos. Si no lo acepta es porque no se ponga “a su nivel” (o estatus social), y aún así, yo me siento incapaz de juzgarle.

  23. Hola José Luis!!

    Todos podemos opinar de algo (libertad de expresión, no?) y todos nos podemos equivocar… la primera yo;
    Igual que admito mis errores, admito las críticas (positivas y negativas) y si digo o hago algo mal, agradezco que se me dé un opinión distinta… el diálogo entre personas nos enriquece, aprendemos y crecemos!!

    Bs

  24. Hola Carol,

    No es que podamos, en realidad “debemos”. Sólo con las discusiones, los debates, el enfrentamiento de opiniones se puede llegar a ciertas conclusiones. Reconocer los errores a fin de cuentas, es opinar sobre uno mismo. Y hasta en voz baja es productivo, o al menos, eso pienso ;-)

    Un abrazo!


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