José Luis Gato
26Ene/10

Última versión

Versión

Fotografía: Víctor Nuno

Innovación. Incrementamos una cifra, un dígito, un número. Una nueva definición. Las unidades aportan valor numérico, no valor innovador.

Alterar las cosas introduciendo novedades. Juguemos a innovar. Recomponer todas las palabras de esta entrada de forma aleatoria.  Al resultado, aplicarle una traducción. Cualquier lengua muerta para un propósito innovador. Cuanta más complicación, mejor. Convertir en secuencia de video el post. Prepararlo para cualquier técnica de visualización, añadir el reconocimiento de objetos y la visión por computador. No aportará valor añadido, pero sí invención. Esto no es innovación.

Innovar de forma radical o incremental. Intentamos delimitar, clasificar, ordenar, darle un sentido a cada concepto. Confundimos innovación con percepción: “Si es nuevo, es mejor”. Común a todo universo, dospuntocero o no.  En cada modelo, una versión. Más pulgadas, mayor cilindrada, menos consumo, menor emisión. Cuantificar lo novedoso de las versiones, pero nunca la innovación.

Saber donde está el suelo no implica acotar el techo. En mi particular visión, el suelo es ahora. No necesito más información. Construir desde cero, comenzar desde cien. La innovación es un proceso que simplifica la suma de conceptos y a su vez, aporta valor. Intangible, como la perfección.

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16Ene/10

El espejo digital

Espejo

Fotografía: Víctor Nuno

Sorpresa. Cada mañana este improvisado escritorio despierta al menos una nueva idea. Una mesa desplegable que casi no se sostiene y que mantiene un cierto parecido a la madera es más que suficiente para albergar los recuerdos de la noche y transformarlos en palabras.

Las redes sociales están formadas por personas, son relacionales. Parece que se nos olvida que en este caso “estar formado por” coincide con “estar creado por”. Hagamos lo que hagamos, por más criterios objetivos que pretendamos tener, siempre plasmaremos una parte de nosotros. Bien diferente es que reneguemos de todo aquello mancillado con nuestro afán de protagonismo, con nuestras afinidades personales, con nuestros gustos, criterios, principios, valores, ideas o ausencia de ellas. En otras palabras, puede que algún día dejemos de ser personas.

Sólo trato de ser coherente. No le puedo dar más importancia al mundo de la que tiene. Escucho y valoro todas y cada una de las opiniones. En ningún caso implica que necesariamente tenga que perderme entre horas, debates y reflexiones. Estos conflictos son ineludibles, los únicos que nos enriquecen. Si tuvieramos todas las respuestas, mi mente estaría ya muerta.

Hablo del valor de las ideas, de la transparencia, del "nuestro" en vez del "mío". Pero todo englobado en un dominio que curiosamente lleva mi nombre. Dudar de todo el que hace algo parecido sería cuestionarme a mí mismo. Todos sois mis influyentes. Aislarme de vuestros criterios es  menospreciar la capacidad para elegir, rebatir o contrastar. Y no guardo en ningun cajón inyecciones de autoestima. Desconfiar de mis propias convicciones creo que es un bien necesario, pero no para que se convierta en una insípida rutina o en un ejercicio diario.

Sorpresa ante temer decir la verdad o negar la realidad. A veces, sorpresas gratas. Todo es susceptible de mejora, incluida nuestra sociedad, la misma que, desde hace tiempo, también es digital.

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11Ene/10

Apreciando cada ruido

Café

Fotografía: Víctor Nuno

Estudios, estadística, probabilidades, cálculo, variables. Hasta lo aleatorio necesita ser clasificado. Ruido blanco, ruido gris, ruido rosa. Coloreamos lo azaroso.

Por alguna razón siempre evité prestar especial atención a aquellos estudios que pretenden, con la mejor de las intenciones, arrojar verdades sobre los comportamientos, las utilidades y los hábitos. Esos datos, son sólo números. Que nadie me malinterprete, no los estoy menospreciando. Pero al igual que a un hipocondriaco no se le aconseja leer los prospectos de los medicamentos, no quiero que mi escaso conocimiento se vea condicionado por los comportamientos de unos y otros.

Ojeo los datos que van ofreciendo diferentes estudios sobre la información que aparece en Twitter. Observo, contemplo, pero nada más. No cuestiono su veracidad o el trabajo de fondo que dejan atrás. Pero en mi vida real, no tengo tantos por cientos de amigos. Ni coeficientes o constantes de creatividad.

Ahora toca el turno del ruido. Sí, lo interesante y lo que no. Lo prescindible,  lo que no aporta, es el ruido en la comunicación. Un "Buenos días" no genera valor. Un cambio de estado o una contestación, se compara a una sala de chat. Para los estudios, esto es insustancial. Esta no es mi realidad. Hace un rato publiqué "¿Alguien quiere un café?". El teléfono sonó. Una interesante conversación que comenzaba con "¿José Luis? Delicioso ese café".

Muchos echamos de menos los vinilos, su presentación, su sonido. Cuando la aguja caía sobre el plato, comenzaba el ruido. Ruido blanco. No sólo los puristas son nostálgicos. Ruido, más ruido.

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4Ene/10

Cuando nadie te ve

Curiosidad

Fotografía: Víctor Nuno

Parece que han quedado atrás esos años en los que tras un nick, había una máscara. Pseudónimos anónimos. Los comentarios se vestían de secretismo y sólo nuestra imaginación podía ponerles cara.

Recuerdo con una sonrisa una de las muchas anécdotas que me pasaron entre fantasías y páginas. Conocer a alguien en Internet era una novedad, los primeros pasos en la red para muchos transcurrían en los chats. Nada más lejos de la realidad, una estudiante de primero de periodismo comenzó a charlar conmigo, lo que se convirtió en un hábito. Habría pasado un año o así cuando ya conocía su día a día, sus anécdotas, sus miedos, pasiones y locuras.  Nunca me preocupó la apariencia que tendría. Una voz con nombre hecha palabra. Fue entonces cuando desaparecí sin avisar, sin darle mayor gravedad que la normal. ¿A quién le iba a importar?

Me equivoqué. Siempre dejas una huella digital, por minúscula que sea. Dos años después, entre dudas y remordimientos, me confesó un terrible secreto. Todo este tiempo había usurpado la identidad de su hija, tanto su día a día como los sentimientos, aquellos que traicionó al transmitirlos a un extraño, a un ajeno. Lo que empezó siendo un simple juego había ocupado un espacio, si bien pequeño, en algún lugar de sus recuerdos. Se despertaba el miedo. Al rechazo, a la mentira, a la edad, a su otra vida.

Hoy tras cada usuario, suele haber un avatar, un rostro, un rastro. Los perfiles en  muchos casos son públicos y nos preocupa la privacidad, nuestra marca personal, nuestra vida, el qué dirán. Lo que en otro momento era parte de nuestro peculiar teatro, ahora se escenifica a nivel mundial.

Esto, como siempre, me hace pensar. Al exponer nuestra identidad nos condicionamos de tal forma que es difícil sino imposible diferenciar entre lo que alguien quiere que se sepa y la verdad. Si bien podemos "limpiar" nuestro rastro en Internet haciendo uso de los "Estilistas 2.0" (gestores de reputación online) , con el real time esto se empieza a complicar. Al final, las llamadas buenas maneras, las interacciones, la moderación de nuestra palabras, se convertirán en algo habitual. Aunque siempre podamos nombrar la falsedad de los demás, nos cuidaremos de no hacerlo en público, sólo en nuestra intimidad. A medida que la identidad digital vaya cobrando más valor, que siga creciendo a este ritmo,  lo veremos como algo normal. Quién sabe, quizás sea nuestro legado digital. Sería curioso que Internet educara lo que otros no han podido enseñar.

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3Ene/10

El sexo de los ángeles

ángel

Fotografía: Laura Burlton

Hará una semana o así, le preguntaba a Sara de Comunicatelo sobre qué tema podría escribir. Su contestación fue entre bromas “Sobre el sexo de los ángeles”. Hecho, el título lo confirma. Por otro lado, hace unos minutos charlaba con Paco Traver sobre mi peculiar proceso de asociación: “Los conceptos siempre andan colgados de ciertas etiquetas, es así como funciona la memoria asociativa”. Andrógino, ángeles, ideas, inspiración. Es una breve transcripción de mi memoria asociativa.

Cuando usamos la expresión “hablar sobre el sexo de los ángeles” nos referimos a una controversia baldía, intempestiva o demasiado sutil. Sin embargo, considero que los debates, las discusiones y las charlas que presencio cada día en la red bien son interesantes, o bien suelen despertar mi curiosidad. Tanto que no reparo en la mayoría de  las veces quién las inicia. Primero la información. Luego el ángel (Del lat. angĕlus, y este del gr. ἄγγελος, mensajero).

Las ideas son andróginas. No tienen sexo ni género. Son inmateriales. Como los ángeles. Hasta ahora no me había percatado de algo tan simple y tan evidente. La tolerancia en Twitter. No he visto menospreciar o rechazar ninguna idea ni frase en base a las creencias, la raza o el sexo del emisor. Quizá sea una nueva etapa o un periodo de transición al que todos nos estamos acercando sin reparar en ello. Mejor empezar hoy.

La inspiración no viene cuando el aire penetra en tus pulmones, es cuando oxigena tus ideas. Puede que me equivoque en esta reflexión, que no sea todo del color del que lo pinto, que únicamente haya coincidido de tal manera que lo perciba y lo asocie de esta forma. También entiendo que no soy objetivo, ya que uso más horas Twitter que ninguna otra herramienta o red social, he ahí el motivo por el que insisto tanto en las virtudes o posibilidades que voy encontrando. Sea como sea, al menos yo lo he etiquetado así, lo he conceptualizado de esta manera. Espero no ser el único.

En el fondo, no escribo sobre el mismo tema porque le dedique más tiempo. Le brindo más tiempo por los beneficios que me dedica. Como decía José Bergamín: "Si me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto".

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