El día que seguí a un Follower
Para todo y para todos, el tiempo siempre transcurre a un ritmo de 60 segundos por minuto. Ese es el tiempo estimado para seguir a alguien en Twitter. Una breve biografía que no ocupa más de un párrafo a modo de introducción es para mí más que suficiente para la primera impresión.
Sin querer ofender a nadie, la verdad es que he prescindido de los manuales que establecen las pautas para conseguir miles de seguidores, así como las páginas y las aplicaciones que automatizan estos procesos, ya que no me aportan lo esencial.
Creo que no cuesta ningún trabajo dedicar parte de nuestro tiempo a conocer mejor a cada nuevo seguidor, leer su introducción, acceder a su perfil o a su página y tener un primer acercamiento mandando un simple mensaje de agradecimiento. No es que sea una norma, pero a mi juicio, las redes las componen personas, así que tenemos que actuar como tales. La tecnología es útil, pero sumamente fría, tratemos de humanizarla.
Esto es tan válido tanto para quien tiene un follower como diez mil. Cada cual puede gestionar sus contactos como buenamente crea, tener una relación 1 a 100 si considera que no puede estar atento a todo, pero que nadie se lleve a engaño, hay muchas formas de optimizar la productividad en Twitter, un ejemplo es este post de J.M. Bolivar. Incluso se puede rizar el rizo, otorgando mayor o menor importancia a lo que estimemos oportuno en los ajustes de las llamadas a la API de Twitter.
Es complicado saber lo que alguien nos puede aportar si no lo experimentamos por nosotros mismos. De hecho, una vez que entras en esta dinámica en la que conoces a tus seguidores y ellos te conocen a ti, se multiplican las probabilidades de que acabes encontrando más contactos de tu interés. No es una estrategia en sí, es sentido común. Cuanto más te conozcan, más hablarán de ti, cuanto más hablen de ti, más se interesarán por lo que digas o calles. En cualquiera de los casos, siempre estás a tiempo de hacer algo "tan terrible" para muchos como un "unfollow". Ni nadie está obigado a leerte ni tu autoestima se calcula en base a retuits+followers.
El día que aprendí a seguir a un follower descubrí que se pueden crear vínculos entre desconocidos, que no existe persona por desconocida que sea que no pueda aportar, que esas "arrobas" que preceden a los pseudónimos no se asocian sólo a un nombre, sino a una persona con la cual puedes llevarte horas y horas hablando, que todo el mundo agradece un reconocimiento, un buenos días o un "ahora lo miro".
"No deja de ser humillante para una persona de ingenio, saber que no hay tonto que no le pueda enseñar algo". (Jean Baptiste Say)
Adicto a 140 caracteres
Siempre habrá detalles que escapen a nuestra razón. Evitamos pensar en ellos, los esquivamos en cierta forma, ya sea por no romper esa magia o por no sentirnos unos completos ignorantes. Pero cada día que pasa crece mi analfabetismo punto cero, se hace más latente, no encuentro la forma de plasmar este mundo digital en mi mente analógica.
Para expresarnos en Twitter tenemos a lo sumo ciento cuarenta caracteres, no entiendo cómo se necesitan cientos de páginas o miles de palabras para intentar definir qué es, qué nos aporta. Y no tengo la respuesta, ni jamás la tendré.
Una biografía no puede sintetizar una vida sin perder aquellos detalles que sólo el protagonista podría definir, al igual que sus minúsculas pinceladas son las que hacen de esa historia algo único, irrepetible. Como lo es cada Tweet, por frío que pueda parecer. Un simple enlace o dos palabras sin sentido son más que suficientes como para crear una nueva percepción, cambiar el orden de aquello que estábamos pensando, despertar una nueva curiosidad, incitar a responder o a difundir.
Por lo tanto, quizá se pueda describir qué funcionalidad tiene una aplicación en unos pocos párrafos, pero no así el impacto tiene sobre cada uno de nosotros, los que lo usamos y los que ni siquiera saben de su existencia. No lo voy a negar, me he vuelto adicto a Twitter por enseñarme, entre otras cosas, que:
“Tras cada palabra no se esconde una persona, en cada línea se presenta de una forma diferente”.
“Ciento cuarenta caracteres son más que suficientes para alegrar un día”.
“No todo el que responde o colabora tiene afán de protagonismo, simplemente está aquí y ahora”.
“El pasado, presente y futuro cobra un valor bien diferente cuando viene arropado por otros”.
“No es extraño querer saber de todo, lo extraño es creer saberlo todo”.
Podría hacer una lista interminable, pero siempre habrá detalles que escapen a nuestra razón.
¿Cuál es la tuya?
En dos semanas
No sé cómo había podido vivir antes sin Spotify, sin Google Wave o sin usar mi móvil para aumentar la realidad. ¡Como si fuera necesario aumentarla más!

Dos semanas es el tiempo que he necesitado para darme cuenta de que todo ha cambiado en mi ausencia. Creía que tras un año desprovisto del manto digital que siempre me había envuelto me sentiría aún más ignorante, más perdido que nunca. Pero no, no ha sido así.
No concibo una nueva etapa en la que innovar sea más sencillo que percibir, una nueva era de la información que promueve la cooperación y el trabajo en equipo mientras, al mismo tiempo, se marcan unas jerarquías insalvables para muchos. Es posible que tanta red social, tanta marca personal y tanto deseo de destacar haya desbancado a uno de los principios fundamentales de la sofisticación: la simplicidad, como hace siglos apuntaba Leonardo Da Vinci.
Cuando leo entradas del tipo “Las 100 aplicaciones imprescindibles para Twitter” o “Consejos para sacarle el máximo partido a las Redes Sociales” empiezo a preocuparme. La tecnología por sí sola no aporta nada, no me cansaré de repetirlo, sobre todo cuando ves que la dinámica actual presenta una curva de aprendizaje mucho mayor día tras día.
Lo que eran herramientas de utilidad se han convertido en disciplinas, con todo lo que ello conlleva. Los “consejos de los expertos” llegan a diferir tanto los unos de los otros que realmente llego a dudar si estarán hablando sobre el mismo tema. Las aplicaciones “para hacer más cómoda tu vida” o “para sacar el máximo rendimiento” se multiplican cada día. Por pura probabilidad, algo de todo esto tiene que ser cierto. El problema es cómo puede llegar a influenciarnos. Si bien todo el mundo es libre de elegir qué usar y cómo hacerlo, hay un porcentaje importante de personas que “están empezando” y/o son fácilmente sugestionables.
Hay desconocidos que pueden aportar mucho más que aquellos que tienen 10.000 seguidores o fans, y sin embargo, por haber llegado tarde, ahora tienen mucho más complicado no sólo posicionarse, sino compartir sus ideas y generar conocimiento, ya que parece que en cierta forma se está imponiendo un “feudalismo digital” donde sólo se da la posibilidad de acceso a la nobleza a quienes lo merezcan por méritos.
Escuchar, compartir, participar, dialogar, son términos que irán perdiendo valor si no reforzamos su significado. La verdadera innovación se encuentra detrás de todos y cada uno de nosotros, no está en manos de ninguna compañía ni patentada por terceros.
Quizá el problema es que yo sea un iluso y sólo esperase, después de un año, encontrar una realidad ajustada.
Lo más comentado
- Sólo una palabra (90)
- Una historia dospuntocero (83)
- Simplificando (83)
- Auténtico (78)
- El tendero siempre fue 2.0 (72)
- Sigue (69)
Post Recientes
Últimos Comentarios
- Melissa en Bajo mi piel
- Esther en Auténtico
- Goefry en Simulacro
- juankar hernandez en Simulacro
- José Luis Gato en Simulacro
- Borja De Diego en Simulacro
Sígueme en:
Blogs que suelo leer
- Amb lletra de pal
- Ana Sequea
- conGestión de personas
- Cumclavis blog
- El blog de David Soler
- Goefry en la luna
- Nuevas habilidades directivas 2.0
- Óptima Infinito – José Miguel Bolivar
- Reflexiones de un Idiota
- Yoriento
Nube de etiquetas
Archivos
- octubre 2011 (1)
- julio 2011 (2)
- enero 2011 (1)
- octubre 2010 (1)
- septiembre 2010 (4)
- agosto 2010 (2)
- julio 2010 (1)
- junio 2010 (7)
- mayo 2010 (9)
- abril 2010 (11)
- marzo 2010 (5)
- febrero 2010 (15)
- enero 2010 (27)
- diciembre 2009 (8)





