Juntos
Unido, cercano, que actúa o existe con otra persona al mismo tiempo que ella. Cerca, arrimado, en compañía, a tu lado.
Juntos porque mi corazón entiende que sin nadie es también sin nada. Porque sabe que decir un te quiero no se limita a unir dos palabras, es compartir una mirada, la de tus ojos, la de mi alma. Juntar deseo con necesidad, compartir puede, seguro y quizás no sólo en la misma frase sino contigo, una vez más.
Un corazón que no entiende de pausas, de antes o después, sólo sabe sentir ahora, sólo conoce presente, el tiempo verbal indiferente a un mañana que esconde no sé bien dónde lo que sabrá. Mientras, déjalo soñar, deja que encuentre el día en el que no necesite soñar más.
Entre nosotros, entre tú y yo, cambiar la suma, cambiar su valor, conseguir que uno más uno sean más que dos. Hacer del instante nuestro momento, tan efímero como eterno. Que sin ti cuando mire al espejo eche de menos mi propio reflejo.
Lo que la brisa al aire juntos, como el viento. Lo que la memoria al recuerdo juntos, como cada segundo de mi tiempo.
La eterna espera
Azar. Casualidad, caso fortuito. Al azar, sin rumbo ni orden. Salir mal es salir al azar. Desde hace ya algún tiempo parece que tanto mi suerte como mi destino se aliaron de lo imprevisto.
Puede resultar irónico, pero decidí volver a escribir para agilizar la recuperación tras operarme del antebrazo derecho. Sinceramente, se complicó. Hace poco me comunicaron la escasa utilidad de la rehabilitación, por lo que decisiones, quirófanos y espera son las que a veces me separan de estas líneas, de estas letras.
No existe dolor que pueda callar las ideas, mermar la ilusión, anestesiar la esperanza. En cada silencio descubro algo nuevo, ya sea mío, tuyo, nuestro. El presente no tiene un único dueño, ni siquiera le pertenece al tiempo. Seguiré construyendo el mío en base a futuros recuerdos.
He aprendido que cada vida es un puzle con nombre propio, en el que ni sobran ni faltan piezas, simplemente se complementan, se modelan, no a tu ritmo ni al de otros, sino al de todos. Un compás de infinitas partituras, de contadas notas. Eterna sinfonía que a veces dejamos de escuchar, de soñar. Si la puesta en escena es siempre ahora, no trates de fingir, de actuar, sólo tienes ocasión de interpretar tu papel, el que marca el mismo guión que siempre guía el corazón.
Puede que sea cierto, a pesar de todo, conmigo es todo o nada, pero así lo prefiero. Así lo elijo, o quizá por mí lo eligieron. Mientras siga en mi vida un poco de esa nada seguiré luchando por ese todo. Con nadie, con todos. En esta eterna espera ya no busco caminos, veredas o senderos, tan sólo dame terreno y llegaré más allá, más lejos.
Dejando a un lado
Felicidad. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. Satisfacción, gusto, contento, suerte feliz. Está claro que un diccionario no puede sentir.
Tratamos de marcarnos objetivos y metas con la esperanza de perseguir, no conseguir. Dejar lejos, apuntar alto, esquivar lo diario, hacerlo pasado. Tener claro que cuanto más imposible, mas lo ansiamos. Entre tanto, prefiero seguir construyendo un futuro en base a sueños con realidad equilibrados.
Resulta curioso que por norma, compartamos de forma casi idéntica los mismos deseos, sin haberlos siquiera rozado. El anhelo plagiado, el sueño de otros y por otros imitado. Todo sería más fácil si en vez de dejar nuestro destino en ajenas manos, supiéramos separar lo que sobra, lo que no necesitamos.
Entre tantas definiciones y métodos redactados, mi felicidad agradece el disgusto evitado, conocido, esperado. Siempre habrá lugar para nuevos dilemas, nuevos problemas. Incluso aunque generarlos por gusto sea nuestra naturaleza. Nadie mejor que nosotros para salvar nuestras propias barreras.
Antes me preguntaba qué pasaría si en vez de pretender una lista de imposibles evitaba alimentar lo que estorbaba, lo tangible. Mientras sigo soñando lo mismo, atrás quedaron sabores a percepciones ficticias.
No me sigas
No, no lo hagas. Mejor acompáñame. Nunca estar un paso delante o atrás. Poder darme la vuelta, darnos la vuelta, siempre a la par.
Prefiero salir del paréntesis a entrar en él. Lo que está dentro es lo habitual, se puede agrupar. La sorpresa no conoce diario, está fuera de lo cotidiano. Creemos que cambiamos mientras nos persigue el reflejo de un distorsionado pasado. Déjalo ahí, déjalo atrás. Querer vivir la suma de todos los momentos, no los tuyos o los míos, sino los nuestros.
Esconderse es huir, rechazar, evitar. Tratar de despertar entre sueños salpicados de realidad. Sólo existe una senda de la que partir, un trazado por el que marchar. El mismo que lleva mi huella, el mismo que con el tuyo se encuentra y se completa. No tiene sentido regresar si en ningún momento tuve que alejarme. Porque nunca ha sido así. Contigo siempre es ahora, siempre es aquí.
No, no me sigas. Abre camino conmigo. Un paso tuyo, uno mío. Dibujar un presente compartido con el futuro como destino. Negar el tiempo sin volver la vista atrás, sin necesidad de girar, virar, descansar o parar. Conseguir que el olvido no entienda de memoria y que los recuerdos se tornen continuos.
Nublar la vista, enturbiar la distancia. Acariciar las palabras con tan solo una mirada. Saber que sigues aquí. Incluso allí. Que seguimos. Que sigamos.
Un pequeño giro
Cambio. Es tan sólo mencionarlo y nos asalta el pánico. Si funciona no lo toques, déjalo como está, déjalo estar, el tiempo decidirá.
Velocidad es igual a espacio partido por tiempo. Intentamos recordarnos a diario el vertiginoso ritmo del cambio, el que no cesa, incansable, a la par que nos aferramos a lo que consideramos premisas básicas, inmutables. Queremos pensar que evolucionamos hablando de física cuántica pero dejando para las demostraciones la mecánica clásica.
El mayor obstáculo para la innovación es el propio ser humano. El temor a lo desconocido, ese azaroso culpable que queremos creer que nos exime de ciertas responsabilidades, nos basta para justificar cualquier conducta cobarde. Los problemas más complejos tienen a veces soluciones triviales.
Puede sonar paradójico, pero la mayor revolución podría estar condicionada a una simple evolución conceptual en diferentes ámbitos, donde el más suave movimiento pudiese resultar tan violento como drástico. Es más simple inducir a un error de percepción que tratar de reinventarnos. Cambiar la unidad de medida, no contar en segundos el tiempo. Dar por hecho que la velocidad es una constante o que la distancia entre personas es sólo un momento.
En mi caso hoy todo está a treinta años o a un "ahora" de lejos. Hacerlo más simple, como pensar "a cuántas palabras te encuentras de mí".








