José Luis Gato
1jun/10

Esperanza estática

Enumerando esperanzas

Fotografía: Víctor Nuno

Comodidad. Situación del que lleva una vida agradable y sin preocupaciones económicas. Interés, utilidad, beneficio. La resistencia al cambio se traslada a nuestro confort binario.

Estamos diseñando un nuevo universo basado en el precepto de todo y todos a un solo clic. Percibimos esta evolución como un correcto equilibrio entre simplicidad y sentido común. Un esfuerzo centrado en hacer accesible lo complejo, manteniendo transparente gran parte del proceso. Siempre hay un hilo, un fino velo, que nos hace confundir ciertos términos.

Cada mañana despierto entre lazos débiles, nodos, avatares, seudónimos, seres sociales. Analíticas, métricas, números, cifras, venerados estadistas diarios. Entre tanto teórico, el vínculo humano se vuelve simbólico. No seré más que un ingenuo puntocero confiando en un compromiso que, sin saberlo, estamos firmando con nuestro carácter verdadero. Interés, cercanía, oportunismo, afinidad. Si la vida no es un grafo, de poco sirve medir cada detalle en grados.

Queremos creer que estamos viviendo una verdadera revolución mientras esquivamos las afirmaciones que manifiestan que lo “nuestro” es más que una simple conexión, un me gusta, un seguidor. Resulta cuando menos, contradictorio que reneguemos de la visión optimista, inspiradora, casi poética del espíritu dospuntocero y al mismo tiempo pongamos el grito en el cielo defendiendo que es una actitud, no un concepto. La falta de confianza o el miedo al cambio quedan en segundo plano, es la inercia mental del propio ser humano.

Hipocresía numérica, la cantidad acomoda la probabilidad. Más allá del noble propósito, existe un beneficio directo. Real.  Probemos, siempre habrá tiempo de seguir teorizando.

11may/10

Placebo

Placebo

Fotografía: Víctor Nuno

Sugestión. Sugerencia, fascinación. Control de la voluntad. Ceguera, ofuscación. No existe sustancia inocua que beneficie sin manipulación.

Un corazón ciego tiñe del color del engaño los ojos que ven el mañana. Es la sinceridad muda, llena de verdades que callan. Placebo de la mirada. Voces perdidas, quizá náufragas, entre olas que te arrastran y se calman.

La certeza es el placebo que sólo al tiempo no engaña. Entre la espera y la pausa, la distancia va secando la lágrima. Déjame congelar este presente, abrazarlo hasta que se torne agua. Convertir cada momento en gota de escarcha, por la orilla, por la ribera, derramando su recuerdo, salpicando una vida entera.

Placebo de la razón, hacer que la única evidencia sea la duda. Alternar el turno entre tú y yo, elegir uno de los dos. Estar seguro de lo inseguro, el protagonismo de la imaginación. Inocente, inofensiva, la mente nos brinda la mentira contraria a nuestra expresión. La dualidad de nuestro propio yo.

No quiero, sin una voz, hacer de las palabras, mi placebo. Tan sólo guardar los instantes que atravesaron las corazas entre recuerdos.

7may/10

Nuestro barrio

Nuestro barrio

Fotografía: Víctor Nuno

Caminar no es sólo dejar atrás. Perderse entre huellas, pisadas, momentos, incluso encontrar el secreto indiscreto que sólo aparece al cruzar las palabras. Nuevos vecinos atraen las miradas. En este barrio es complicado que nadie se preste a facilitar la mudanza. Incluso se alerta que tras las buenas maneras, a veces se esconde carnaza.

Casi todos veníamos de paso. Por cercanía, por probar. Nadie nos avisó que tan sólo con  saludar se nos ofrecía nuestro propio lugar. Un patio de vecinos tan pequeño como singular, en el que denominarse  líder era tan ridículo como absurdo. Lo importante era pasar en compañía el primer café del día, nombrarse camarero antes que dueño. Hacer de improvisado mensajero, ocupar el puesto de periodista que daba a conocer su particular primicia llamando casa por casa.

Siempre queda aquello que ni siquiera el tiempo cambia. Crecía el número de vecinos a la par que las protestas por el ruido. Curiosas denuncias al viento de los que hablan desde su atalaya. Pocos se lo toman en serio, mientras sonríen al encajar sus ventanas. En el fondo todos pensamos que la tranquilidad es propia de la montaña. Aquí pedir protagonismo es insonorizar tu propia palabra.

Era de esperar que con los años prodigaran los compradores de almas, aquellos que prometen a cambio la mejor vista desde la mejor casa. Charlatanes de inmobiliaria que al poco tiempo bien merecieron su fama. Gracias a los fallos ajenos se estableció una política correcta basada en la coherencia, 140 letras para el primer pago de la hipoteca. Comerciantes y empresas fracasaron en su intento de monopolizar la venta. Todo el mundo sabe que en una pequeña barriada los logotipos y las marcas no hablan. Se sigue buscando al tendero, el artesano del cara a cara.

Un barrio que no distingue entre edades, méritos académicos o la raza de los avatares forma parte de nuestro diario. Sorprende que algunas causas sean no sólo escuchadas sino apoyadas. Nunca será suficiente,  es cierto, el tópico de “algo es mejor que nada” no siempre basta. Al menos aquí las voces no callan. No sé si será más ilógico llamarlo refugio, proyección o quizá imaginación compartida. Quizá tarde o temprano nuestro indiscutible carácter humano acabará viciando por completo este, nuestro barrio. Mientras tanto cada mañana seguiré saludando a los nuevos, a los ajenos, provisionales vecinos eternos.

Por mi parte recordaré que hubo un tiempo en el que sentirse arquitecto de sueños sólo requería estar en movimiento. Siempre paseando, caminando. De alguna forma, avanzando.

3may/10

Diplomacia binaria

Diplomacia binaria

Fotografía: Víctor Nuno

Los elogios motivan, animan, incluso a veces se necesitan. Hasta el ego mejor educado agradece los halagos. Creo que negarlo no demostraría nada salvo una humilde suprema arrogancia. Es el tipo de confianza que permite arropar las ideas de cierto sentido, poder hablar de “nuestro” en lugar de “mío”. El reconocimiento es tan necesario como el punto de vista alternativo.

No sé en qué momento se definió afinidad entre el cero y el uno. Me gusta o no me gusta. Positivo o negativo. Mientras somos capaces de sintetizar ideas complejas en unos pocos caracteres, limitamos las opiniones a tan sólo dos opciones. Es defender un modelo colaborativo en el que si no estás conmigo, eres enemigo. Un comentario, un tweet o un mensaje de muro se acaba convirtiendo en un lienzo con una paleta de blanco y negro. La auténtica participación comienza al dar color a la conversación.

Escaso sentido, construir puentes por donde no pasa río. Incluso si todo no fuera más que una simple estrategia en la que buscamos posicionarnos, cuanto mayor es la visibilidad, mayor es el miedo a pronunciarnos. Lo que debería ser una simple opinión ahora es la condena de nuestra reputación. Prefiero quedar en ridículo antes que presidir un conocimiento oligárquico.

Realmente desconozco si es falta de tiempo, atención o cierto respeto a llevar la contraria. Sin término medio entre la crítica y la alabanza, si no estoy completamente de acuerdo, diplomacia. La diversidad de opiniones es ese otro ángulo que siempre ha posibilitado nuevas fuentes de creatividad, innovación o incluso conocimiento por imitación de lo ajeno. En ausencia de una nueva visión, el contenido siempre será estático por más nodos y redes que atraviese. Ya sean unas pocas palabras o una red de blogs, sin una pausa para la reflexión, sin interacción, esa creación de valor que echamos en falta será aún menor. La razón, injusto premio para el autor.

Recuerdo con cierta nostalgia aquellas charlas donde lo que menos importaba era el centro de la discusión. Puro ingenio del que pretendía llevar la razón. El gusto por debatir.

1may/10

Una historia dospuntocero

Una historia dospuntocero

Fotografía: Víctor Nuno

Generar colaboración. Lo estático en dinámico, lo individual en colectivo. Es de difícil comprensión que tan brusco cambio todavía necesite ser recordado a diario.

Un blog se alimenta de contenidos, como cualquier otra realidad o proyecto. Que el dominio lleve mi nombre no quiere decir que sea sólo mío. Así lo entiendo y lo defiendo. Interacción es participación, incluso reparto de beneficios. Este evolucionado principio prueba que hablar con el espejo, llega a ser aburrido.

Al inicio de esta bitácora tuve ocasión de coincidir con Víctor Nuño en Flickr, el colaborador que firma el encabezado de la mayoría de estas entradas. La exposición frente a la galería, la imagen o la fotografía. La red se humaniza y evoluciona sólo cuando tras un nombre predomina actitud frente a tecnología.

Tras usar algunas de sus fotografías decidí mandarle un email para asegurarme de estar cumpliendo no sólo con una licencia Creative Commons, sino para felicitarle por su trabajo y agradecerle ese aporte del cual hoy día me sigo beneficiando, o quizás nos beneficiamos. Que me perdone por hacer pública parte de su respuesta, pero no deja de ser para mí una sorpresa que reconociera que no era habitual recibir “mensajes como este que, sinceramente siempre alegran”. No existe el código deontológico o el manifiesto que obligue el agradecimiento ni a su vez confrontación moral o ética que impida hacerlo.

Han pasado meses y tengo la satisfacción de haber "ganado" mucho más que un lector. Memorizadas sus instantáneas, las asocio a mis ideas. Ese vínculo casi invisible no ha requerido encuentros, conversaciones o avanzadas herramientas colaborativas. Primero mail, luego Twitter. Para mí supone más que una pestaña en favoritos o un RSS con las actualizaciones. Es dedicarle tiempo no sólo a tratar de comprender lo que expresa una persona y su obra, es de algún modo, formar parte de ella. Un comportamiento que se convierte en bidireccional, llevando incluso a detalles en lo personal que sin duda agradezco y se agradecen. El aporte que se ofrece en ausencia de necesidad representa el auténtico ganar-ganar digital.

Quizá muchos piensen que es excesivo escribir un post para un simple gracias. En mi caso no valoro sólo esfuerzo, empatía o aprovechamiento. En un mundo donde la proporción entre generadores de valor y beneficiarios de contenidos es tan desigual, esto me ha supuesto una verdadera clase magistral.

No pretendo hacer una apología de la participación dospuntocero, las atribuciones, las licencias o  lo maravilloso que sería el mundo si cumpliésemos los ideales que defendemos. Nos encanta hablar de la Web 3.0, la Web inteligente, el predominio de la semántica. Mientras sigamos desatendiendo el verdadero factor humano la Web puntocero será la Web de la ignorancia.

Humanizar la tecnología es nuestra magia del día a día. Gracias a los que demuestran que no es ninguna utopía.