José Luis Gato
21abr/10

Las ideas mudas

Ideas

Fotografía: Kipp Baker

Depender. Estar subordinado a algo o alguien. Necesitar de la ayuda y protección de otra persona o de otra cosa. La conectividad marca la nueva exigencia para existir o tener lugar.

Durante años he intentado controlar el uso de determinadas herramientas para mantener cierto equilibrio entre creatividad, innovación y productividad. Más que por autosuficiencia, por la firme creencia de que si “dependes de” estás “condicionado a”. En algún momento se tornó el hábito. Hemos pasado de ser esclavos de la tecnología a convertirnos en parte activa. De simples clientes a socios de la compañía.

Estos últimos días han sido un reflejo de querer y no poder. Motivos técnicos, que dirían otros. Descartado el método clásico basado en lápiz y papel, he sido incapaz de dejar constancia del más simple pensamiento. Realmente el problema no era el formato, sino el medio. La instantaneidad y la posibilidad de comunicar son ahora claves en mi motivación personal.

Cualquier idea cobra vida en el momento en el que se empieza a compartir. Esto, de por sí, debería ser suficiente galardón, sin esperar aplausos, portadas o palmadas en la espalda. Parecemos no recordar que esas miles de voces que ahora gritan a lo dospuntocero, durante años permanecieron mudas, acalladas, jamás pronunciadas.

Aportar exigiendo algo a cambio es un paso firme hacia la nueva fórmula de la ignorancia. Para mí, el auténtico analfabeto digital es el que teniendo las habilidades y competencias necesarias, no es capaz de relacionarse, aprender e interactuar en un entorno social. Sin  diferenciación, ya que cada día es más complejo delimitar dónde empieza lo analógico y dónde termina lo virtual.

No sería capaz de formular frases sin contar al menos con una palabra. Al igual que los proyectos serían sólo textos si no existiese la implicación humana.

14abr/10

La otra definición

Fotografía: Víctor Nuno

Escribir. Representar conceptos o ideas mediante letras o signos convencionales. Componer música, libros o discursos. Comunicar. No hace falta seguir buscando para saber que mi acepción no está en diccionario.

Silencios rotos, desgarrados en su día quebraron el ritmo descompasado que quiso marcarme cómo vivir. Al compás de una partitura inmensa en el que el director de orquesta es tan sólo aprendiz, nadie puede enseñar qué es transmitir. Esta vida es un pentagrama que golpea en cada nota una gota de ti.

Atrás dejo lecciones, elecciones y métodos sobre qué o cómo se debe escribir. Borrar mis palabras, tacharlas, olvidarlas, incluso yo mismo, darle la espalda. No me hace falta saber la importancia de un solo momento contigo o sin ti. Aunque pudieran negarme estas letras, nunca podrían enseñarme a sentir.

Cada letra lleva impresa lágrimas mudas y sonrisas inquietas. Camino entre las líneas sin rumbo, a veces, sin llegar a ningún lado. El corazón desorientado no mira en un mapa por donde seguir sino que descubre lo cerca o lo lejos que se encuentra de sí.

Entre los trazos presentes de vida están los que no quiero dejar escapar, verlos huir. Expresarlo como lo siento, vivirlo como lo pienso. Para mí, eso solo, sólo eso, puede ser escribir.

12abr/10

Sin condicionantes

Fotografía: Víctor Nuno

Sí. Consentimiento o permiso, respuesta afirmativa, conceder, convenir. Si. Expresión que indica deseo, cláusula condicional, aseveración terminante. No sé en qué momento consentí privar mis ideas de sus alas de realidad.

Querer medir con detalle el alcance de cada nuevo paso convierte lo simple en una compleja ecuación de infinitas variables. Nos pasamos la vida calculando con extrema cautela el impacto de nuestros actos. Eterno dilema. Elegir acertadamente no es un problema de cálculo, es el equilibrio entre querer, sentir y decidir. Complícalo cuanto quieras, a fin de cuentas una elección siempre se resumirá en un sí o no.

Hubo un tiempo en el que querer era poder, sin condiciones, sin concesiones. En algún momento debimos pensar que no todo podía ser tan simple, el ser humano no es tan trivial. Argumentamos para excusarnos, para prevenir un posible fracaso, para no reconocer que en última instancia somos responsables no sólo de nuestra propia vida, también de la ajena. Una gran carga emocional, quizá exceso de responsabilidad. Recordar que hasta la más absurda decisión pueda tener efecto en los demás no es conciencia social, es ser racional.

A veces creo que olvidamos los pequeños detalles que realmente son determinantes. La vida es un continuo proyecto cuyo único nexo lo determinan las personas. Día tras día repetimos los mismos procesos otorgando un matiz trascendental al mero hecho de pensar. Quizá no seamos tan decisivos como creemos, todo tiene exactamente la importancia que le quieras dar. Asumirlo, comprenderlo, discutirlo o negarlo,  pero siempre avanzar. La ausencia de movimiento es aún peor que dar un paso atrás.

Querer o no. En el fondo veo incoherente ese inherente miedo al fracaso, ese temor a la derrota, a la realidad. Soy consciente de no poder evitar pensar, si bien el brillo en mis ojos renace al pensar mejor, no al pensar más.

1mar/10

Figuras literarias

Figuras literarias

Fotografía: Pablo Alcolea

Figurar. Aparentar, fingir. Destacar, imaginarse o suponer algo que no conocemos. Aparento, supongo, imagino que somos escritores puntocero.

Atrás dejamos la fría y blanca nieve, las oscuras noches de pálida luna, para inundarnos del sorprendente gratis de un regalo. Entre ironía y epíteto, recuerdan que lo que se da a alguien sin esperar nada a cambio, tiene un precio, un coste alto. Un simple gracias no vale como moneda de cambio. Afortunado el que recibe sin ceder su particular pago.

Sin embargo distribuimos las cosas en partes para que otro u otros puedan beneficiarse de ello. Eso sí, Creative Commons, Copyleft, la idea es mía, como mío es el nombre, una mención antes que nada por supuesto, sólo si no ganas. Parece que nuestra verdadera filosofía gira en torno a compartir el beneficio, no el común ni el de otros, sino el propio. La figura lógica, paradoja, ideas contradictorias en un solo pensamiento. El ranking del reconocimiento enmascarado en lo dospuntocero. La perífrasis del ego.

Metonimia, metáfora, símbolo, los tropos literarios que dinamizan la evangelización de una continua alegoría. Cultismos, tecnicismos, neologismos enriqueciendo nuestro diario networking, el mismo que nos presenta y nos reafirma como managers de nuestra vida. La exclamación o pregunta retórica que da fuerza a los desahogos que, entre muros, tablones y estados, no buscan respuesta alguna.

Entre prosopografía y etopeya, construimos la semblanza de nuestra propia biografía. Expertos literatos derramando en un perfil, nuestro retrato.

26feb/10

Buscando la otra piel

Buscando la otra piel

Fotografía: Víctor Nuno

Buscar. Intentar localizar o encontrar. Conseguir algo, provocar, arriesgarse. La piel que nos cuida y nos protege es la misma que se oculta y no se expone a nuestra propia realidad.

Hacer del riesgo a no buscar la oportunidad para arriesgar. Querer vestir lo que siento es cubrir, enterrar lo que deseo. Sé que más allá del yo sincero se encuentra el espejo en el que ver mi reflejo. Emborronado, pero no distorsionado. Puede que pálido, pero no en blanco y negro. Involuntario y sin embargo, el que quiero. El que se esconde tras mi piel.

Buscar un simple abrazo, las manos en tu espalda. Dejar que arrebates la piel tosca que me envuelve y me disfraza, la misma que atraviesas con tan solo una mirada. Ser hielo junto a la llama, descubrir finas capas de falsas vidas sin vida, replegadas entre la tristeza perdida que se derritieron sobre mi piel.

Buscar que el esfuerzo sea no esforzarme, que la distancia no se distinga ni entienda allá donde vayas. Encontrar en cada latido una nueva palabra, el corazón que no calla, que no puede enmudecer. Nunca habituarme, acostumbrarme a la noche quebrada por la voz de las sábanas que ya te sueñan entre mi piel.

Pero nunca condicionar, evitar buscar pedirte o rogarte siquiera. Sólo desear que algún día no recuerdes olvidarme por las razones que escondiste y te guardan bajo mi piel. Mi única y verdadera piel.