La otra definición
Escribir. Representar conceptos o ideas mediante letras o signos convencionales. Componer música, libros o discursos. Comunicar. No hace falta seguir buscando para saber que mi acepción no está en diccionario.
Silencios rotos, desgarrados en su día quebraron el ritmo descompasado que quiso marcarme cómo vivir. Al compás de una partitura inmensa en el que el director de orquesta es tan sólo aprendiz, nadie puede enseñar qué es transmitir. Esta vida es un pentagrama que golpea en cada nota una gota de ti.
Atrás dejo lecciones, elecciones y métodos sobre qué o cómo se debe escribir. Borrar mis palabras, tacharlas, olvidarlas, incluso yo mismo, darle la espalda. No me hace falta saber la importancia de un solo momento contigo o sin ti. Aunque pudieran negarme estas letras, nunca podrían enseñarme a sentir.
Cada letra lleva impresa lágrimas mudas y sonrisas inquietas. Camino entre las líneas sin rumbo, a veces, sin llegar a ningún lado. El corazón desorientado no mira en un mapa por donde seguir sino que descubre lo cerca o lo lejos que se encuentra de sí.
Entre los trazos presentes de vida están los que no quiero dejar escapar, verlos huir. Expresarlo como lo siento, vivirlo como lo pienso. Para mí, eso solo, sólo eso, puede ser escribir.
Sin condicionantes
Sí. Consentimiento o permiso, respuesta afirmativa, conceder, convenir. Si. Expresión que indica deseo, cláusula condicional, aseveración terminante. No sé en qué momento consentí privar mis ideas de sus alas de realidad.
Querer medir con detalle el alcance de cada nuevo paso convierte lo simple en una compleja ecuación de infinitas variables. Nos pasamos la vida calculando con extrema cautela el impacto de nuestros actos. Eterno dilema. Elegir acertadamente no es un problema de cálculo, es el equilibrio entre querer, sentir y decidir. Complícalo cuanto quieras, a fin de cuentas una elección siempre se resumirá en un sí o no.
Hubo un tiempo en el que querer era poder, sin condiciones, sin concesiones. En algún momento debimos pensar que no todo podía ser tan simple, el ser humano no es tan trivial. Argumentamos para excusarnos, para prevenir un posible fracaso, para no reconocer que en última instancia somos responsables no sólo de nuestra propia vida, también de la ajena. Una gran carga emocional, quizá exceso de responsabilidad. Recordar que hasta la más absurda decisión pueda tener efecto en los demás no es conciencia social, es ser racional.
A veces creo que olvidamos los pequeños detalles que realmente son determinantes. La vida es un continuo proyecto cuyo único nexo lo determinan las personas. Día tras día repetimos los mismos procesos otorgando un matiz trascendental al mero hecho de pensar. Quizá no seamos tan decisivos como creemos, todo tiene exactamente la importancia que le quieras dar. Asumirlo, comprenderlo, discutirlo o negarlo, pero siempre avanzar. La ausencia de movimiento es aún peor que dar un paso atrás.
Querer o no. En el fondo veo incoherente ese inherente miedo al fracaso, ese temor a la derrota, a la realidad. Soy consciente de no poder evitar pensar, si bien el brillo en mis ojos renace al pensar mejor, no al pensar más.
Buscando la otra piel
Buscar. Intentar localizar o encontrar. Conseguir algo, provocar, arriesgarse. La piel que nos cuida y nos protege es la misma que se oculta y no se expone a nuestra propia realidad.
Hacer del riesgo a no buscar la oportunidad para arriesgar. Querer vestir lo que siento es cubrir, enterrar lo que deseo. Sé que más allá del yo sincero se encuentra el espejo en el que ver mi reflejo. Emborronado, pero no distorsionado. Puede que pálido, pero no en blanco y negro. Involuntario y sin embargo, el que quiero. El que se esconde tras mi piel.
Buscar un simple abrazo, las manos en tu espalda. Dejar que arrebates la piel tosca que me envuelve y me disfraza, la misma que atraviesas con tan solo una mirada. Ser hielo junto a la llama, descubrir finas capas de falsas vidas sin vida, replegadas entre la tristeza perdida que se derritieron sobre mi piel.
Buscar que el esfuerzo sea no esforzarme, que la distancia no se distinga ni entienda allá donde vayas. Encontrar en cada latido una nueva palabra, el corazón que no calla, que no puede enmudecer. Nunca habituarme, acostumbrarme a la noche quebrada por la voz de las sábanas que ya te sueñan entre mi piel.
Pero nunca condicionar, evitar buscar pedirte o rogarte siquiera. Sólo desear que algún día no recuerdes olvidarme por las razones que escondiste y te guardan bajo mi piel. Mi única y verdadera piel.








