Tras las sombras
Abruma toda la literatura que se deriva de un simple clic. Seguir o no seguir, aceptar o rechazar. La decisión que se torna en tesis doctoral. Parecemos evitar la simplicidad, esa peculiar característica que hizo del mismo atributo su valor diferencial.
No pongo en duda la utilidad que para cada uno de nosotros tienen los manuales, consejos y guías que compartimos los unos con los otros. Puedo estar equivocado, pero este tipo de aporte tiene entre otras finalidades facilitar decisiones ajenas con nuestro particular método. El alumno aventajado sin duda sabrá aprovechar su esencia. Un profano en la materia se entregará al verdugo del razonamiento propio.
Compartir visiones no implica sentar cátedra con nuestras opiniones. Con una salvedad, la decisión final en este caso no es nuestra. No sé si estamos estrechando la senda o abriendo todavía más la brecha. Cómo aumentar la popularidad, criterios para admitir o reprobar o incluso exigir reciprocidad. En definitiva que tu nuevo lazo débil sea el considerado fuerte para los demás. El nuevo sesgo digital. Entre tanta decisión, lo que se esconde tras un perfil sigue siendo la sombra de un bit.
Ya llevamos un algoritmo de serie que nos permite etiquetar a los demás. Añadirle variables externas transforma metodología en caos mental. Prefiero usar ese tiempo más en que evaluar argumentos en descubrir ese misterio tras el botón aceptar. En cierto modo si en un medio social imponemos restricciones, estamos fomentando futuros prejuicios para excluir o discriminar. No conozco todavía la guía que por mí decida cómo actuar.
Espero no ofender a nadie, esto no es más que una autocrítica que ha surgido tras comprobar la validez a día de hoy de lo siguiente: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. (Einstein)
Reflejos de vida
Espera. Plazo señalado, esperanza de conseguir lo que se desea. Creer que ha de ocurrir alguna cosa, desear que así sea. Poner en paro una actividad hasta que suceda algo. Estas son mis próximas últimas semanas de espera.
Las palabras más que alejarse, se me acercan. Palabras frías, llenas. Palabras rotas. Mientras la distancia permanece ausente el presente, nuestro presente, golpea cada día mi puerta. La misma que con la mirilla entreabierta me pide que no le abra, que me aleje, que me esconda.
La realidad no se negocia, se acepta o se rechaza. No caeré en el engaño de negarla. En cada segundo veo estampada la firma sobre la fecha que señala un nuevo contrato de por vida. Por obras y servicios o quizá indefinido. Puede que de propietario o simplemente de inquilino.
Pensar se me hace como respirar, más que un ejercicio es mi propia necesidad. Cuando empecé este proceso jamás hubiera creído que mantendría intacta mi biografía. La continua rehabilitación es ahora parte de mi vida, la propia y la compartida. Dejaré para otros las inyecciones de insensibilidad. No es ni mucho menos un alarde de sinceridad, es la conciencia que separa lo imaginario de lo real.
En mi propia historia será otra persona la que ponga el punto y final. No volveré, nunca tuve que partir o que marchar. Ni lo haré. Dime que seguiremos. Sólo entonces, te seguiré.
Distancias
Ausencia. Separación de un lugar, tiempo que dura el alejamiento. El mismo que se esconde tras la privación de un sueño.
Por más que lo intente, jamás seré capaz de hacer de mi vida un telegrama. Tratamos de contar las horas, los segundos, los minutos que pasan, aunque nadie pueda medir el mañana. Mientras el espejo del alma no siempre se viste con la misma cara, mi tez a veces radiante, a veces pálida, busca escaparse entre suspiros de almohada.
Sin la capacidad de diferenciar entre prosa, blogs, noticias o poetas, esta misma mesa contempla los titulares de mi diaria meta. Sin necesidad de derramar la sombra quebrada por entre las letras, entre silencios y noches sin sueño intento buscar las ideas que se alejan. Se me alejan.
Dejo atrás la apología de la nostalgia, la añoranza de una realidad desvirtuada. Atrás quedan las bulímicas tristezas, las tormentas que te arrastran. Hacer de mi presente el que busco, el que quiero, el que deseo, tan sólo requiere dibujar su camino en cada sueño. Soñemos.
Por más metros que la vida me tome ventaja, por más minutos que entre relojes atraviesen las sábanas, no podrán hacer de mi ausencia su distancia. Tu distancia.
Sobre el tiempo
Relatividad. Siempre he afirmado que sé cómo pienso yo, no así los demás. Algo que puede resultar tan obvio, no lo es en realidad.
Sin embargo, hay medidores universales comunes para todos. Un segundo, un minuto, una hora. Misma duración, misma preocupación. El tiempo, el que pone todo en su lugar, el aliado enemistado.
Las cuatro de la mañana. Insomnio, problemas, mala noche. Esconder o querer parar las manecillas de los relojes no tiene otro efecto salvo una enorme pérdida de tiempo. En esas largas madrugadas, mirar la hora cada cinco minutos no sólo no ayuda nada sino que traslada el foco del problema y convierte esa acción en la principal causa de desvelo.
En nuestra vida cotidiana podemos encontrar una interminable lista de indicadores relativos de tiempo. Amanece cada mañana aproximadamente a la misma hora. No te preocupes mientras no veas la luz entre las sábanas. O mientras se mantenga el silencio en calma. El vecino, el ruido de la calle, el tráfico. Simplemente busca algo que sea familiar, cíclico, casi puntual.
Para mí la única solución pasa por cambiar la percepción temporal. Cada día, tardo un café en leer comentarios. Generar nuevas ideas suele demorarme una ducha, un breve paseo. Medir constantemente la productividad es por regla general tan irónico como pensar en no pensar.
La recta perfecta
Inflexión. Por definición, es el torcimiento o comba de algo que estaba recto o plano. Pero no concibo una vida en dos dimensiones, mi estabilidad se mide en inflexiones.
Ningún modelo de evaluación puede suplantar al instinto. Métrica de sensaciones, de percepciones. Si lo racional puede marcar un rumbo, su destino la mirada lo marca. Ojear, otear, contemplar, divisar el mañana. Trazar senderos en la mar, romper el silencio con la calma. Esperar lo tangible o perseguir supuestos imposibles.
El cambio no es una coincidencia puntual, es una necesidad constante. No se pueden forzar los puntos de inflexión, pero sí ser conscientes de su aparición. En estos casos el mayor riesgo no es evitar arriesgar, es confundir riesgo con oportunidad.
Suave o abrupta, una curva es una continua nueva dirección que te empuja y que te arrastra. Hace tiempo que entré en ella, midiendo en latidos en lugar de grados y en horas la distancia. No estaré presente los próximos metros, los equivalentes a una semana.
En estos días aparecerá algún nuevo post. La decisión es simple, es mejor programar entradas que llevar una vida programada. Pero prometo volver para seguir equilibrando esta curva línea recta que siempre será bienvenida. Hasta dentro de unos metros.








