José Luis Gato
12ene/10

El sonido del trabajo

Movimiento

Fotografía: Víctor Nuno

Bajo a la calle. Comienzo a sentir la lluvia después de mucho tiempo. Tras recorrer  unos metros, el eco de las gotas rezumando entre la acera y la tela envuelve mis segundos eternos. Ruido, ritmo, recuerdos. Miro un cartel que enuncia: “Cuida tus ojos, sólo tienes dos y son para toda la vida”. Camino, destino, pensamientos. Gente a mi alrededor. Dejo atrás murmullos y rostros. Son de todas y de ninguna parte. Visión,  personas, sentimientos. Hacía tan solo un rato que estaba atento a las palabras de Pedro Rojas. Una conversación que giraba en torno a competencias intangibles: idiomas y multiculturalidad, ambas inherentes a la nueva realidad global.

Hace años tuve la suerte de conocer a un desconocido, no por no tener nombre, sino por mi deseo de preservar su intimidad. De origen mexicano, era el presidente de una compañía líder a nivel mundial. Necesitamos un par de minutos para dar por concluido nuestro encuentro formal. Bastaron unas palabras, una mirada cómplice, para proseguir nuestra reunión fuera de aquel edificio. Nunca eliges el día en el que las palabras te llegan a marcar. Para facilitar esa tarea: observar, escuchar.

Fueron muchas horas las necesarias para resumir una personalidad. Alguien apasionado por su trabajo, enamorado de la actividad, que había abierto mercados de una forma para mí impensable y a su vez, original. Si quería entrar en la India, hacía sus maletas, no se lo pensaba dos veces, aterrizaba allí, sin conocer previamente el idioma, las costumbres o a gente a la que contactar. Iba a la aventura, pero con un propósito claro: triunfar a nivel personal. El éxito empresarial era una consecuencia, ni mucho menos una finalidad. Cada nueva experiencia que me contaba, más reforzaba su credibilidad. Repitió el mismo proceso en todos los países, China, Estados Unidos, cualquier continente, cualquier nacionalidad. No cesó hasta agotar esa expansión mundial.

Una persona humilde, sincera, que reconocía que el dinero no era su problema. Sentía la necesidad de seguir innovando un poco más, como al principio, siendo joven, cuando sólo tenía como bazas su carácter y las ideas claras. Con esto no quiero decir que todos debamos hacer lo mismo que él, irnos con el dinero justo a cualquier lugar. Si fuera tan simple es evidente que ya estaría puesto en práctica, no como el típico ejemplo en libros de autoayuda o de liderazgo empresarial.

Mientras debatimos sobre la falta de movilidad laboral o el uso de las redes sociales en la empresa, recuerdo lo que aquel desconocido que tanto mundo había conocido proclamaba como premisa fundamental. Cuando entres en un despacho, en una gran empresa o en una pequeña oficina, simplemente párate a escuchar. No en el sonido del teléfono que “casualmente” no cesa, no en el martilleo de teclas que intenta demostrar lo mucho que alguien se esfuerza. El trabajo suena a lo que es, a personas. Un murmullo, una pequeña risa, una voz que se alza entre todas. Vida, que suene a vida, a quienes disfrutan con lo que hacen, a los que son efectivos en sus tareas, a aquellos que se pueden permitir el insólito lujo de combinar momentos de "supuesto ocio" y productividad.

Él jamás invertiría en una empresa que no tuviera esa identidad. Ahora cada vez que atravieso una puerta, yo me paro a escuchar.

Comentarios (12) Trackbacks (45)
  1. Magnífico, José Luis. Yo, sin duda alguna, carezco del valor que le sobra al desconocido mexicano. Ya no me para el cambiarme de país o de continente, si no el simple hecho de cambiarme de pueblo ya, en su día, se me hizo una montaña… aunque ahora sé que no es para tanto. El cambiarme de ciudad, ahora mismo, siquiera me lo planteo. Aunque ya se sabe el dicho: “nunca digas…”, eso.

  2. Hay veces que te paras a escuchar , y como diría Sabina , sólo se escucha mucho mucho ruido…
    Un abrazo

  3. Hola Fco. Javier,

    Esto daría para escribir mucho más, una sensación a veces cubre párrafos enteros. Ver a alguien a quien le brilla aún la mirada después de haber conseguido a ojos del mundo “todo”, es suficiente para que te cuestiones muchas cosas. Supongo que depende del enfoque de cada uno, en mi caso nunca me canso de aprender, de compartir, de intentar innovar… El cambio supone entre otras cosas, superar el miedo al fracaso. Nunca digas (…) :)

    Un abrazo!

  4. Hola Juan Carlos,

    Pero en realidad es un auténtico lujo. Escuchar ruido, es sinónimo de haberse parado a escuchar. Como decía ayer, ruido, más ruido. Sólo de esa forma sabré diferenciar ;)

    Un abrazo y gracias como siempre! :)

  5. “El trabajo suena a lo que es, a personas. Un murmullo, una pequeña risa, una voz que se alza entre todas. Vida, que suene a vida, a quienes disfrutan con lo que hacen, a los que son efectivos en sus tareas, a aquellos que se pueden permitir el insólito lujo de combinar momentos de “supuesto ocio” y productividad”

    Dicen que el trabajo dignifica al hombre?, yo solo sé, que no sé nada, pero me quedo con este párrafo, y lo que si se, es que no puede haber productividad , sin “vida”, sin “pasión”, sin “entrega”, sin “empatía”, da igual que vendas caramelos, o cualquier otro producto, pero no olvidemos que para entregar todo eso de ti mismo, tienen que creer en lo que hace, tienes que sentirte parte de un organigrama “plano”, donde tus actuaciones, aportan valor añadido a la empresa, donde tus actuaciones aportan enriquecimiento personal a otros y de “TI”, donde no es necesario ser el mejor pagado, pero si sentirte “necesario”, que no imprescindible.
    Confieso que me gustaría trabajar en ese tipo de situación, pero dadas las circunstancias actuales, el ruido de mi trabajo suena a gloria, y solo tengo que mirar hacia atrás y ver a otros que el ruido de su trabajo, no le suena a nada, pues no tienen.
    Saludos.

  6. Hola José Luis!!

    Me gusta observar y escuchar más que hablar (o escribir), pero hay que saber observar y escuchar lo que hay alrededor!! ;)

    Tu historia es “impactante” en el sentido de que vemos a alguien que no tiene miedo al cambio… creo que cualquier cambio, por decisión propia o impuesto, es positivo a corto o largo plazo, pero eso no quita para que tengamos miedo, para que sopesemos si es el momento adecuado… aunque si hay que errar, se yerra que también se aprende y es positivo!!

    Por otro lado tu historia me ha hecho recordar a una gente a la que no quisiera recordar, a unos empresarios (entre los que había un mexicano) que te “camelaban” contando historias muy parecidas a las que relatas (incluso en los países…no serán los mismos?)…pero en cuanto ahondabas un poco, estaba claro que la historia era totalmente distinta!! quizás algún día te la cuente (o escriba).

    Ah.. muchas gracias por tus palabras!!!
    bs

  7. Hola Anna,

    Todos jugamos un papel fundamental en cualquier empresa, en cualquier actividad. No hace falta estar delante de una mesa de caoba, imagina un recorrido “teórico” de un visitante a la dirección de la empresa. Desde que entra por la puerta, la persona que esté en recepción ya va a crear una primera impresión. Automáticamente vamos clasificando esos comportamientos que observamos. Lo que es difícil pretender es que todo el mundo se identifique con los valores que representa su empresa. Hacer creer no es hacer sentir. Estoy de acuerdo contigo en la necesidad de aportar, de sentirse útil ocupes el puesto que ocupes en el organigrama. Eso ya es un gran paso. Pero personalmente creo que seguimos arrastrando muchos prejuicios a todos los niveles que condicionan esa entrega, esa pasión, ese ruido. Por suerte, siempre habrá “inconformistas” que deseen cambiar esta situación. :)

    Muchas gracias por comentar, un saludo! :)

  8. Hola Carol,

    Hay una frase que particularmente me encanta: “Las buenas decisiones tienen algo en común: se han tomado en el momento oportuno”. Si bien es cierto que fácil pensar y no así actuar, ese miedo es necesario para no estar continuamente “aprendiendo” de nuestros errores. Se devaluaría su utilidad :)

    En lo referente al otro tema, en este caso no había ninguna duda de quien era, pero sí, es cierto que hay mucho “orador” suelto, pero para eso no hace falta irse tan lejos, creo que en este mismo código postal tiene que haber unos pocos :)

    Espero que cuentes tu historia pronto, y por cierto, muchas gracias a ti!

  9. Eres grande Maestro!!

  10. Hola Pedro,

    Estoy creciendo, intentándolo, todos los días un poco. Desde que puedo ;)

    Tú si que eres grande, yo estoy aprendiendo!
    Un abrazo :)

  11. Hola José Luis,

    En alguna oportunidad he colaborado en organizaciones en las que, el silencio, era sepulcral. Incluso, si decías algo en seguida alguien, como en la escuela, te reprendía: ¡Psssssssssssst!.

    J****. Somos personas y necesitamos comunicarnos, reír, llorar o abrazarnos y, especialmente, disfrutar. ¿Por qué se bloquea a la parte emocional? No se trata de empresas 0.0, 1.0 ó 2.0. Se trata de empresas emocionalmente inteligentes pero, por desgracia, sólo son unas pocas… El reto es hacerlas crecer.

    Saludos,
    Agustí Brañas

  12. Hola Agustí,

    Es cierto, eso siempre ha existido, me acuerdo perfectamente en el colegio. ¡Pocas veces no me intentaron echar porque no era capaz de estar callado! Pero a mí nunca me importó, un “lo siento, no volverá a pasar” y al rato vuelta a empezar. Lo curioso es que en mi caso, no hablaba de otra cosa que no estuviera relacionada con el tema que se estaba explicando. Interactuar.

    Ese mismo comportamiento ha ido creciendo junto conmigo, no puedo hablar de inteligencia emocional si tengo prohibidas las emociones. No puedo generar si eso conlleva una reprimenda. Es imposible construir si esos lazos son siempre débiles. Te pido prestada la frase de tu bío: “Personas, emociones, valores y química”. :)

    Un abrazo!


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