José Luis Gato
28Dic/09

Esclavos de nuestra identidad

identidadA medida que pasan los días, más convencido estoy de haber escogido el momento oportuno para diseñar esta nueva etapa. Sin mirar el calendario, lejos de adornos y de cánticos, voy sintiéndome arquitecto de mi propia vida.

Mis primeros esbozos no han sido sobre planos, sino sobre páginas como esta. Hace mucho que inicié ya el proyecto, más de lo que cualquiera pueda imaginar. Unos 30 años atrás, cuando nadie conocía el significado de red social o se planteaba la importancia de la privacidad. En esa época no había manuales que aconsejaran debatir, opinar o contrastar para ganarse la reputación, era una necesidad como tantas otras para destacar.

Tratar de buscar soluciones ajenas era más que un ejercicio de empatía. Compartir conocimientos, el mejor método para aprender y al mismo tiempo enseñar. Jamás necesité asistir a ningún curso de networking para aprender a relacionarme, siempre lo creí inherente a las personas.

Y todo ello acorde a mis principios, unos principios que siempre he creído universales y que ahora, sólo ahora, parecen cobrar el valor que desde hace siglos se le ha intentado dar.

No me explico qué necesidad hay de frivolizar en unos pasos la construcción de una identidad digital. No es cuestión de dónde o en cuántos sitios se deba estar, todo sería más simple si nos limitáramos a mostrarnos tal cual.

Es como me descubro hoy. Para bien o para mal, mi identidad digital es pareja a mi “auténtica realidad”.

Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar” (Elliot Gould)

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Comentarios (5) Trackbacks (9)
  1. Creo que la identidad digital de cada cual no es mas que un complemento de la identidad “analógica” que tenemos; una forma, más fácil, de darnos a conocer al resto de las personas. No sé si habrá alguien que, por Internet, finja ser quien realmente no es… pero si es así, me resultaría patético.

    Saludos.

  2. Hola Francisco,

    Realmente, lo ideal sería que nuestra identidad digital fuera un reflejo, no un complemento de la analógica. En otras palabras, ¿por qué lo llamamos extensión, cuando realmente ya forma parte de nuestras vidas? Ahora parece que “se debe” compartir en las redes sociales, hay que aportar al grupo, etc. Me resulta difícil creer en la efectividad de una dualidad analógica/digital que no se haya forjado desde el inicio.

    En cuanto a la segunda cuestión, caretas hay en todas partes, en plástico y en binario :)

    Un saludo.

  3. Tienes razón, sobre todo creo que sucede en empresas, que se incorporan a las redes sociales “porque deben” y no porque quieren.

  4. José Luis , interesante lo que has escrito. Me he cansado de intentar que algunas personas entiendan que todos nosotros hacemos networking de forma inconsciente, no necesitamos un manual o un curso para ello. Lo que ocurre es que cuando nos encontramos con un término que entra con fuerza en nuestras vidas a través de las redes, nos creemos en la obligación de ser los mejores networkers.
    Yo hace años que manejo el arte de las relaciones y nunca he intentado construir una identidad virtual. Es sencillamente lo que soy.

    Un abrazo

  5. Hola Gloria,

    Completamente de acuerdo contigo. Tenemos la mala costumbre de querer encasillar conceptos complejos en un solo término, lo cual lleva después a este tipo de malentendidos y confusiones. No hay modelos perfectos en la vida “analógica”, no entiendo por qué nos obsesionamos con crear una identidad digital perfecta. El esfuerzo se debería centrar en habituarse a los diferentes canales y herramientas de comunicación, no a crear “complementos” o “añadiduras”. Una identidad es algo personal, algo que te identifica, que te diferencia, no el resultado de una serie de procedimientos sacados de libro.

    Gracias por comentar, un abrazo.


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