José Luis Gato
7may/10

Nuestro barrio

Nuestro barrio

Fotografía: Víctor Nuno

Caminar no es sólo dejar atrás. Perderse entre huellas, pisadas, momentos, incluso encontrar el secreto indiscreto que sólo aparece al cruzar las palabras. Nuevos vecinos atraen las miradas. En este barrio es complicado que nadie se preste a facilitar la mudanza. Incluso se alerta que tras las buenas maneras, a veces se esconde carnaza.

Casi todos veníamos de paso. Por cercanía, por probar. Nadie nos avisó que tan sólo con  saludar se nos ofrecía nuestro propio lugar. Un patio de vecinos tan pequeño como singular, en el que denominarse  líder era tan ridículo como absurdo. Lo importante era pasar en compañía el primer café del día, nombrarse camarero antes que dueño. Hacer de improvisado mensajero, ocupar el puesto de periodista que daba a conocer su particular primicia llamando casa por casa.

Siempre queda aquello que ni siquiera el tiempo cambia. Crecía el número de vecinos a la par que las protestas por el ruido. Curiosas denuncias al viento de los que hablan desde su atalaya. Pocos se lo toman en serio, mientras sonríen al encajar sus ventanas. En el fondo todos pensamos que la tranquilidad es propia de la montaña. Aquí pedir protagonismo es insonorizar tu propia palabra.

Era de esperar que con los años prodigaran los compradores de almas, aquellos que prometen a cambio la mejor vista desde la mejor casa. Charlatanes de inmobiliaria que al poco tiempo bien merecieron su fama. Gracias a los fallos ajenos se estableció una política correcta basada en la coherencia, 140 letras para el primer pago de la hipoteca. Comerciantes y empresas fracasaron en su intento de monopolizar la venta. Todo el mundo sabe que en una pequeña barriada los logotipos y las marcas no hablan. Se sigue buscando al tendero, el artesano del cara a cara.

Un barrio que no distingue entre edades, méritos académicos o la raza de los avatares forma parte de nuestro diario. Sorprende que algunas causas sean no sólo escuchadas sino apoyadas. Nunca será suficiente,  es cierto, el tópico de “algo es mejor que nada” no siempre basta. Al menos aquí las voces no callan. No sé si será más ilógico llamarlo refugio, proyección o quizá imaginación compartida. Quizá tarde o temprano nuestro indiscutible carácter humano acabará viciando por completo este, nuestro barrio. Mientras tanto cada mañana seguiré saludando a los nuevos, a los ajenos, provisionales vecinos eternos.

Por mi parte recordaré que hubo un tiempo en el que sentirse arquitecto de sueños sólo requería estar en movimiento. Siempre paseando, caminando. De alguna forma, avanzando.

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Comentarios (2) Trackbacks (30)
  1. Magnifico texto, magnifica foto donde caminas acompañado, magnifico himno…

  2. Hola Olivier,

    Por más tiempo que pase, habrá vecinos que no olvidaremos de nuestro barrio. Quizá todo sea un dulce engaño, pero mientras lo descubrimos o no, es mejor caminar acompañado. ;)

    Un abrazo!


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