Simplificando
Simplificar. Hacer más sencilla, más fácil o menos complicada una cosa. Reducir una expresión, cantidad o ecuación a su forma más breve o menos compleja. Una ejecución simple que no requiere una definición extensa.
En este gran escaparate jugamos a posicionarnos como expertos en diccionario. Debe ser complejo convertir lo accesible en inalcanzable. Y sin embargo, lo hacemos a diario. Puede que exista una variable que se me escape. Se nos escape. Actuemos en consecuencia, asumamos que nuestro círculo es cerrado, que cada limitación técnica que libremos se verá cubierta por un incomprensible y jerárquico manto humano.
La tecnología no une, sólo posibilita. El entendimiento no surge con el mero hecho de estar conectados. Entre cultismos, neologismos y tecnicismos, en lugar de progreso, más de lo mismo. Fenómenos léxicos. Crucificamos la tilde no impresa mientras adoramos la gramática incomprensible, pero correcta. Curiosa valoración, extraño criterio. Nos importa más el gazapo o el error que saber interpretar al autor.
Evangelizar, dinamizador, resiliencia, procrastinar. Pequeño extracto de algunos términos que se han vuelto cotidianos en nuestro constante intento de comunicarnos. Me cuesta creer que no somos capaces de simplificar, de hacerlo cercano. Supongo que en algún momento debimos considerar que lo erudito era necesario. El lenguaje corriente para "el populacho". Que alguien me explique la ventaja de cifrar nuestro vocabulario. Olvidamos que todos, incluso los no docentes, de una forma u otra enseñamos. Compartir es, sobre todo, transmitir.
La idea, el centro, el mensaje. Mientras buscamos los adornos que parecen tan necesarios, la inspiración se pierde entre otra página de diccionario.
El ruido del silencio
Silencio. Abstención de hablar. Falta de ruido. Efecto de no hablar o no manifestar algo por escrito. Pausa musical. Una corchea en cada palabra. Una sinfonía en cada pausa.
Asociarlo a tranquilidad, a la calma que despide la tempestad, evitando recordar que el verdadero silencio rebosa expresividad. Mientras, seguimos jugando a elevar la voz, hacernos notar, con la inocente creencia de que entre tanto ruido, nuestra verdad destacará. Mutismo de la razón, una nueva falsedad.
Queremos creer que quien no habla, poco tiene que aportar. Olvidamos que la frase más sabia es la aún no pronunciada. Proclamamos las virtudes de una libertad de expresión que, sin avisar, dejó atrás a todo el que calla, al que eligió el último turno cediendo en nuestro favor, su palabra. Ignorar este silencio es la afonía del corazón.
Temo dejar de escuchar mi propio silencio, ese susurro que aparece sólo tras tu voz, la mía o la de otros. Mudez de las ideas. No es cuestión de respeto, buenas formas o tratados de educación siquiera, es la única manera de cancelar el eco que reverbera entre sueños, soluciones o problemas. Omisión, disimulo, misterio. Quizá temamos enfrentarnos al silencio.
Seguiré buscando entre los secretos que no callan. Escuchar cada pausa. En este camino, el silencio sólo enmudece con el ruido de las lágrimas.
Placebo
Sugestión. Sugerencia, fascinación. Control de la voluntad. Ceguera, ofuscación. No existe sustancia inocua que beneficie sin manipulación.
Un corazón ciego tiñe del color del engaño los ojos que ven el mañana. Es la sinceridad muda, llena de verdades que callan. Placebo de la mirada. Voces perdidas, quizá náufragas, entre olas que te arrastran y se calman.
La certeza es el placebo que sólo al tiempo no engaña. Entre la espera y la pausa, la distancia va secando la lágrima. Déjame congelar este presente, abrazarlo hasta que se torne agua. Convertir cada momento en gota de escarcha, por la orilla, por la ribera, derramando su recuerdo, salpicando una vida entera.
Placebo de la razón, hacer que la única evidencia sea la duda. Alternar el turno entre tú y yo, elegir uno de los dos. Estar seguro de lo inseguro, el protagonismo de la imaginación. Inocente, inofensiva, la mente nos brinda la mentira contraria a nuestra expresión. La dualidad de nuestro propio yo.
No quiero, sin una voz, hacer de las palabras, mi placebo. Tan sólo guardar los instantes que atravesaron las corazas entre recuerdos.
Simplicidad
Sencillez. Facilidad, naturalidad. Sin adornos o composturas. Ausencia de dificultad o complicación. Entre tanta teoría sobre lo simple, olvidamos pasar a la acción.
Abandonar la cama, dejar el sueño acostado, mudo, olvidado. Nuestra obligación es complicarlo, hacerlo lejano, que jamás podamos en ningún caso rozarlo. Que las palabras cautivas ya no busquen salida, que pierdan el brillo que en su día despertó. Lo simple no tiene cabida, sabemos que ser realistas es lo mejor. Lo que no perdemos no causa dolor.
Susurros de vida entre lágrimas frías van cerrando heridas que abrió la razón. Demasiado simple que un simple pronombre sea la distancia que nos separa a los dos. Justificarse, no pronunciarse, jamás enfrentarse a la complicación. Es mejor claudicar, perder la batalla, no arrimarse siquiera a lo que no comenzó.
Quizá falten emprendedores de quimeras y sobren empresarios de la consideración. Mientras, el resto del mundo se proclama trabajador de la opinión. Puede que sea complicado acompañar la única brisa que recoge voces de simplicidad. Acudimos diariamente al colegio de la información aunque aún no exista escuela que eduque al corazón.
Dejaré a un lado argumentos, complejidades y excusas para simplificar mi propia vida entre ilusiones y motivación. Puede que fracase de nuevo. Seguro que fracaso mejor.








