Pensar en 120
Ambición. Dejo a un lado connotaciones negativas, opiniones de reales academias que recuerden riqueza, fama o soberbia. Modelo la definición mía.
Al aprender algo nuevo o al sorprendernos, se dispara dopamina al cerebro. Ante cada resultado positivo o cuando se requiere esfuerzo adicional, se segrega otra sustancia cerebral, serotonina. Los "mensajeros alegres" que se asocian a nuestra felicidad.
Apunto al 120 como objetivo para quedarme cerca del 100, no esperando, sin embargo, más del 10. Puede sonar contradictorio, pero esa pequeña ambición bien entendida, más que decepciones me brinda una necesaria dosis de dopamina y serotonina. Para mí, la llamada exigencia hedonista.
"No esperar nada de nadie". Repetir esa frase hasta la saciedad más que liberar, condiciona nuestra capacidad. Resulta complicado imaginar un escenario donde, sin esperar nada, siempre se obtenga algo a cambio. Lo que al principio pueda resultar una grata sorpresa, con el tiempo se volverá una norma, una regla. El asombro subordinado a la recompensa de nuestros actos.
Concebir un presente sin expectativas es una muerte en vida. No se puede actuar con pasividad, la acción y la calma nunca van por la misma vía. Quien espera, como mucho puede aspirar a recibir, no a encontrar. Siempre preferiré una desilusión a tiempo que una ilusión perdida.
Additional comments powered by BackType






febrero 2nd, 2010 - 21:08
Es hacer sin hacer, esperar sin esperar, la acción en calma ….. una paradoja constante.
Creo que en realidad La Vida es un gran paradoja. No es lo que te pasa es “que haces con lo que te pasa” …. a lo mejor es que como soy contradictoria por naturaleza.
Prefiero no perder la ilusión, fijate que me hacen ilusión tus entradas, son de “hacer pensar” y ciertamente “paradójicas”.
Un saludo
febrero 2nd, 2010 - 22:51
LLega un momento en que por mucho que te esfuerces, acabas esperando algo del otro /otros… sobre todo cuando entran en juego los sentimientos, el afecto, el cariño… Las decepciones duelen menos cuando no esperas, pero no es sencillo.
Me gusta esa idea de apuntar al 120, como estímulo, como propio empuje, como carburante para la ilusión…porque sin ilusión no se puede vivir, no se puede trabajar, ni soñar.
Un abrazo
febrero 2nd, 2010 - 23:33
Hola Jose Luis. Me recuerda lo que cuentas en el post a algún profesor mío que decía algo asi como “Hay que ir a por el 10 en todos los exámenes, así puede que saques un 8, pero si vas a por el 5 lo más probable es que saques un 3″. Creo que el único peligro es la generación de expectativas, pero si en tu caso sólo esperas un 10, pues genial (pero podrñia ser un 20 o 30, no te conformes con tan poco).
Saludos, Oliver
febrero 3rd, 2010 - 00:19
Hola José Luis,
Eso de apuntar al 120 esperando sólo el 10 me suena extraño. Me sugiere una práctica tan habitual en el ser humano como es el “autoengaño”. Con buenas intenciones, pero presente en muchos actos cotidianos, ayudándonos a no preocuparnos en demasía. Y me parece que si yo espero 10, quizás pueda apuntar algo más alto, pero no hasta el 120. Y si apunto al 120, es que espero alcanzar el 100, aunque pueda ser capaz de no verbalizarlo.
Yo creo que hemos de ser honestos con nosotros mismos y si aspiramos al 100, esperar el 100… y si luego nos quedamos en el 10, ser maduros para aceptar lo conseguido y seguir luchando por lo que queramos, asumiendo que no siempre es fácil conseguir lo que nos proponemos y estando dispuestos siempre a luchar (y a esforzarnos) por conseguir lo que queremos, sin enmascarar (ni intrínsecamente) nuestras aspiraciones como medida antifrustración.
Y puestos a apuntar… me gusta mucho más el 140, que es más tuiteable…
Voy a pensarlo un poco más, que no estoy seguro de haberme explicado al 100%.
Un abrazo.
febrero 3rd, 2010 - 08:41
Hola Juana,
Querer o creer querer. Creer o querer creer. Paradojas complejas. En mi caso, como siempre, busco la solución trivial: la simplificación. Querer lo que creo, creer lo que quiero. Me gusta hacer pensar. No lo creo, lo quiero. :)
Muchas gracias y un abrazo!
febrero 3rd, 2010 - 08:44
Hola Nuria,
Queremos tener una piel gruesa, que nos protega de las decepciones. Lo que a veces no somos capaces de diferenciar, es cómo hemos desarrollado esa cubierta. Es a base de ilusiones, de sueños. Como decía Benedetti: “las cicatrices enseñan, las caricias, también”. :)
Un abrazo!
febrero 3rd, 2010 - 08:50
Hola Oliver,
Conmigo mismo soy muy exigente. Nunca me conformo con el 10. Ni con el 100. Por una sencilla razón: No sé dónde está el límite, no puedo ni quiero acotar lo continuo. Siempre genero expectativas, a veces una sola, otras, 1000 al día. Superar cada una de ellas me da esa ración de química que consigue hacerme adicto al “un poco más”. :)
Muchas gracias y un abrazo!
febrero 3rd, 2010 - 09:14
Hola Joanka,
Orden cronológico inverso. El 140 también me gusta más, era el post “original”. Pero proyectar demasiados conceptos hasta a mí me resulta extraño. Así tengo “algo más” en mi lista de apuntar al 120. En este caso, no se ha caído una idea, se ha reorganizado para formar una nueva :)
Considero que hay dos tipos de espera: la pasiva y la activa. La primera refleja inacción. La segunda, deseo. Si te fijas, no he dicho que me conforme con un 10, “deseo” llegar como mínimo a ese 10. Es mi predisposición de cara al mundo. Es lo que considero que cualquier persona, por desconocida que sea, me aporta. Esa es mi base, no me alimento de mí mismo, sino de lo ajeno.
Permíteme que te lo formule dentro de un ámbito “aplicado”. Se inicia un proyecto, personalmente luchas por el 100. Eres consciente de que siempre pueden surgir imprevistos, aumentas los plazos, las exigencias. Sin darte cuenta, ya estás en el 120. Pero los proyectos no suelen tener un día de plazo, menos una jornada. Ese “10″ diario, momentáneo, anima a buscar el siguiente. De hecho, no te deja “conformarte” con “tan poco”. Como bien dices, hay que ser honesto, maduro y consecuentes con nosotros mismos. Saber que dependemos de nuestro estado anímico no debe ser una limitación, sino un punto de partida.
A fin de cuentas, todos tenemos un “método”, pero no siempre nos paramos a pensarlo. O eso creo :)
Muchas gracias y un abrazo Joanka!
febrero 3rd, 2010 - 09:36
Y se me ocurre pensar… ¿donde está el límite, cuando tenemos que dejar de optar a un 120? Porque no se puede estar permanentemente en esa posición ¿no?
¿Y si toda la vida se ha esperado de ti ese 120, y si tú mismo has terminado por exigirte en todo momento ese “plus”?
Me he levantado pensativa hoy :-)
febrero 3rd, 2010 - 13:35
Tener una mente demasiado analitica en la vida no sirve para nada, porque nos movemos por sentimientos todo el rato. Entonces no esperar con nuestra mente practica lo que si esperamos con nuestra mente afectiva es un autoengaño y una perdida de tiempo. Yo siempre lo espero todo con mucha ilusion, si luego no se cumplen mis expectativas entonces saltan mis mecanismos de confomidad y me adapto a las circunstancias.
Muy bueno el post hace reflexionar.
febrero 3rd, 2010 - 18:17
Más te leo y más te conozco y me parece que has dado en el clavo. Eres un hedonista. No lo digo en el sentido reductor de la busqueda del placer, sino en tu voluntad de evitar su opuesto (no sé como se diría en español ¿disgusto? ¿dolor?)
Efectivamente, requiere disclina…
Animos José Luis.
febrero 3rd, 2010 - 22:12
Hola Olivier,
Dicen que una definición propia carece de valor, así que en este caso, usaré la tuya. Y déjame que lo complemente con una conclusión sobre el hedonismo que aparece en la Wikipedia: Si aprendemos a distinguir verdaderamente lo que es placer, podremos vivir muchos momentos de felicidad.
Muchas gracias y un abrazo!