Nuestro barrio
Caminar no es sólo dejar atrás. Perderse entre huellas, pisadas, momentos, incluso encontrar el secreto indiscreto que sólo aparece al cruzar las palabras. Nuevos vecinos atraen las miradas. En este barrio es complicado que nadie se preste a facilitar la mudanza. Incluso se alerta que tras las buenas maneras, a veces se esconde carnaza.
Casi todos veníamos de paso. Por cercanía, por probar. Nadie nos avisó que tan sólo con saludar se nos ofrecía nuestro propio lugar. Un patio de vecinos tan pequeño como singular, en el que denominarse líder era tan ridículo como absurdo. Lo importante era pasar en compañía el primer café del día, nombrarse camarero antes que dueño. Hacer de improvisado mensajero, ocupar el puesto de periodista que daba a conocer su particular primicia llamando casa por casa.
Siempre queda aquello que ni siquiera el tiempo cambia. Crecía el número de vecinos a la par que las protestas por el ruido. Curiosas denuncias al viento de los que hablan desde su atalaya. Pocos se lo toman en serio, mientras sonríen al encajar sus ventanas. En el fondo todos pensamos que la tranquilidad es propia de la montaña. Aquí pedir protagonismo es insonorizar tu propia palabra.
Era de esperar que con los años prodigaran los compradores de almas, aquellos que prometen a cambio la mejor vista desde la mejor casa. Charlatanes de inmobiliaria que al poco tiempo bien merecieron su fama. Gracias a los fallos ajenos se estableció una política correcta basada en la coherencia, 140 letras para el primer pago de la hipoteca. Comerciantes y empresas fracasaron en su intento de monopolizar la venta. Todo el mundo sabe que en una pequeña barriada los logotipos y las marcas no hablan. Se sigue buscando al tendero, el artesano del cara a cara.
Un barrio que no distingue entre edades, méritos académicos o la raza de los avatares forma parte de nuestro diario. Sorprende que algunas causas sean no sólo escuchadas sino apoyadas. Nunca será suficiente, es cierto, el tópico de “algo es mejor que nada” no siempre basta. Al menos aquí las voces no callan. No sé si será más ilógico llamarlo refugio, proyección o quizá imaginación compartida. Quizá tarde o temprano nuestro indiscutible carácter humano acabará viciando por completo este, nuestro barrio. Mientras tanto cada mañana seguiré saludando a los nuevos, a los ajenos, provisionales vecinos eternos.
Por mi parte recordaré que hubo un tiempo en el que sentirse arquitecto de sueños sólo requería estar en movimiento. Siempre paseando, caminando. De alguna forma, avanzando.
Adicto a 140 caracteres
Siempre habrá detalles que escapen a nuestra razón. Evitamos pensar en ellos, los esquivamos en cierta forma, ya sea por no romper esa magia o por no sentirnos unos completos ignorantes. Pero cada día que pasa crece mi analfabetismo punto cero, se hace más latente, no encuentro la forma de plasmar este mundo digital en mi mente analógica.
Para expresarnos en Twitter tenemos a lo sumo ciento cuarenta caracteres, no entiendo cómo se necesitan cientos de páginas o miles de palabras para intentar definir qué es, qué nos aporta. Y no tengo la respuesta, ni jamás la tendré.
Una biografía no puede sintetizar una vida sin perder aquellos detalles que sólo el protagonista podría definir, al igual que sus minúsculas pinceladas son las que hacen de esa historia algo único, irrepetible. Como lo es cada Tweet, por frío que pueda parecer. Un simple enlace o dos palabras sin sentido son más que suficientes como para crear una nueva percepción, cambiar el orden de aquello que estábamos pensando, despertar una nueva curiosidad, incitar a responder o a difundir.
Por lo tanto, quizá se pueda describir qué funcionalidad tiene una aplicación en unos pocos párrafos, pero no así el impacto tiene sobre cada uno de nosotros, los que lo usamos y los que ni siquiera saben de su existencia. No lo voy a negar, me he vuelto adicto a Twitter por enseñarme, entre otras cosas, que:
“Tras cada palabra no se esconde una persona, en cada línea se presenta de una forma diferente”.
“Ciento cuarenta caracteres son más que suficientes para alegrar un día”.
“No todo el que responde o colabora tiene afán de protagonismo, simplemente está aquí y ahora”.
“El pasado, presente y futuro cobra un valor bien diferente cuando viene arropado por otros”.
“No es extraño querer saber de todo, lo extraño es creer saberlo todo”.
Podría hacer una lista interminable, pero siempre habrá detalles que escapen a nuestra razón.
¿Cuál es la tuya?
Lo más comentado
- Sólo una palabra (90)
- Una historia dospuntocero (83)
- Simplificando (83)
- Auténtico (78)
- El tendero siempre fue 2.0 (72)
- Sigue (69)
Post Recientes
Últimos Comentarios
- Vicens Vives en La simplicidad de Twitter
- Gildo en Simulacro
- Melissa en Bajo mi piel
- Esther en Auténtico
- Goefry en Simulacro
- juankar hernandez en Simulacro
Sígueme en:
Blogs que suelo leer
- Amb lletra de pal
- Ana Sequea
- conGestión de personas
- Cumclavis blog
- El blog de David Soler
- Goefry en la luna
- Nuevas habilidades directivas 2.0
- Óptima Infinito – José Miguel Bolivar
- Reflexiones de un Idiota
- Yoriento
Nube de etiquetas
Archivos
- octubre 2011 (1)
- julio 2011 (2)
- enero 2011 (1)
- octubre 2010 (1)
- septiembre 2010 (4)
- agosto 2010 (2)
- julio 2010 (1)
- junio 2010 (7)
- mayo 2010 (9)
- abril 2010 (11)
- marzo 2010 (5)
- febrero 2010 (15)
- enero 2010 (27)
- diciembre 2009 (8)





