Esperanza estática
Comodidad. Situación del que lleva una vida agradable y sin preocupaciones económicas. Interés, utilidad, beneficio. La resistencia al cambio se traslada a nuestro confort binario.
Estamos diseñando un nuevo universo basado en el precepto de todo y todos a un solo clic. Percibimos esta evolución como un correcto equilibrio entre simplicidad y sentido común. Un esfuerzo centrado en hacer accesible lo complejo, manteniendo transparente gran parte del proceso. Siempre hay un hilo, un fino velo, que nos hace confundir ciertos términos.
Cada mañana despierto entre lazos débiles, nodos, avatares, seudónimos, seres sociales. Analíticas, métricas, números, cifras, venerados estadistas diarios. Entre tanto teórico, el vínculo humano se vuelve simbólico. No seré más que un ingenuo puntocero confiando en un compromiso que, sin saberlo, estamos firmando con nuestro carácter verdadero. Interés, cercanía, oportunismo, afinidad. Si la vida no es un grafo, de poco sirve medir cada detalle en grados.
Queremos creer que estamos viviendo una verdadera revolución mientras esquivamos las afirmaciones que manifiestan que lo “nuestro” es más que una simple conexión, un me gusta, un seguidor. Resulta cuando menos, contradictorio que reneguemos de la visión optimista, inspiradora, casi poética del espíritu dospuntocero y al mismo tiempo pongamos el grito en el cielo defendiendo que es una actitud, no un concepto. La falta de confianza o el miedo al cambio quedan en segundo plano, es la inercia mental del propio ser humano.
Hipocresía numérica, la cantidad acomoda la probabilidad. Más allá del noble propósito, existe un beneficio directo. Real. Probemos, siempre habrá tiempo de seguir teorizando.
Transformación
Transformar. Cambiar una cosa en otra. Hacer cambiar de forma o aspecto. Alterar, variar, mudar. Hacer cambiar el carácter, las costumbres de una persona. Cuando la realidad no cambia, renovarse, más que una opción, es una consecuencia necesaria.
Lo cierto es que el dolor que desde hace tanto me acompaña no sólo no cesa, sino que se agudiza. Puede que sea absurdo hacer caso omiso de la lógica, la razón, del sentido común que dicta la escasa o nula conveniencia que me atrae hasta estas letras, propias y ajenas. Es bueno recordar que todos, sin excepción, nos sometemos a un precio en lo dospuntocero. Aunque cambie la moneda de pago, mantenemos el dividendo.
Abusamos de la incompetencia matemática. Trazamos los perfiles y patrones que más nos convienen. Juzgamos, damos por hecho que quien comparte contenidos en horario de trabajo, es un vago. El desempleado que no sólo usa, sino abusa de las redes buscando construirse un nombre, sólo aumenta una lista de contactos que más tarde, olvidará. Habría que diferenciar al generalista del que no para de generalizar.
Es paradójico ver como aceptamos unas premisas en las que encajamos con suerte dispar. Una valoración basada en especulaciones, previsiones que no sólo desconocemos, sino que están en constante cambio. Una transformación que aún no conoce acuerdo entre definición o significado. Nadie identifica mérito, el esfuerzo que precede al beneficio o al daño. O seguimos en una dinámica en la que sólo cuentan resultados o quizá hayamos olvidado que hubo un tiempo en el que el empeño era digno de ser recompensado.
Es difícil asimilar que más que una adaptación, seamos nosotros los que llevemos el control. Incluso quien reniega deja constancia de su participación. Lo que empezó como una filosofía que se ha convertido en un estilo de vida en el que la decisión va más allá del sí o el no. Asalariados que arriesgan su puesto entre prohibiciones y redes, otros que ceden su tiempo a la respuesta de comentarios, quien en lugar de seguir inscribiéndose en ofertas de empleo, comparte su último post. En contra o a favor, el presente es reflejo de la opinión. Como nexo común, la búsqueda de la retroalimentación.
Ego, interés, aceptación. Pilares del dospuntocero que disfrutamos. Quizá una curiosa percepción del riesgo que sólo precede una mayor transformación.
Diplomacia binaria
Los elogios motivan, animan, incluso a veces se necesitan. Hasta el ego mejor educado agradece los halagos. Creo que negarlo no demostraría nada salvo una humilde suprema arrogancia. Es el tipo de confianza que permite arropar las ideas de cierto sentido, poder hablar de “nuestro” en lugar de “mío”. El reconocimiento es tan necesario como el punto de vista alternativo.
No sé en qué momento se definió afinidad entre el cero y el uno. Me gusta o no me gusta. Positivo o negativo. Mientras somos capaces de sintetizar ideas complejas en unos pocos caracteres, limitamos las opiniones a tan sólo dos opciones. Es defender un modelo colaborativo en el que si no estás conmigo, eres enemigo. Un comentario, un tweet o un mensaje de muro se acaba convirtiendo en un lienzo con una paleta de blanco y negro. La auténtica participación comienza al dar color a la conversación.
Escaso sentido, construir puentes por donde no pasa río. Incluso si todo no fuera más que una simple estrategia en la que buscamos posicionarnos, cuanto mayor es la visibilidad, mayor es el miedo a pronunciarnos. Lo que debería ser una simple opinión ahora es la condena de nuestra reputación. Prefiero quedar en ridículo antes que presidir un conocimiento oligárquico.
Realmente desconozco si es falta de tiempo, atención o cierto respeto a llevar la contraria. Sin término medio entre la crítica y la alabanza, si no estoy completamente de acuerdo, diplomacia. La diversidad de opiniones es ese otro ángulo que siempre ha posibilitado nuevas fuentes de creatividad, innovación o incluso conocimiento por imitación de lo ajeno. En ausencia de una nueva visión, el contenido siempre será estático por más nodos y redes que atraviese. Ya sean unas pocas palabras o una red de blogs, sin una pausa para la reflexión, sin interacción, esa creación de valor que echamos en falta será aún menor. La razón, injusto premio para el autor.
Recuerdo con cierta nostalgia aquellas charlas donde lo que menos importaba era el centro de la discusión. Puro ingenio del que pretendía llevar la razón. El gusto por debatir.








