José Luis Gato
29ene/10

Al menos una razón

Una razón

Fotografía: Víctor Nuno

Anticipación. Un virtuoso violinista siempre decía que la mejor improvisación, era la no improvisada. Expresión, silencio, giro, gesto.  A ojos del mundo el tiempo se para con destellos de genio que invaden la sala. Para el músico, nada cambia. Su talento se pierde entre emoción preparada.  Un, dos, mira el reloj. Así empieza esta interpretación.

Lejos de estar estudiada, anoche comenzaba esta expresión de la realidad. Diferentes respuestas a un mismo estímulo que serían imposibles predecir con antelación. Preocupación, complejidad, agradecimiento, reflexión. En este escenario no hay papel principal, la actuación no es tal, es interacción.

Sigamos con metáforas, símiles, excusas para seguir justificando este miedo al cambio. Lo digital, déjalo lejos. Crea términos como “desvirtualizar”. No podemos permitir que una serie de desconocidos nos feliciten  el cumpleaños o nos pregunten "cómo estás". Coloca otra barrera, no dejes que esto te afecte. Recuerda que no son más que avatares carentes de vida. Jamás podrían suplantar tu entorno levantado con impactos de realidad. Mira el reloj. Tres, cuatro, percepción.

Entre fracasos y miedos, bosquejados esbozos de humanidad . No, eso no es preocupación. Recordatorios automatizados tan falsos y desvirtuados que se alimentan de ego para ser ejecutados. No es más que una estrategia, el quiero y no puedo de la identidad digital. Si todo es tan irreal, ¿por qué seguimos aquí?

Entre tanta autoestima, creemos tener tanto que ofrecer que el mundo ríe y llora en torno a un continuo paripé. De nuevo el reloj. Cinco, seis, aquí eres el rey.

18ene/10

La distorsión virtual

Distorsión

Fotografía: Víctor Nuno

Dos días, dos palabras. Tras la sorpresa y el gracias, reflexión de fin de semana. Al final, todo encaja.

Egocentrismo, egoísmo, narcisismo, hipocresía, polémica, injusticia, indignación. Términos cotidianos que se ven digitalizados para calificar y descalificar la filosofía “dospuntocero”. La misma que promueve participación y colaboración. Desde luego se está consiguiendo, por una vez, nos ponemos de acuerdo. En algún momento, debí perderme yo.

Este universo digital, virtual o paralelo se merece mi respeto tanto o más que el analógico, el desvirtualizado, el real. De hecho no hago distinciones, a pesar de la evidencia, ni el mundo es ahora bueno, ni se abren todas las puertas.  Tengo preocupaciones, como todos, más allá de puntuaciones o lo que digan o guarden “los otros”, los "señores poderosos", los amos del conocimiento. ¿Quiénes son? No los recuerdo. Quizá por eso no me compare ni busque el ecuánime criterio que pueda juzgar al mundo con nuestras "leyes digitales".

Hay quien encuentra en Internet la mejor vía para darse a conocer, en algunos casos, quizá la única. No hace falta ser músico, novelista o poeta. No me importa que el resto haga de su vida una treta para dar la mejor versión de sí. La confianza se pierde o se gana, empieza desde cien o desde cero. Si cuestionamos hasta lo sincero, podremos estar orgullosos de haber enterrado al resto. Siempre hay dos opciones, aceptar o rechazar. Una deja el mundo en el punto en el que está. La otra no me asegura un cambio, pero sí una posibilidad.

El cuestionable valor de las ideas, la forzada afinidad, el interés oculto o la doble moral. Necesito que alguien me explique que se gana al recordar diariamente lo anterior que no sea en beneficio personal y que no valga para influenciar. Seguimos mirando y envidiando, que no anhelando, lo ajeno. Ojalá se pudiera actuar sin cohibir comportamientos, a modo de experimento, para ver si lo "ficticio" acaba convirtiéndose real.

Entre tanto subrealismo siempre surgen causas justas. Adolfo, Mariola, todos, gracias a todos, por aportar y generar a partir de esta, nuestra realidad.