12jul/11

Fotografía: Víctor Nuno
Luz. Energía que hace visible todo lo que nos rodea, claridad que irradian los cuerpos. Fulgor, destello, resplandor. Mismo sol, misma sensación.
Despojadas las alegrías y tristezas del ánimo automático, cada línea se fue desdibujando. Sin refugio en campo abierto, van partiendo. Exilio al terreno ignorado. Negación digital de nuestra condición de humanos.
Mutismos que se miden entre palabras y tiempo, alentando ausencias no forzadas, razonadas. Necesarias. Confundir optimismo con euforia, identidad con anestesia de los sentidos. Luces sin sombras paseando entre nombres sin hombres. Silencios que retumban como golpes.
No quiero un refugio en cada palabra, hacer de las frases mi distancia. Ocultar la fría, seca, muda calma. Sigo buscando escenarios donde no haya tiempo ni lugar para el disfraz. La simulación de lo real no es más que realidad.
Pasan los meses. Caduca lo incierto. Sigo siendo cobijo de nuevos sueños. ¿Soñamos?
1sep/10

Fotografía: Víctor Nuno
Llegar. Alcanzar el fin o término de un desplazamiento. Durar hasta un tiempo determinado. Conseguir, ascender, lograr. Entrar a casa, resistirse a marchar.
Un día más, la meta resuena a madera hueca. Las puertas de lo social se tambalean entre nudillos golpeando en cada morada. En la mirilla, ojos difuminados. Tras su sombra, nada. Voces que responden pero no invitan a pasar.
Una propiedad que hipoteca nuestra forma de actuar acaba transformando lo posible en realidad. Metamorfosis digital. Ser dueños de una parcela que entre alambradas separe palabras ajenas. El criterio diferente acaba mudo, indiferente.
Añoranza derramada entre las losas binarias. Tablero de un juego que colorea cada estancia. Nuestra instancia. Mientras seguimos buscando un hogar, habitamos sin más. Sólo patios, parques, plazas. No nos dejan entrar.
Recorrido el círculo, vuelta al punto inicial. Agotados los caminos, su identidad quedó atrás, en el zaguán.
29jun/10

Fotografía: Víctor Nuno
Será breve. Como estas líneas. Será efímero. Como el pálpito. Buscamos los afluentes que dan a la mar, el mar del olvido.
Tiritan egos en las mejillas, un nuevo surco por cada miedo. Las estrías fruncen los ojos que no ya no distinguen, mecanizan. Sonrisa automática que se desgasta. Nos desgasta.
Suena un elogio. Forzado. Una reverencia. Educada. Sin importar qué decimos sólo parece preocupar cuándo, a quién nos dirigimos. Encadenar palabras, encabalgar sin sentido. Pronto se desbordarán ríos vacíos.
En la ribera, el eco de aplausos sigue preguntando quién lo llamó. Con qué motivo.
1may/10

Fotografía: Víctor Nuno
Generar colaboración. Lo estático en dinámico, lo individual en colectivo. Es de difícil comprensión que tan brusco cambio todavía necesite ser recordado a diario.
Un blog se alimenta de contenidos, como cualquier otra realidad o proyecto. Que el dominio lleve mi nombre no quiere decir que sea sólo mío. Así lo entiendo y lo defiendo. Interacción es participación, incluso reparto de beneficios. Este evolucionado principio prueba que hablar con el espejo, llega a ser aburrido.
Al inicio de esta bitácora tuve ocasión de coincidir con Víctor Nuño en Flickr, el colaborador que firma el encabezado de la mayoría de estas entradas. La exposición frente a la galería, la imagen o la fotografía. La red se humaniza y evoluciona sólo cuando tras un nombre predomina actitud frente a tecnología.
Tras usar algunas de sus fotografías decidí mandarle un email para asegurarme de estar cumpliendo no sólo con una licencia Creative Commons, sino para felicitarle por su trabajo y agradecerle ese aporte del cual hoy día me sigo beneficiando, o quizás nos beneficiamos. Que me perdone por hacer pública parte de su respuesta, pero no deja de ser para mí una sorpresa que reconociera que no era habitual recibir “mensajes como este que, sinceramente siempre alegran”. No existe el código deontológico o el manifiesto que obligue el agradecimiento ni a su vez confrontación moral o ética que impida hacerlo.
Han pasado meses y tengo la satisfacción de haber "ganado" mucho más que un lector. Memorizadas sus instantáneas, las asocio a mis ideas. Ese vínculo casi invisible no ha requerido encuentros, conversaciones o avanzadas herramientas colaborativas. Primero mail, luego Twitter. Para mí supone más que una pestaña en favoritos o un RSS con las actualizaciones. Es dedicarle tiempo no sólo a tratar de comprender lo que expresa una persona y su obra, es de algún modo, formar parte de ella. Un comportamiento que se convierte en bidireccional, llevando incluso a detalles en lo personal que sin duda agradezco y se agradecen. El aporte que se ofrece en ausencia de necesidad representa el auténtico ganar-ganar digital.
Quizá muchos piensen que es excesivo escribir un post para un simple gracias. En mi caso no valoro sólo esfuerzo, empatía o aprovechamiento. En un mundo donde la proporción entre generadores de valor y beneficiarios de contenidos es tan desigual, esto me ha supuesto una verdadera clase magistral.
No pretendo hacer una apología de la participación dospuntocero, las atribuciones, las licencias o lo maravilloso que sería el mundo si cumpliésemos los ideales que defendemos. Nos encanta hablar de la Web 3.0, la Web inteligente, el predominio de la semántica. Mientras sigamos desatendiendo el verdadero factor humano la Web puntocero será la Web de la ignorancia.
Humanizar la tecnología es nuestra magia del día a día. Gracias a los que demuestran que no es ninguna utopía.
26feb/10

Fotografía: Víctor Nuno
Buscar. Intentar localizar o encontrar. Conseguir algo, provocar, arriesgarse. La piel que nos cuida y nos protege es la misma que se oculta y no se expone a nuestra propia realidad.
Hacer del riesgo a no buscar la oportunidad para arriesgar. Querer vestir lo que siento es cubrir, enterrar lo que deseo. Sé que más allá del yo sincero se encuentra el espejo en el que ver mi reflejo. Emborronado, pero no distorsionado. Puede que pálido, pero no en blanco y negro. Involuntario y sin embargo, el que quiero. El que se esconde tras mi piel.
Buscar un simple abrazo, las manos en tu espalda. Dejar que arrebates la piel tosca que me envuelve y me disfraza, la misma que atraviesas con tan solo una mirada. Ser hielo junto a la llama, descubrir finas capas de falsas vidas sin vida, replegadas entre la tristeza perdida que se derritieron sobre mi piel.
Buscar que el esfuerzo sea no esforzarme, que la distancia no se distinga ni entienda allá donde vayas. Encontrar en cada latido una nueva palabra, el corazón que no calla, que no puede enmudecer. Nunca habituarme, acostumbrarme a la noche quebrada por la voz de las sábanas que ya te sueñan entre mi piel.
Pero nunca condicionar, evitar buscar pedirte o rogarte siquiera. Sólo desear que algún día no recuerdes olvidarme por las razones que escondiste y te guardan bajo mi piel. Mi única y verdadera piel.