En unos pocos metros
Distancia. Espacio o periodo de tiempo que media entre dos cosas o sucesos. Alejamiento afectivo. Diferencia entre unas cosas y otras. Lejos o de lejos guardamos las distancias para evitar la excesiva confianza.
La tecnología no une a las personas. Ni las acerca o las aparta. Posibilita, pero no fuerza. Facilita, pero no obliga. Estamos proyectando sobre un terreno todavía inexplorado tantos caminos que desorientan incluso al más aventajado. Por más que queramos no podemos delegar nuestro dinamismo a lo inanimado. A fin de cuentas, de nada sirve levantar puentes que no serán atravesados.
En los trayectos digitales los pasajeros son las ideas y nosotros el equipaje. Es la verdadera magia puntocero, la que trasciende a lo asimétrico, concéntrico o paralelo. Esto no es innovación de escuadra y cartabón. El mayor riesgo para la perdurabilidad de este modelo es la desconfianza en lo ajeno, lo lejano, en exponernos al propio ser humano. Consciente de ello, la única métrica que acepto es la que marca distancia cero.
Entre tanta embarcación, capitán y comandante una simple barca y unos remos nos permiten llegar más lejos, incluso antes. La paradoja del navegante que nunca quiso ser marinero. Nos estamos especializando en una gestión del conocimiento que olvidó codificar la parte humana del proceso. Necesitamos todavía tiempo para asimilar que la distancia entre personas no se mide en grados o metros, sino en afinidad de pensamientos. Que nos siga sorprendiendo, pero que no nos impida aprovecharlo.
De nada sirven las herramientas sin el factor humano. Para intercomunicar el planeta, primero tuvimos que conectar el cable en la roseta. Sigamos conectados.
Reflejos de vida
Espera. Plazo señalado, esperanza de conseguir lo que se desea. Creer que ha de ocurrir alguna cosa, desear que así sea. Poner en paro una actividad hasta que suceda algo. Estas son mis próximas últimas semanas de espera.
Las palabras más que alejarse, se me acercan. Palabras frías, llenas. Palabras rotas. Mientras la distancia permanece ausente el presente, nuestro presente, golpea cada día mi puerta. La misma que con la mirilla entreabierta me pide que no le abra, que me aleje, que me esconda.
La realidad no se negocia, se acepta o se rechaza. No caeré en el engaño de negarla. En cada segundo veo estampada la firma sobre la fecha que señala un nuevo contrato de por vida. Por obras y servicios o quizá indefinido. Puede que de propietario o simplemente de inquilino.
Pensar se me hace como respirar, más que un ejercicio es mi propia necesidad. Cuando empecé este proceso jamás hubiera creído que mantendría intacta mi biografía. La continua rehabilitación es ahora parte de mi vida, la propia y la compartida. Dejaré para otros las inyecciones de insensibilidad. No es ni mucho menos un alarde de sinceridad, es la conciencia que separa lo imaginario de lo real.
En mi propia historia será otra persona la que ponga el punto y final. No volveré, nunca tuve que partir o que marchar. Ni lo haré. Dime que seguiremos. Sólo entonces, te seguiré.
La recta perfecta
Inflexión. Por definición, es el torcimiento o comba de algo que estaba recto o plano. Pero no concibo una vida en dos dimensiones, mi estabilidad se mide en inflexiones.
Ningún modelo de evaluación puede suplantar al instinto. Métrica de sensaciones, de percepciones. Si lo racional puede marcar un rumbo, su destino la mirada lo marca. Ojear, otear, contemplar, divisar el mañana. Trazar senderos en la mar, romper el silencio con la calma. Esperar lo tangible o perseguir supuestos imposibles.
El cambio no es una coincidencia puntual, es una necesidad constante. No se pueden forzar los puntos de inflexión, pero sí ser conscientes de su aparición. En estos casos el mayor riesgo no es evitar arriesgar, es confundir riesgo con oportunidad.
Suave o abrupta, una curva es una continua nueva dirección que te empuja y que te arrastra. Hace tiempo que entré en ella, midiendo en latidos en lugar de grados y en horas la distancia. No estaré presente los próximos metros, los equivalentes a una semana.
En estos días aparecerá algún nuevo post. La decisión es simple, es mejor programar entradas que llevar una vida programada. Pero prometo volver para seguir equilibrando esta curva línea recta que siempre será bienvenida. Hasta dentro de unos metros.







