Espiral
Círculo. Edificio donde se reúnen sus miembros. Grupo de personas de un mismo sector o ambiente social. Órbita, perímetro, centro. Nos separa un diámetro incierto.
Circunferencias imperfectas, desdibujadas entre óvalos de tiempo, perfilan las fechas de una agenda analfabeta. Semanas mudas, encubiertas entre trazos despintados. Elipse de silencios, eclipse de sueños. Dentro, el mañana se despuebla de recuerdos.
Viajeros derramando a cada paso su destino desgastan los surcos que fueron caminos. Rondando, repetitivos, quedaron marcados dentro del círculo. Compás o plano, dibujante o retrato que van persiguiendo un calco, su propio plagio.
Geometría de ideas que sólo consigue ser prisionera de su seguridad. Ocultamos descuidos, imprecisiones, errores entre falsos pliegues de realidad. Pretender el cambio sin variar el ángulo es anticipar, una vez más, la misma proyección de escuadra y cartabón.
Líneas curvas, rectas, cerradas, abiertas. Diferencias que comienzan cuando nada es indiferente. Sólo caminando sobre el tiempo anduvimos este presente.
Respuesta automática
Será breve. Como estas líneas. Será efímero. Como el pálpito. Buscamos los afluentes que dan a la mar, el mar del olvido.
Tiritan egos en las mejillas, un nuevo surco por cada miedo. Las estrías fruncen los ojos que no ya no distinguen, mecanizan. Sonrisa automática que se desgasta. Nos desgasta.
Suena un elogio. Forzado. Una reverencia. Educada. Sin importar qué decimos sólo parece preocupar cuándo, a quién nos dirigimos. Encadenar palabras, encabalgar sin sentido. Pronto se desbordarán ríos vacíos.
En la ribera, el eco de aplausos sigue preguntando quién lo llamó. Con qué motivo.
Un día cualquiera
Despuntar. Quitar o gastar la punta. Empezar a amanecer, brotar las plantas. Descollar, destacar. Cada mañana nos adelanta futuros suspiros de almohada.
El murmullo de los comercios golpeando entre las sábanas recuerda un mundo que no espera. Existe el paréntesis pero no la pausa. Entre miradas perdidas andan sombras cabizbajas. Perspectiva, ángulo, distancia. Un mismo instante, infinitas instantáneas. Vivimos la suma de nuestras ventanas.
Caminar sin confesar el rumbo. No dejar que la vida pase ante tus ojos, sino exponerte. Sentirte futuro, no presente. Que en algún momento aprecies el parecido entre no diferenciar y quedarte indiferente. Aminorar la marcha, sin detenerte, esquivando las huellas de los sueños rotos que va marcando la impaciencia de otros.
Prisa, deprisa, premura. Sólo conseguimos decepcionarnos antes y lo que es aún más preocupante, no sólo soñar menos, sino soñar peor. Para después buscar argumentos que más que razones, son lamentos donde recordamos qué fácil es hablar. Aún más simple es dejar que el tiempo ponga todo en su lugar. Siempre una excusa más.
Cuando te rindes a la evidencia, todo significa más de lo que expresas. Sólo entonces este podría ser un día de cualquier tipo, menos un día cualquiera.








