Sin expectativas
Receptivo. Que recibe o es capaz de recibir, particularmente sensaciones y estímulos. Propenso, abierto. Términos cuyo significado parecen ser virtudes de diccionario.
Un café en compañía es la invitación inocente que rara vez deja indiferente a los aliados del tiempo. De promesas y secretos. De pasiones y temores. Despojarse del discurso, arroparse en otros ojos. Ingenuos de nosotros por no saber la diferencia entre lo común y lo corriente.
Nos empeñamos en equilibrar una balanza desconociendo lo que guarda en cada extremo. Lágrimas añejas van formando la solera del momento. Cuando nadie juzga la honestidad de los recuerdos, el aquí y ahora se torna lo único sincero. La afinidad va apareciendo al ser partícipes de un mismo sueño.
Trazar una expectativa es de algún modo, limitarla. Quizá prefiera seguir arriesgando al todo o nada. Sin saber en qué momento formé mi concepto de esperanza, hoy lo modifico, lo complico, hasta el punto de ignorarlo. El pasado simplemente complementa, por sí solo ni enriquece ni enseña. No podemos evaluar o definir lo que carece de referencia previa.
Sin expectativas, sin reseñas, prefiero esta ignorancia eterna. En mi vida, el presente continuo seguirá marcando las diferencias.
El ruido del silencio
Silencio. Abstención de hablar. Falta de ruido. Efecto de no hablar o no manifestar algo por escrito. Pausa musical. Una corchea en cada palabra. Una sinfonía en cada pausa.
Asociarlo a tranquilidad, a la calma que despide la tempestad, evitando recordar que el verdadero silencio rebosa expresividad. Mientras, seguimos jugando a elevar la voz, hacernos notar, con la inocente creencia de que entre tanto ruido, nuestra verdad destacará. Mutismo de la razón, una nueva falsedad.
Queremos creer que quien no habla, poco tiene que aportar. Olvidamos que la frase más sabia es la aún no pronunciada. Proclamamos las virtudes de una libertad de expresión que, sin avisar, dejó atrás a todo el que calla, al que eligió el último turno cediendo en nuestro favor, su palabra. Ignorar este silencio es la afonía del corazón.
Temo dejar de escuchar mi propio silencio, ese susurro que aparece sólo tras tu voz, la mía o la de otros. Mudez de las ideas. No es cuestión de respeto, buenas formas o tratados de educación siquiera, es la única manera de cancelar el eco que reverbera entre sueños, soluciones o problemas. Omisión, disimulo, misterio. Quizá temamos enfrentarnos al silencio.
Seguiré buscando entre los secretos que no callan. Escuchar cada pausa. En este camino, el silencio sólo enmudece con el ruido de las lágrimas.
Diplomacia binaria
Los elogios motivan, animan, incluso a veces se necesitan. Hasta el ego mejor educado agradece los halagos. Creo que negarlo no demostraría nada salvo una humilde suprema arrogancia. Es el tipo de confianza que permite arropar las ideas de cierto sentido, poder hablar de “nuestro” en lugar de “mío”. El reconocimiento es tan necesario como el punto de vista alternativo.
No sé en qué momento se definió afinidad entre el cero y el uno. Me gusta o no me gusta. Positivo o negativo. Mientras somos capaces de sintetizar ideas complejas en unos pocos caracteres, limitamos las opiniones a tan sólo dos opciones. Es defender un modelo colaborativo en el que si no estás conmigo, eres enemigo. Un comentario, un tweet o un mensaje de muro se acaba convirtiendo en un lienzo con una paleta de blanco y negro. La auténtica participación comienza al dar color a la conversación.
Escaso sentido, construir puentes por donde no pasa río. Incluso si todo no fuera más que una simple estrategia en la que buscamos posicionarnos, cuanto mayor es la visibilidad, mayor es el miedo a pronunciarnos. Lo que debería ser una simple opinión ahora es la condena de nuestra reputación. Prefiero quedar en ridículo antes que presidir un conocimiento oligárquico.
Realmente desconozco si es falta de tiempo, atención o cierto respeto a llevar la contraria. Sin término medio entre la crítica y la alabanza, si no estoy completamente de acuerdo, diplomacia. La diversidad de opiniones es ese otro ángulo que siempre ha posibilitado nuevas fuentes de creatividad, innovación o incluso conocimiento por imitación de lo ajeno. En ausencia de una nueva visión, el contenido siempre será estático por más nodos y redes que atraviese. Ya sean unas pocas palabras o una red de blogs, sin una pausa para la reflexión, sin interacción, esa creación de valor que echamos en falta será aún menor. La razón, injusto premio para el autor.
Recuerdo con cierta nostalgia aquellas charlas donde lo que menos importaba era el centro de la discusión. Puro ingenio del que pretendía llevar la razón. El gusto por debatir.
Más que un hábito
Confianza. Seguridad en uno mismo o en las propias cualidades. Credulidad, decisión, determinación. Trato amistoso. En confianza, entre nosotros.
Cada mañana despierto en un mundo se presenta a sí mismo como experto en antropología. No seré más que un iletrado, un analfabeto de la cortesía, incapaz de prejuzgar o valorar un buenos días. Entre seguir debatiendo los motivos sombríos que pusieron de acuerdo educación y empatía, prefiero aceptar que en un simple saludo se cruzan dos vidas: la tuya y la mía.
Cambian los tiempos, los momentos. El sentido común permanece inquieto. Nos sorprende lo evidente, más allá de tecnología, el simple hecho de haber transformado lo inaccesible en cercanía. Tan sólo hemos cambiado de categoría, de arquitectos de sueños a constructores del día a día. Es más que evidente que aquellos vínculos entre personas, lo llamados lazos débiles, cada vez se tornen más fuertes.
Las relaciones ahora se basan más que en hechos, en palabras. Desconfiar de algo o no confiar en nada. Un entorno dinámico multiplica la probabilidad de la elección equivocada. Ser conscientes de que existe algún riesgo no implica que conozcamos todas las ventajas. Prefiero firmar un interrogante a la afirmación que se tambalea. Es la confianza del ingenuo frente al temor del incrédulo.
Ante el silencio cualquier pregunta se encuentra oculta, vacía. Si la afinidad es un secreto que cobra vida en compañía, convertirse en confidente es quizá la respuesta a un buenos días.
Un nuevo escenario
Coincidencia. Ocurrencia de dos o más cosas o personas a un tiempo. Igualdad de formas, intereses, opiniones, etc. Esta mañana ha coincidido este post de Manel con las ideas que anoche rondaban desordenadas en mi cabeza.
Esta es una realidad interconectada donde los nodos ya no son grafos sino personas. Nos centramos en calcular el impacto, la repercusión o la difusión de simples extractos, en ningún caso nos abstraemos y entendemos que el conjunto es más que una suma de visitas, comentarios o menciones. Es un nuevo nivel de conciencia, la verdadera responsabilidad social, la cual defendemos y exigimos en textos, citas y manifiestos al mismo tiempo que declaramos intangible. No preciso una cifra exacta ni una unidad de medida exclusiva para saber que en pocos milisegundos una simple frase recorre el mundo y tiene impacto en al menos una vida.
No necesitamos la respuesta perfecta a la pregunta incorrecta. Agotamos nuestros esfuerzos intentando demostrar que dos más dos son tres, sin primero comprender por qué o para qué dicha convención se estableció. Patentamos nuestro deseo de destacar. Por regla general, abrir una brecha, marcar un antes y un después, no es la demostración universal de lo equivocados que otros están, es la consecuencia de la comprensión y resolución de un problema real.
Seleccionamos un rol, siempre lo hacemos. Modelamos nuestro reflejo en función de las figuras que nos representan, las mismas que nosotros escogemos. No delegamos responsabilidades sino miedos. Esa conciencia artificial que entre todos hemos creado se ajusta a un criterio de estabilidad, no de realidad. Parecemos temer la inminente cercanía de una voz hasta ahora desconocida que desequilibre nuestra balanza, la que media entre el todo o nada.
Simplificar. Contemplar la unidad mínima. Al negar la evidencia, limitamos las respuestas. Todos confiamos en que tarde o temprano se caerán las caretas, pero sólo las ajenas, no las nuestras. Dejar de ser la proyección de nuestros miedos, con la misma solidez que su sombra, requiere asumir riesgos. Si somos actores forzados deberíamos saber, al menos, que ha cambiado el escenario.








