La réplica imperfecta
Mudanza. Cambio de casa o habitación, generalmente con muebles y pertenencias. Inconstancia en afectos y decisiones, cambiar de opinión. Transformación.
Nuestros recuerdos, aquellos que poblaban cajas, estanterías y libretas, ahora se indexan en la nube o en carpetas. Quizá sea evolución, optimización del espacio físico y mental, no necesitamos esforzarnos en memorizar aquello que podemos encontrar con suma facilidad. Mientras creemos que lo digital nos permite hacer una copia exacta, olvidamos lo complejo de replicar el momento, su instantaneidad.
Entre manuscritos, bocetos y diagramas inacabados encontramos ideas del pasado. Nada se olvida, simplemente nos cuesta rescatarlo. Recuperamos información por asociación, no es de extrañar que un simple garabato nos evoque una situación del pasado, ya que forma parte de ese contexto original. En estos últimos años, la mayor parte de mis trazos y esbozos están escritos en binario, formando el historial digital que ahora necesito trasladar.
Estos días, entre polémicas sobre modelos freemium, contenidos propios alojados en propiedades de terceros y migraciones forzadas como la que ha propiciado Ning, no he podido evitar pensar en cómo afectará este cambio, más allá de entornos, curvas de aprendizaje o interminables backups. Todo es contextual. A fin de cuentas, no hay plan de contingencia que lo deje todo como está.
Desde hace algún tiempo, nombro de forma irónica mi comportamiento como un “Síndrome de Diógenes Digital”. Me cuesta deshacerme de un marcador, de una simple línea escrita en el bloc de notas, de mil desarrollos comenzados, pero no acabados, los que forman el histórico sobre este teclado. Todos esos elementos acaban en carpetas desordenadas o circulan por la red sin saber exactamente cómo, dónde o por qué, siempre aderezados con un “ya los borraré”.
Al mirar de nuevo a la estantería, comprendo este gusto por el caos, por la entropía. Hay comportamientos que jamás cambiará la tecnología. Seguiré "copiando archivos" mientras soy consciente del carácter único, irrepetible de esta percepción. Mi auténtica percepción.
La otra definición
Escribir. Representar conceptos o ideas mediante letras o signos convencionales. Componer música, libros o discursos. Comunicar. No hace falta seguir buscando para saber que mi acepción no está en diccionario.
Silencios rotos, desgarrados en su día quebraron el ritmo descompasado que quiso marcarme cómo vivir. Al compás de una partitura inmensa en el que el director de orquesta es tan sólo aprendiz, nadie puede enseñar qué es transmitir. Esta vida es un pentagrama que golpea en cada nota una gota de ti.
Atrás dejo lecciones, elecciones y métodos sobre qué o cómo se debe escribir. Borrar mis palabras, tacharlas, olvidarlas, incluso yo mismo, darle la espalda. No me hace falta saber la importancia de un solo momento contigo o sin ti. Aunque pudieran negarme estas letras, nunca podrían enseñarme a sentir.
Cada letra lleva impresa lágrimas mudas y sonrisas inquietas. Camino entre las líneas sin rumbo, a veces, sin llegar a ningún lado. El corazón desorientado no mira en un mapa por donde seguir sino que descubre lo cerca o lo lejos que se encuentra de sí.
Entre los trazos presentes de vida están los que no quiero dejar escapar, verlos huir. Expresarlo como lo siento, vivirlo como lo pienso. Para mí, eso solo, sólo eso, puede ser escribir.
La eterna espera
Azar. Casualidad, caso fortuito. Al azar, sin rumbo ni orden. Salir mal es salir al azar. Desde hace ya algún tiempo parece que tanto mi suerte como mi destino se aliaron de lo imprevisto.
Puede resultar irónico, pero decidí volver a escribir para agilizar la recuperación tras operarme del antebrazo derecho. Sinceramente, se complicó. Hace poco me comunicaron la escasa utilidad de la rehabilitación, por lo que decisiones, quirófanos y espera son las que a veces me separan de estas líneas, de estas letras.
No existe dolor que pueda callar las ideas, mermar la ilusión, anestesiar la esperanza. En cada silencio descubro algo nuevo, ya sea mío, tuyo, nuestro. El presente no tiene un único dueño, ni siquiera le pertenece al tiempo. Seguiré construyendo el mío en base a futuros recuerdos.
He aprendido que cada vida es un puzle con nombre propio, en el que ni sobran ni faltan piezas, simplemente se complementan, se modelan, no a tu ritmo ni al de otros, sino al de todos. Un compás de infinitas partituras, de contadas notas. Eterna sinfonía que a veces dejamos de escuchar, de soñar. Si la puesta en escena es siempre ahora, no trates de fingir, de actuar, sólo tienes ocasión de interpretar tu papel, el que marca el mismo guión que siempre guía el corazón.
Puede que sea cierto, a pesar de todo, conmigo es todo o nada, pero así lo prefiero. Así lo elijo, o quizá por mí lo eligieron. Mientras siga en mi vida un poco de esa nada seguiré luchando por ese todo. Con nadie, con todos. En esta eterna espera ya no busco caminos, veredas o senderos, tan sólo dame terreno y llegaré más allá, más lejos.
Reverberación
Eco. Repetición de un sonido por la reflexión de las ondas sonoras, que se percibe débil y confusamente. La monotonía es el eco de nuestras vidas.
Cada mañana la vida te despierta con una nueva mudanza. Crees que todo sigue igual. También piensas que todo cambia. El eco del tiempo, el de los segundos que pasan. Aunque puedas medir los metros que recorras, nunca te acercas y te alejas en la misma proporción. Ser consciente no es decirle al pasado adiós, es saludar al presente.
Evito hablar solo, en voz alta, para no distorsionar las palabras golpeadas contra muros y paredes que se apartan con la simple mirada. Compartir es difundir, propagar, buscar la resonancia de la ilusión que nunca calla. No hay peor silencio que el eco de la propia palabra. Ideas encerradas que tiemblan y se apagan.
Tratar de llevar el control de tu vida implica renovarse cada día. Deja a un lado ruidos, confusiones, diálogos rotos. Escucha. Nada sigue igual. A cada instante, todo cambia. El corazón mudo, privado de eco, es el que silencia, el que te aparta.
No es necesario gritar, tan sólo buscar la correcta entonación que a cualquier volumen, en cualquier habitación, responda con el eco verdadero, el que se dibuja con reflejos de tu voz.








