28oct/11

Fotografía: Víctor Nuno
Sombra. Clandestinidad, anonimato, desconocimiento público. Penumbra, perfil, silueta. Ignorancia traspasando trazos y letras.
Veo un icono. Sonriente. Suena una voz. Resquebrajada. A ritmo, que no compás, de una extraña y casi obligada felicidad grupal. Trasvase de frases, citas, proverbios y criterios para mejorar. Demasiados casos en los que nosotros, no otros, fracasamos simular. Dejarse llevar no es dejarse arrastrar.
Nunca entendí las cadenas forzadas de bienestar. Sonreír aun cuando tu espejo se apena de ti, dejando tu reflejo atrás. Alegrías forzadas, alegoría del futuro que en recuerdo se dejó claudicar. Redefinimos lo simple, lo más humano, en una debilidad que sortear. Evitar, negar, rechazar. La apariencia se convierte en una técnica de ensayo continua, no puntual.
Luces que oscurecen sombras, avatares que entre engaños se deforman. Es un riesgo pretender que, por sí solas, las palabras nos cambien. Modificamos sensaciones, percepciones, intentando encajar en un concepto ajeno de realidad. Sería el placebo perfecto si no tuviese caducidad. Efectos secundarios tras la pausa, la tecla que deja de sonar.
No hay destino sin camino, ni retorno posible sin huella. Hasta ahora objetivos esperados, nunca definidos. Sigo sin querer por bandera mi sino, tan sólo lo que persigo.
23jul/11

Fotografía: Víctor Nuno
Color. Sensación producida por los rayos luminosos. Pintura, sustancia con la que se pinta. Viveza, matiz, carácter. Paletas que se desgastan del mismo lado.
Tiempo alejado de estas líneas, quizá demasiado. Dos o tres tecnologías al menos, varias revoluciones, unos pocos de silencios y algún que otro desconsuelo. Como siempre, todo, nada nuevo. Calor al son de un mismo color.
Teoría de conjuntos que va convirtiendo la intuición, elemento más elemento, en un simple sumador. De seguidores, seguidos y el supuesto recién conocido amigo. Defino nuevos círculos, nosotros, contigo. No conozco el desconocido.
Una lógica que no entiende de razón, de relación. Principio o fin de la privacidad, comienzo o término de lo social. Conceptos tiznados de un pasado erróneo, equivocado. Seguimos aprendiendo modelado. Espejos y hábitos.
No quiero relatos que recordar, ser preámbulo o final. Tan sólo dame un nuevo renglón y escribe, escribamos los dos.
17jun/10

Fotografía: Víctor Nuno
Reflejar. Manifestar o hacer patente una cosa. Sentir un dolor en una parte del cuerpo distinta a aquella en que se originó. La indiferencia es la proyección en opaco escenario.
Olvidamos que jamás se parte desde cero, imitamos, absorbemos, distribuimos conocimiento. Querer crear es querer reflejar. La búsqueda de la copia perfecta, inimitable, propia, nuestra. Cada vida es una larga lista de atribuciones sin licencia.
Limitar, separar, marcar con nuestro sello, nuestra huella, tomar propiedad. La sonrisa que acompaña el café de la mañana, el recuerdo que dormita entre suspiros de almohada. Son destellos, respuestas a otros brillos, reacciones al estímulo que tomamos como nuestro. No existe terreno ajeno que no pueda alcanzar nuestro reflejo.
Creadores de opinión, amplificadores, conectores. Nuevos tiempos, nuevos términos. Una era que del mundo hace su particular audiencia exige inmediatez en la respuesta al improvisado interlocutor. Sólo la destreza convierte al eco en criterio propio. Cuando sobran los destellos, innovar es simplificar entre reflejos.
Creemos estar progresando mientras compartimos los mismos resultados. Seguimos siendo espejos. Eso no ha cambiado.
7may/10

Fotografía: Víctor Nuno
Caminar no es sólo dejar atrás. Perderse entre huellas, pisadas, momentos, incluso encontrar el secreto indiscreto que sólo aparece al cruzar las palabras. Nuevos vecinos atraen las miradas. En este barrio es complicado que nadie se preste a facilitar la mudanza. Incluso se alerta que tras las buenas maneras, a veces se esconde carnaza.
Casi todos veníamos de paso. Por cercanía, por probar. Nadie nos avisó que tan sólo con saludar se nos ofrecía nuestro propio lugar. Un patio de vecinos tan pequeño como singular, en el que denominarse líder era tan ridículo como absurdo. Lo importante era pasar en compañía el primer café del día, nombrarse camarero antes que dueño. Hacer de improvisado mensajero, ocupar el puesto de periodista que daba a conocer su particular primicia llamando casa por casa.
Siempre queda aquello que ni siquiera el tiempo cambia. Crecía el número de vecinos a la par que las protestas por el ruido. Curiosas denuncias al viento de los que hablan desde su atalaya. Pocos se lo toman en serio, mientras sonríen al encajar sus ventanas. En el fondo todos pensamos que la tranquilidad es propia de la montaña. Aquí pedir protagonismo es insonorizar tu propia palabra.
Era de esperar que con los años prodigaran los compradores de almas, aquellos que prometen a cambio la mejor vista desde la mejor casa. Charlatanes de inmobiliaria que al poco tiempo bien merecieron su fama. Gracias a los fallos ajenos se estableció una política correcta basada en la coherencia, 140 letras para el primer pago de la hipoteca. Comerciantes y empresas fracasaron en su intento de monopolizar la venta. Todo el mundo sabe que en una pequeña barriada los logotipos y las marcas no hablan. Se sigue buscando al tendero, el artesano del cara a cara.
Un barrio que no distingue entre edades, méritos académicos o la raza de los avatares forma parte de nuestro diario. Sorprende que algunas causas sean no sólo escuchadas sino apoyadas. Nunca será suficiente, es cierto, el tópico de “algo es mejor que nada” no siempre basta. Al menos aquí las voces no callan. No sé si será más ilógico llamarlo refugio, proyección o quizá imaginación compartida. Quizá tarde o temprano nuestro indiscutible carácter humano acabará viciando por completo este, nuestro barrio. Mientras tanto cada mañana seguiré saludando a los nuevos, a los ajenos, provisionales vecinos eternos.
Por mi parte recordaré que hubo un tiempo en el que sentirse arquitecto de sueños sólo requería estar en movimiento. Siempre paseando, caminando. De alguna forma, avanzando.
29abr/10

Fotografía: Víctor Nuno
Confianza. Seguridad en uno mismo o en las propias cualidades. Credulidad, decisión, determinación. Trato amistoso. En confianza, entre nosotros.
Cada mañana despierto en un mundo se presenta a sí mismo como experto en antropología. No seré más que un iletrado, un analfabeto de la cortesía, incapaz de prejuzgar o valorar un buenos días. Entre seguir debatiendo los motivos sombríos que pusieron de acuerdo educación y empatía, prefiero aceptar que en un simple saludo se cruzan dos vidas: la tuya y la mía.
Cambian los tiempos, los momentos. El sentido común permanece inquieto. Nos sorprende lo evidente, más allá de tecnología, el simple hecho de haber transformado lo inaccesible en cercanía. Tan sólo hemos cambiado de categoría, de arquitectos de sueños a constructores del día a día. Es más que evidente que aquellos vínculos entre personas, lo llamados lazos débiles, cada vez se tornen más fuertes.
Las relaciones ahora se basan más que en hechos, en palabras. Desconfiar de algo o no confiar en nada. Un entorno dinámico multiplica la probabilidad de la elección equivocada. Ser conscientes de que existe algún riesgo no implica que conozcamos todas las ventajas. Prefiero firmar un interrogante a la afirmación que se tambalea. Es la confianza del ingenuo frente al temor del incrédulo.
Ante el silencio cualquier pregunta se encuentra oculta, vacía. Si la afinidad es un secreto que cobra vida en compañía, convertirse en confidente es quizá la respuesta a un buenos días.