Un pequeño giro
Cambio. Es tan sólo mencionarlo y nos asalta el pánico. Si funciona no lo toques, déjalo como está, déjalo estar, el tiempo decidirá.
Velocidad es igual a espacio partido por tiempo. Intentamos recordarnos a diario el vertiginoso ritmo del cambio, el que no cesa, incansable, a la par que nos aferramos a lo que consideramos premisas básicas, inmutables. Queremos pensar que evolucionamos hablando de física cuántica pero dejando para las demostraciones la mecánica clásica.
El mayor obstáculo para la innovación es el propio ser humano. El temor a lo desconocido, ese azaroso culpable que queremos creer que nos exime de ciertas responsabilidades, nos basta para justificar cualquier conducta cobarde. Los problemas más complejos tienen a veces soluciones triviales.
Puede sonar paradójico, pero la mayor revolución podría estar condicionada a una simple evolución conceptual en diferentes ámbitos, donde el más suave movimiento pudiese resultar tan violento como drástico. Es más simple inducir a un error de percepción que tratar de reinventarnos. Cambiar la unidad de medida, no contar en segundos el tiempo. Dar por hecho que la velocidad es una constante o que la distancia entre personas es sólo un momento.
En mi caso hoy todo está a treinta años o a un "ahora" de lejos. Hacerlo más simple, como pensar "a cuántas palabras te encuentras de mí".
Al menos una razón
Anticipación. Un virtuoso violinista siempre decía que la mejor improvisación, era la no improvisada. Expresión, silencio, giro, gesto. A ojos del mundo el tiempo se para con destellos de genio que invaden la sala. Para el músico, nada cambia. Su talento se pierde entre emoción preparada. Un, dos, mira el reloj. Así empieza esta interpretación.
Lejos de estar estudiada, anoche comenzaba esta expresión de la realidad. Diferentes respuestas a un mismo estímulo que serían imposibles predecir con antelación. Preocupación, complejidad, agradecimiento, reflexión. En este escenario no hay papel principal, la actuación no es tal, es interacción.
Sigamos con metáforas, símiles, excusas para seguir justificando este miedo al cambio. Lo digital, déjalo lejos. Crea términos como “desvirtualizar”. No podemos permitir que una serie de desconocidos nos feliciten el cumpleaños o nos pregunten "cómo estás". Coloca otra barrera, no dejes que esto te afecte. Recuerda que no son más que avatares carentes de vida. Jamás podrían suplantar tu entorno levantado con impactos de realidad. Mira el reloj. Tres, cuatro, percepción.
Entre fracasos y miedos, bosquejados esbozos de humanidad . No, eso no es preocupación. Recordatorios automatizados tan falsos y desvirtuados que se alimentan de ego para ser ejecutados. No es más que una estrategia, el quiero y no puedo de la identidad digital. Si todo es tan irreal, ¿por qué seguimos aquí?
Entre tanta autoestima, creemos tener tanto que ofrecer que el mundo ríe y llora en torno a un continuo paripé. De nuevo el reloj. Cinco, seis, aquí eres el rey.
Aprendiendo a opinar
Crítica. Usamos diferentes términos para suavizar la censura, el juicio impropio, el dulce reproche. Entre comentarios y apreciaciones, reprobamos lo ajeno. Si no lo comparto, lo condeno.
Un señor con bata blanca, perdón, quise decir facultativo, se molestó por mi definición particular de una anormal sensación. Parestesia. Sólo un insensato como yo podría demostrar semejante atrevimiento, usando el término correcto que aparece en diccionario. Su contestación fue tal que así: “¿Eres médico? Entonces no uses terminología médica”. De acuerdo, debería haber usado algo más sencillo, hormigueo, adormecimiento, en ningún caso hacer gala de mis limitados conocimientos.
En cierta forma a todos nos molesta el intrusismo mental. Esto es, nadie tiene "derecho a opinar" sobre lo que consideramos fuera de su ámbito de competencia. No aceptamos que detrás de una mesa de oficinista se puedan esconder consejos a emprendedores. Ni por supuesto que un "simple" peón compare su esfuerzo con el de un directivo. ¿Ellos qué sabrán?
Esto no sólo se aplica al terreno profesional, es más bien algo personal. Siempre es personal. Me gustan los debates, las críticas, poner a prueba mi capacidad de respuesta. En ningún caso para demostrar, sino para tomar conciencia. Sin embargo esta ambivalencia me ha permitido exhibir que mi conocimiento está sujeto al criterio de los demás.
Es la primera vez que me cuestiono los motivos que me llevan a opinar. Hasta hoy, estaba fuera de mis competencias razonadas. Todos tenemos la capacidad de opinar, no así su potestad. Cambiaré el discurso, tornaré los hábitos, lo plural es ahora singular. “¿Yo qué sabré?” me preguntaré antes de sentenciar.
Decálogo de un punto uno
Decálogo de un punto uno:
1. No intentes clasificarte.
2. Eres la versión más actualizada de ti, no la mejor.
3. No existe un mundo real hasta que lo empiezas a compartir.
4. Hacer de la vida una estrategia te convierte en su peor enemigo.
5. Lo racional no es la respuesta, es el planteamiento.
6. La solución no es más que la consecuencia de una pregunta.
7. No existe método sin limitación.
8. La herramienta más eficaz está implícita en la compresión.
9. La felicidad es un concepto que obedece al deseo de encontrarlo.
10. Ningún conocimiento te pertenece. Todos pertenecemos a él.
"No dependo de este decálogo. Él depende de mí. Está escrito ahora porque el mañana siempre comienza hoy. No es una declaración de intenciones ni una definición. No tiene dueño ni licencia. Se puede modificar, adaptar, refutar, seguir, leer, olvidar, compartir. Puedes hacer el tuyo. Este es el mío, aunque no me pertenezca a mí".
A modo de comentario: Followfriday
A diario, todos tomamos decisiones. De mayor o menor importancia, pero son decisiones. Cuando te llevas tanto tiempo alejado de algo que te apasiona, como es en mi caso la filosofía dospuntocero, lo lógico es que cuanto menos, esperes grandes cambios.
No siempre entendemos con un criterio único las iniciativas que se proponen. Para mí, #followfriday es un método excelente para dar a conocer y presentar personas. No me gusta usar el término seguidor, ya no pretendo que me “siga” nadie. Tiene una connotación negativa, a mi parecer. Sé que es una traducción literal, no intento maquillar el lenguaje, simplemente emplear las palabras oportunas dentro de mi limitado conocimiento. No es lo mismo ser interesado que estar interesado, tener un interés o interesarse.
Los rankings fomentan la participación y a su vez, incitan a la competitividad, la cual considero beneficiosa siempre que sea sana. Pero incluso en el mejor de los casos, presentan una serie de inconvenientes que me han hecho replantearme una serie de cuestiones. Si bien es un auténtico honor ser mencionado, tener la opción de recomendar es aún mayor.
Quizá sea un problema conceptual mío, pero estamos entrando en una espiral un tanto peligrosa, nociva y condicionante. Nunca ha sido mi intención buscar el agradecimiento recíproco, parece que en algunos casos estamos obligando a "si yo te recomiendo, tú haces lo propio conmigo". No es por cuestión de falta de méritos, es su carácter unidireccional, al final parece que te estés votando tú mismo. Esto puede ser sólo anecdótico, pero con miles de personas haciendo lo propio durante horas el mismo día, ese valor diferencial y especial que le veo a Twitter, queda relegado a un segundo plano. A duras penas ha sido posible encontrar comentarios o referencias ajenas a #followfriday estos viernes pasados. Y como colofón, lo que sí me ha afectado en un plano estrictamente personal, ha sido descubrir que hay personas que se han sorprendido por el simple hecho de ver cómo les respondía, ya que "alguien en mi posición" rara vez lo hace. La primera vez te llama la atención, piensas que habrá sido una malinterpretación. Pero si se repite, como ha ocurrido, se convierte para mí en un problema. No busco un beneficio personal a base de golpes de ego, tan sólo disfruto conversando, compartiendo y conociendo nuevas personas. Si esto es para un uno por ciento un impedimento o una pequeña barrera para contactarme, no lo quiero.
En mi caso, soy un desconocido, no soy "nadie", lo cual me hace pensar que quizá esa cercanía que se pretende mostrar no sea igualmente visible para todos. Quien me haya podido conocer un poco en este tiempo sabrá que tanto teléfono como demás métodos de comunicación están disponibles para ponerse en contacto conmigo, para charlar, echar una mano o cualquier otra cosa en la que pueda contribuir.
Sorprendido y más que agradecido por esta acogida, considero que ya es mucho el esfuerzo y el reconocimiento que se me ofrece a diario como para merecer directa o indirectamente más. Disfruto de más tiempo libre que la mayoría de vosotros y creo que no es justo tal y como yo concibo el #followfriday que de alguna forma me vea beneficiado de esta situación. Cada día es posible leer que en Twitter "hay mucha gente que vale la pena". Pero si cerramos ese círculo nosotros mismos, al menos yo no estaría predicando con el ejemplo.
Antes de agregar a cualquier persona me paro a leer su biografía, su perfil, su blog, su página corporativa. Le dedico más tiempo a eso que a escribir posts. El resultado es evidente, todos aportáis. Sin distinción. Es una gran suerte, tan sólo espero que nadie se moleste por esta decisión. Mi último #followfriday es para todos y cada uno de los que componéis hoy ese pequeño gran tributo diario. "Por todos los motivos que hasta ahora no soy capaz de sintetizar en 140 caracteres. Ni creo que podré".







