José Luis Gato
3may/10

Diplomacia binaria

Diplomacia binaria

Fotografía: Víctor Nuno

Los elogios motivan, animan, incluso a veces se necesitan. Hasta el ego mejor educado agradece los halagos. Creo que negarlo no demostraría nada salvo una humilde suprema arrogancia. Es el tipo de confianza que permite arropar las ideas de cierto sentido, poder hablar de “nuestro” en lugar de “mío”. El reconocimiento es tan necesario como el punto de vista alternativo.

No sé en qué momento se definió afinidad entre el cero y el uno. Me gusta o no me gusta. Positivo o negativo. Mientras somos capaces de sintetizar ideas complejas en unos pocos caracteres, limitamos las opiniones a tan sólo dos opciones. Es defender un modelo colaborativo en el que si no estás conmigo, eres enemigo. Un comentario, un tweet o un mensaje de muro se acaba convirtiendo en un lienzo con una paleta de blanco y negro. La auténtica participación comienza al dar color a la conversación.

Escaso sentido, construir puentes por donde no pasa río. Incluso si todo no fuera más que una simple estrategia en la que buscamos posicionarnos, cuanto mayor es la visibilidad, mayor es el miedo a pronunciarnos. Lo que debería ser una simple opinión ahora es la condena de nuestra reputación. Prefiero quedar en ridículo antes que presidir un conocimiento oligárquico.

Realmente desconozco si es falta de tiempo, atención o cierto respeto a llevar la contraria. Sin término medio entre la crítica y la alabanza, si no estoy completamente de acuerdo, diplomacia. La diversidad de opiniones es ese otro ángulo que siempre ha posibilitado nuevas fuentes de creatividad, innovación o incluso conocimiento por imitación de lo ajeno. En ausencia de una nueva visión, el contenido siempre será estático por más nodos y redes que atraviese. Ya sean unas pocas palabras o una red de blogs, sin una pausa para la reflexión, sin interacción, esa creación de valor que echamos en falta será aún menor. La razón, injusto premio para el autor.

Recuerdo con cierta nostalgia aquellas charlas donde lo que menos importaba era el centro de la discusión. Puro ingenio del que pretendía llevar la razón. El gusto por debatir.

1may/10

Una historia dospuntocero

Una historia dospuntocero

Fotografía: Víctor Nuno

Generar colaboración. Lo estático en dinámico, lo individual en colectivo. Es de difícil comprensión que tan brusco cambio todavía necesite ser recordado a diario.

Un blog se alimenta de contenidos, como cualquier otra realidad o proyecto. Que el dominio lleve mi nombre no quiere decir que sea sólo mío. Así lo entiendo y lo defiendo. Interacción es participación, incluso reparto de beneficios. Este evolucionado principio prueba que hablar con el espejo, llega a ser aburrido.

Al inicio de esta bitácora tuve ocasión de coincidir con Víctor Nuño en Flickr, el colaborador que firma el encabezado de la mayoría de estas entradas. La exposición frente a la galería, la imagen o la fotografía. La red se humaniza y evoluciona sólo cuando tras un nombre predomina actitud frente a tecnología.

Tras usar algunas de sus fotografías decidí mandarle un email para asegurarme de estar cumpliendo no sólo con una licencia Creative Commons, sino para felicitarle por su trabajo y agradecerle ese aporte del cual hoy día me sigo beneficiando, o quizás nos beneficiamos. Que me perdone por hacer pública parte de su respuesta, pero no deja de ser para mí una sorpresa que reconociera que no era habitual recibir “mensajes como este que, sinceramente siempre alegran”. No existe el código deontológico o el manifiesto que obligue el agradecimiento ni a su vez confrontación moral o ética que impida hacerlo.

Han pasado meses y tengo la satisfacción de haber "ganado" mucho más que un lector. Memorizadas sus instantáneas, las asocio a mis ideas. Ese vínculo casi invisible no ha requerido encuentros, conversaciones o avanzadas herramientas colaborativas. Primero mail, luego Twitter. Para mí supone más que una pestaña en favoritos o un RSS con las actualizaciones. Es dedicarle tiempo no sólo a tratar de comprender lo que expresa una persona y su obra, es de algún modo, formar parte de ella. Un comportamiento que se convierte en bidireccional, llevando incluso a detalles en lo personal que sin duda agradezco y se agradecen. El aporte que se ofrece en ausencia de necesidad representa el auténtico ganar-ganar digital.

Quizá muchos piensen que es excesivo escribir un post para un simple gracias. En mi caso no valoro sólo esfuerzo, empatía o aprovechamiento. En un mundo donde la proporción entre generadores de valor y beneficiarios de contenidos es tan desigual, esto me ha supuesto una verdadera clase magistral.

No pretendo hacer una apología de la participación dospuntocero, las atribuciones, las licencias o  lo maravilloso que sería el mundo si cumpliésemos los ideales que defendemos. Nos encanta hablar de la Web 3.0, la Web inteligente, el predominio de la semántica. Mientras sigamos desatendiendo el verdadero factor humano la Web puntocero será la Web de la ignorancia.

Humanizar la tecnología es nuestra magia del día a día. Gracias a los que demuestran que no es ninguna utopía.

27abr/10

En unos pocos metros

En unos pocos metros

Fotografía: Víctor Nuno

Distancia. Espacio o periodo de tiempo que media entre dos cosas o sucesos. Alejamiento afectivo. Diferencia entre unas cosas y otras. Lejos o de lejos guardamos las distancias para evitar la excesiva confianza.

La tecnología no une a las personas. Ni las acerca o las aparta. Posibilita, pero no fuerza. Facilita, pero no obliga. Estamos proyectando sobre un terreno todavía inexplorado tantos caminos que desorientan incluso al más aventajado. Por más que queramos no podemos delegar nuestro dinamismo a lo inanimado. A fin de cuentas, de nada sirve levantar puentes que no serán atravesados.

En los trayectos digitales los pasajeros son las ideas y nosotros el equipaje. Es la verdadera magia puntocero, la que trasciende a lo asimétrico, concéntrico o paralelo. Esto no es innovación de escuadra y cartabón. El mayor riesgo para la perdurabilidad de este modelo es la desconfianza en lo ajeno, lo lejano, en exponernos al propio ser humano. Consciente de ello, la única métrica que acepto es la que marca distancia cero.

Entre tanta embarcación, capitán y comandante una simple barca y unos remos nos permiten llegar más lejos, incluso antes. La paradoja del navegante que nunca quiso ser marinero. Nos estamos especializando en una gestión del conocimiento que olvidó codificar la parte humana del proceso. Necesitamos todavía tiempo para asimilar que la distancia entre personas no se mide en grados o metros, sino en afinidad de pensamientos. Que nos siga sorprendiendo, pero que no nos impida aprovecharlo.

De nada sirven las herramientas sin el factor humano. Para intercomunicar el planeta, primero tuvimos que conectar el cable en la roseta. Sigamos conectados.

21abr/10

Las ideas mudas

Ideas

Fotografía: Kipp Baker

Depender. Estar subordinado a algo o alguien. Necesitar de la ayuda y protección de otra persona o de otra cosa. La conectividad marca la nueva exigencia para existir o tener lugar.

Durante años he intentado controlar el uso de determinadas herramientas para mantener cierto equilibrio entre creatividad, innovación y productividad. Más que por autosuficiencia, por la firme creencia de que si “dependes de” estás “condicionado a”. En algún momento se tornó el hábito. Hemos pasado de ser esclavos de la tecnología a convertirnos en parte activa. De simples clientes a socios de la compañía.

Estos últimos días han sido un reflejo de querer y no poder. Motivos técnicos, que dirían otros. Descartado el método clásico basado en lápiz y papel, he sido incapaz de dejar constancia del más simple pensamiento. Realmente el problema no era el formato, sino el medio. La instantaneidad y la posibilidad de comunicar son ahora claves en mi motivación personal.

Cualquier idea cobra vida en el momento en el que se empieza a compartir. Esto, de por sí, debería ser suficiente galardón, sin esperar aplausos, portadas o palmadas en la espalda. Parecemos no recordar que esas miles de voces que ahora gritan a lo dospuntocero, durante años permanecieron mudas, acalladas, jamás pronunciadas.

Aportar exigiendo algo a cambio es un paso firme hacia la nueva fórmula de la ignorancia. Para mí, el auténtico analfabeto digital es el que teniendo las habilidades y competencias necesarias, no es capaz de relacionarse, aprender e interactuar en un entorno social. Sin  diferenciación, ya que cada día es más complejo delimitar dónde empieza lo analógico y dónde termina lo virtual.

No sería capaz de formular frases sin contar al menos con una palabra. Al igual que los proyectos serían sólo textos si no existiese la implicación humana.

6feb/10

A cámara lenta

Guitarra

Fotografía: Víctor Nuno

Técnica. Colocar el metrónomo, agarrar la púa y comenzar a tocar. Patrones memorizados repetían una y otra vez los mismos movimientos a lo largo del mástil. Entre trastes no hay margen para el error.

Siempre me he valido de mis años de estudio de guitarra como referencia para evaluar la correcta ejecución de cualquier tarea diaria. El virtuosismo no debería asociarse con exclusividad a la música. El conocimiento es la mayor expresión de arte.

Cuando llegas a un determinado nivel, se hace más difícil medir el progreso. No es de extrañar que te llegues a obsesionar y que la mejora continua requiera un esfuerzo exponencial. Cuando crees dominar a la perfección un proceso, se llega a confundir eficacia con velocidad. Veinte notas por segundo, la base mínima para practicar. El exceso de concentración llega a aislar de la realidad.

Todos los sentidos se agudizan a tal extremo que llegan a distorsionar. Escuchar, ver o sentir acaban perdiendo su esencia natural. No puedes percibir lo que tu mente no llega a interpretar. Un día cualquiera escuchas una grabación propia y te preguntas de dónde surgen tantos errores. La respuesta sólo llega con la serenidad. Acelerar cualquier acción conlleva un riesgo alto, agiliza también los fallos.

Lo comparo con un amplificador de potencia. El nivel de la señal aumenta, pero también lo hace el ruido. Eso no es perfeccionar, es dar un paso atrás. La única solución es volver a empezar. Dejar a un lado la tensión, disfrutar. La magia llega siempre con la tranquilidad. Sólo entonces compruebas que ese afán por mejorar ha trasladado tu foco principal. La finalidad en cualquier caso es siempre transmitir, no impresionar.

Aprendí bastante de esta lección. Veinte notas automáticas jamás competirán contra tres llenas de pasión.  Ser más rápido no te hace mejor, te hace más veloz.

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