José Luis Gato
21Dic/09

En dos semanas

No sé cómo había podido vivir antes sin Spotify, sin Google Wave o sin usar mi móvil para aumentar la realidad. ¡Como si fuera necesario aumentarla más!

Dos semanas

Dos semanas es el tiempo que he necesitado para darme cuenta de que todo ha cambiado en mi ausencia. Creía que tras un año desprovisto del manto digital que siempre me había envuelto me sentiría aún más ignorante, más perdido que nunca. Pero no, no ha sido así.

No concibo una nueva etapa en la que innovar sea más sencillo que percibir, una nueva era de la información que promueve la cooperación y el trabajo en equipo mientras, al mismo tiempo, se marcan unas jerarquías insalvables para muchos. Es posible que tanta red social, tanta marca personal y tanto deseo de destacar haya desbancado a uno de los principios fundamentales de la sofisticación: la simplicidad, como hace siglos apuntaba Leonardo Da Vinci.

Cuando leo entradas del tipo “Las 100 aplicaciones imprescindibles para Twitter” o “Consejos para sacarle el máximo partido a las Redes Sociales” empiezo a preocuparme. La tecnología por sí sola no aporta nada, no me cansaré de repetirlo, sobre todo cuando ves que la dinámica actual presenta una curva de aprendizaje mucho mayor día tras día.

Lo que eran herramientas de utilidad se han convertido en disciplinas, con todo lo que ello conlleva. Los “consejos de los expertos” llegan a diferir tanto los unos de los otros que realmente llego a dudar si estarán hablando sobre el mismo tema. Las aplicaciones “para hacer más cómoda tu vida” o “para sacar el máximo rendimiento” se multiplican cada día. Por pura probabilidad, algo de todo esto tiene que ser cierto. El problema es cómo puede llegar a influenciarnos. Si bien todo el mundo es libre de elegir qué usar y cómo hacerlo, hay un porcentaje importante de personas que “están empezando” y/o son fácilmente sugestionables.

Hay desconocidos que pueden aportar mucho más que aquellos que tienen 10.000 seguidores o fans, y sin embargo, por haber llegado tarde, ahora tienen mucho más complicado no sólo posicionarse, sino compartir sus ideas y generar conocimiento, ya que parece que en cierta forma se está imponiendo un “feudalismo digital” donde sólo se da la posibilidad de acceso a la nobleza a quienes  lo merezcan por méritos.

Escuchar, compartir, participar, dialogar, son términos que irán perdiendo valor si no reforzamos su significado. La verdadera innovación se encuentra detrás de todos y cada uno de nosotros, no está en manos de ninguna compañía ni patentada por terceros.

Quizá el problema es que yo sea un iluso y sólo esperase, después de un año, encontrar una realidad ajustada.

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