La única genialidad
La vida va engarzando mis momentos con hilos de blanco y negro. Segundas o terceras partes no tienen cabida en el corazón sincero, ajeno a secuelas, secuencias, esquivo del tiempo.
Ahora se cumplen dos años desde que se inició mi particular diario que transformó proyectos en el continuo pronóstico médico. Para evitar caer en la espiral de la eterna pasividad decidí volver a este mundo digital que siempre fue, más que un refugio, la dualidad entre trabajo y realidad.
En un mundo alimentado de hipocresía, yo y mi ego, cuanto me quiero y a ver que saco de todo esto, querer ver lo contrario en lo dospuntocero más que de iluso es propio del soñador ciego. Conozco las reglas del juego. Proyecciones del quiero ser y no puedo.
Palabras vacías que van dibujando un contorno trasparente, nulo, indiferente. Adornar los textos con tan idílicos conceptos no convierte oración en sentimiento, sólo demuestra el tiempo que un diccionario actuó de improvisado maestro.
Por suerte las excepciones se tornan reglas en otros contextos. Cuando alguien te dedica un segundo de su tiempo bien merece un lugar en tu recuerdo. En mi mundo hablar con propiedad requiere dos verbos: ser y estar. En singular sólo soy sin importar dónde o cómo estoy. Juntos es cuando somos, cuando estamos a pesar de lo lejano.
Más allá de la conveniencia, del trueque o del doble filo. Ilusivo, inocente, falso positivo. Podríamos buscar argumentos hasta agotar nuestro último aliento. Eso no cambiaría el hecho de haber convertido lo propio en ajeno. Habrá quien quiera ver esa preocupación fría, vana, automática, sólo por el hecho de estar digitalizada. Prefiero esa atención lejana a la forzada del cara a cara.
Mi visión del mundo no ha cambiado, siempre confié en minúsculos porcentajes. Esos pequeños detalles que de las grandes diferencias se declaran culpables. Sin pretenderlo, buscarlo y sin ofrecer nada a cambio, incluso cuando no estoy siento que soy.
Hoy sigo siendo mi última versión, no la mejor. La única genialidad es el agradecimiento que hace de vuestro recuerdo mi más preciado talento.
A modo de comentario: Followfriday
A diario, todos tomamos decisiones. De mayor o menor importancia, pero son decisiones. Cuando te llevas tanto tiempo alejado de algo que te apasiona, como es en mi caso la filosofía dospuntocero, lo lógico es que cuanto menos, esperes grandes cambios.
No siempre entendemos con un criterio único las iniciativas que se proponen. Para mí, #followfriday es un método excelente para dar a conocer y presentar personas. No me gusta usar el término seguidor, ya no pretendo que me “siga” nadie. Tiene una connotación negativa, a mi parecer. Sé que es una traducción literal, no intento maquillar el lenguaje, simplemente emplear las palabras oportunas dentro de mi limitado conocimiento. No es lo mismo ser interesado que estar interesado, tener un interés o interesarse.
Los rankings fomentan la participación y a su vez, incitan a la competitividad, la cual considero beneficiosa siempre que sea sana. Pero incluso en el mejor de los casos, presentan una serie de inconvenientes que me han hecho replantearme una serie de cuestiones. Si bien es un auténtico honor ser mencionado, tener la opción de recomendar es aún mayor.
Quizá sea un problema conceptual mío, pero estamos entrando en una espiral un tanto peligrosa, nociva y condicionante. Nunca ha sido mi intención buscar el agradecimiento recíproco, parece que en algunos casos estamos obligando a "si yo te recomiendo, tú haces lo propio conmigo". No es por cuestión de falta de méritos, es su carácter unidireccional, al final parece que te estés votando tú mismo. Esto puede ser sólo anecdótico, pero con miles de personas haciendo lo propio durante horas el mismo día, ese valor diferencial y especial que le veo a Twitter, queda relegado a un segundo plano. A duras penas ha sido posible encontrar comentarios o referencias ajenas a #followfriday estos viernes pasados. Y como colofón, lo que sí me ha afectado en un plano estrictamente personal, ha sido descubrir que hay personas que se han sorprendido por el simple hecho de ver cómo les respondía, ya que "alguien en mi posición" rara vez lo hace. La primera vez te llama la atención, piensas que habrá sido una malinterpretación. Pero si se repite, como ha ocurrido, se convierte para mí en un problema. No busco un beneficio personal a base de golpes de ego, tan sólo disfruto conversando, compartiendo y conociendo nuevas personas. Si esto es para un uno por ciento un impedimento o una pequeña barrera para contactarme, no lo quiero.
En mi caso, soy un desconocido, no soy "nadie", lo cual me hace pensar que quizá esa cercanía que se pretende mostrar no sea igualmente visible para todos. Quien me haya podido conocer un poco en este tiempo sabrá que tanto teléfono como demás métodos de comunicación están disponibles para ponerse en contacto conmigo, para charlar, echar una mano o cualquier otra cosa en la que pueda contribuir.
Sorprendido y más que agradecido por esta acogida, considero que ya es mucho el esfuerzo y el reconocimiento que se me ofrece a diario como para merecer directa o indirectamente más. Disfruto de más tiempo libre que la mayoría de vosotros y creo que no es justo tal y como yo concibo el #followfriday que de alguna forma me vea beneficiado de esta situación. Cada día es posible leer que en Twitter "hay mucha gente que vale la pena". Pero si cerramos ese círculo nosotros mismos, al menos yo no estaría predicando con el ejemplo.
Antes de agregar a cualquier persona me paro a leer su biografía, su perfil, su blog, su página corporativa. Le dedico más tiempo a eso que a escribir posts. El resultado es evidente, todos aportáis. Sin distinción. Es una gran suerte, tan sólo espero que nadie se moleste por esta decisión. Mi último #followfriday es para todos y cada uno de los que componéis hoy ese pequeño gran tributo diario. "Por todos los motivos que hasta ahora no soy capaz de sintetizar en 140 caracteres. Ni creo que podré".
Momentum
Palabras. Se pueden llenar folios enteros y no decir nada. O que con una sola se te congele el alma. Un momento es un instante, y a su vez, una oportunidad propicia.
Un día como hoy miro al calendario. Se cumple un mes del nacimiento de este blog. El que llevando mi nombre es el tuyo, el de todos. Treinta y un días, breve tiempo tras un largo silencio. Llámalo paréntesis, lejanía, seco olvido. Nómbralo como quieras. Esta decisión es tuya, sólo tuya, has convertido mis minutos en los nuestros. Instantes, oportunidades, ocasiones, momentos.
Mi ánimo no entiende de diarios ni agendas, de vigilia o de sueño. Se limita a sentir cada latido retumbando más que al anterior, alimentándose de miradas, de risas, de astillas y de lágrimas. Un corazón de jirones que de nuevo se recompone sin necesidad de brindarle más esperanzas perdidas.
No soy un digno oponente a la evidencia. Sin ataduras, sin remordimientos, nunca debí alejarme de mis fracasos ni creer que la distancia atraería nuevos recuerdos. No era cuestión de tiempo, no lo cura todo. Aunque cicatrice nuestras heridas, por sí solo nunca podría haber generado estos momentos.
Aritmética básica. Sumar y restar. Lo que aportas y lo que echas en falta. Hoy de nuevo, descompensas mi balanza. Este mes me has mostrado que el presente se aproxima al que siempre quise, al que quiero. Gracias por mejorarlo.








