Virtuosismo. Magia. Al preludio le sigue el alegro, a la tensión, más que la calma. Aún sigo buscando las palabras que acerquen este escalofrío a mi mirada, una mirada perdida entre redobles de corcheas y de campanas. Quiero guardar este momento, no permitir que nadie ni nada lo despoje de mi sinfonía inacabada.
Ayer por primera vez después de muchos años, olvidé desearlo todo, no desear nada. Que me perdonen las costumbres, los hábitos y las promesas infundadas.
Sin necesidad de hacer balance, todavía con una sonrisa en la cara, recuerdo cada regalo vestido de comentario, en forma de esperanza, lejos de aquellos teñidos de hipocresía y desgana que en tantas otras ocasiones albergaron mis veladas. No lo voy a negar, no salgo de mi asombro, jamás pude imaginar que unas simples líneas bien valieran confianza, la mía, la de otros, a qué negar que eso basta.
Sabido esto, cada día mi visión está más clara. Por más conocimientos que tuviese, jamás aceptaría convertirme en experto de nada. Ni acaso que me proclamaran. Si ser Gurú requiere alejar la parte humana, por favor, dejadme por siempre ignorante, ignorante de cualquier atalaya. No soy quién, ni creo que aporte nada. Más bien me alimento de vuestra diaria palabra. No hay título ni nombre por el que merezca sacrificar una de nuestras charlas.
Incluso dudo sobre cuáles son mis áreas, mis competencias, las que queden por venir y las demostradas. Ni siquiera yo puedo clasificar aún este blog en una temática, sobre qué o a quién dirijo estas palabras. No lo sé, ni lo sabré, se irá forjando cada mañana.
Gracias a todos, ahora sí que puedo decir con propiedad: ¡Feliz 2010!
Has leído correctamente. No se trata de ningún error tipográfico o un gazapo, de hecho es un término que todos podríamos acuñar desde ya. Quizá incluso alguien se pueda sentir identificado con él.
"Las redes sociales han revolucionado el concepto de comunicación". "(..) han revolucionado el mundo de los negocios". "(...) las relaciones". Nadie pone en duda tras estas afirmaciones que las redes sociales digitales han supuesto una evolución de la comunicación, la cual está estrechamente ligada a nuestra propia evolución. Estamos marcando el rumbo hacia una nueva concepción de las relaciones interpersonales, la interacción recíproca entre dos o mas personas. Entre tanta pasión por dar a conocer nuestras visiones e inquietudes sobre evolucion, revolución, re-evolución y demás combinaciones, es inevitable que se me venga a la mente un comportamiento inherente al hombre: la necesidad de pertenencia. Sí, algo tan simple como ser aceptado socialmente en un grupo. Y tranquilos, que si no te tenemos cabida en ninguno, siempre lo podemos crear en Facebook e invitar a cuantas personas queramos, es la creatividad del olvidado.
A pesar de ser millones de personas las que tomamos parte en este juego de la interconexión diaria, todos pertenecemos a uno de los siguientes cuatro grupos:
Los que son: Experto, especialista, maestro, entendido, ducho, competente, conocedor, técnico, versado, instructor, mentor, preceptor, consejero y guía.
Los que llaman: Inexperto, novato, aprendiz, principiante, bisoño, ingenuo, novicio, inhábil, pardillo, simple y torpe.
Los que actúan: Antiantigurús.
Los que no se enteran: El que no sabe/no contesta.
1. El primer grupo de personas lo forman aquellos que, salvo contadas excepciones, son elegidos por gracia divina. Por alguna extraña razón, casi todos están relacionados con la aparición del Social Media, lo cual hace pensar que quizá nos encontremos ante el primer proceso por lotes de iluminación divina de la historia. Para poderse diferenciar del resto, han tenido la generosidad de autoproclamarse "gurús", lo cual facilita enormemente la tarea de clasificación. En cualquier caso, en sus biografías siempre se pueden encontrar alguno o varios términos enumerados en el punto primero.
2. El segundo grupo tiene entre sus seguidores a ex-miembros del grupo uno, bien por principios o bien por no haber soportado el rol de discípulos de la oscuridad. Los términos que se ven reflejados en el punto dos son los comunmente usados para referirse y atacar a todo gurú que se precie o que se esté iniciando. Son extremadamente reaccionarios, y a pesar de tener la batalla perdida, son un excelente ejemplo de resistencia en la lucha de clases. Son conocidos como antigurús.
3. El nombre del tercer grupo, quizá el más desconocido pero no por ello el menos importante, parte de una base lógica. Antiantigurú: Doble negación, igual a afirmación. Son los verdaderos artífices de la magia de las redes sociales, aquellos que sin saberlo preservan la cooperación, que se prestan al diálogo, que son participativos, escuchan, contrastan, debaten, se equivocan. Son la personificación de un concepto, los únicos referentes de verdad en este entorno. En la única batalla que participan es la del conocimiento, se muestran profundamente indignados por el comportamiento de los dos grupos anteriores, pero no por ello los rechazan, de hecho, son los únicos generadores de valor, el mismo valor que el resto consume, el mismo que se atribuyen injustamente, y aún así, promueven el cambio. Son la esperanza del conjunto.
4. Y el cuarto grupo, los que no saben o no contestan, por ahora, no son significativos en cuanto a aportación, aunque sí en cantidad. Sólo si saben elegir un buen referente a seguir podrán aspirar a tener más que voz en un futuro.