José Luis Gato
16may/10

El ruido del silencio

El ruido del silencio

Fotografía: Víctor Nuno

Silencio. Abstención de hablar. Falta de ruido. Efecto de no hablar o no manifestar algo por escrito. Pausa musical. Una corchea en cada palabra. Una sinfonía en cada pausa.

Asociarlo a tranquilidad, a la calma que despide la tempestad, evitando recordar que el verdadero silencio rebosa expresividad. Mientras, seguimos jugando a elevar la voz, hacernos notar, con la inocente creencia de que entre tanto ruido, nuestra verdad destacará. Mutismo de la razón, una nueva falsedad.

Queremos creer que quien no habla, poco tiene que aportar. Olvidamos que la frase más sabia es la aún no pronunciada. Proclamamos las virtudes de una libertad de expresión que, sin avisar, dejó atrás a todo el que calla, al que eligió el último turno cediendo en nuestro favor, su palabra. Ignorar este silencio es la afonía del corazón.

Temo dejar de escuchar mi propio silencio, ese susurro que aparece sólo tras tu voz, la mía o la de otros. Mudez de las ideas. No es cuestión de respeto, buenas formas o tratados de educación siquiera, es la única manera de cancelar el eco que reverbera entre sueños, soluciones o problemas. Omisión, disimulo, misterio. Quizá temamos enfrentarnos al silencio.

Seguiré buscando entre los secretos que no callan. Escuchar cada pausa. En este camino, el silencio sólo enmudece con el ruido de las lágrimas.

4may/10

Tras las sombras

Tras las sombras

Fotografía: Víctor Nuno

Abruma toda la literatura que se deriva de un simple clic. Seguir o no seguir, aceptar o rechazar. La decisión que se torna en tesis doctoral. Parecemos evitar la simplicidad, esa peculiar característica que hizo del mismo atributo su valor diferencial.

No pongo en duda la utilidad que para cada uno de nosotros tienen los manuales, consejos y guías que compartimos los unos con los otros. Puedo estar equivocado, pero este tipo de aporte tiene entre otras finalidades facilitar decisiones ajenas con nuestro particular método. El alumno aventajado sin duda sabrá aprovechar su esencia. Un profano en la materia se entregará al verdugo del razonamiento propio.

Compartir visiones no implica sentar cátedra con nuestras opiniones. Con una salvedad, la decisión final en este caso no es nuestra. No sé si estamos estrechando la senda o abriendo todavía más la brecha. Cómo aumentar la popularidad, criterios para admitir o reprobar o incluso exigir reciprocidad. En definitiva que tu nuevo lazo débil sea el considerado fuerte para los demás. El nuevo sesgo digital. Entre tanta decisión, lo que se esconde tras un perfil sigue siendo la sombra de un bit.

Ya llevamos un algoritmo de serie que nos permite etiquetar a los demás. Añadirle variables externas transforma metodología en caos mental. Prefiero usar ese tiempo más en que evaluar argumentos en descubrir ese misterio tras el botón aceptar. En cierto modo si en un medio social imponemos restricciones, estamos fomentando futuros prejuicios para excluir o discriminar. No conozco todavía la guía que por mí decida cómo actuar.

Espero no ofender a nadie, esto no es más que una autocrítica que ha surgido tras comprobar la validez a día de hoy de lo siguiente: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. (Einstein)

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3may/10

Diplomacia binaria

Diplomacia binaria

Fotografía: Víctor Nuno

Los elogios motivan, animan, incluso a veces se necesitan. Hasta el ego mejor educado agradece los halagos. Creo que negarlo no demostraría nada salvo una humilde suprema arrogancia. Es el tipo de confianza que permite arropar las ideas de cierto sentido, poder hablar de “nuestro” en lugar de “mío”. El reconocimiento es tan necesario como el punto de vista alternativo.

No sé en qué momento se definió afinidad entre el cero y el uno. Me gusta o no me gusta. Positivo o negativo. Mientras somos capaces de sintetizar ideas complejas en unos pocos caracteres, limitamos las opiniones a tan sólo dos opciones. Es defender un modelo colaborativo en el que si no estás conmigo, eres enemigo. Un comentario, un tweet o un mensaje de muro se acaba convirtiendo en un lienzo con una paleta de blanco y negro. La auténtica participación comienza al dar color a la conversación.

Escaso sentido, construir puentes por donde no pasa río. Incluso si todo no fuera más que una simple estrategia en la que buscamos posicionarnos, cuanto mayor es la visibilidad, mayor es el miedo a pronunciarnos. Lo que debería ser una simple opinión ahora es la condena de nuestra reputación. Prefiero quedar en ridículo antes que presidir un conocimiento oligárquico.

Realmente desconozco si es falta de tiempo, atención o cierto respeto a llevar la contraria. Sin término medio entre la crítica y la alabanza, si no estoy completamente de acuerdo, diplomacia. La diversidad de opiniones es ese otro ángulo que siempre ha posibilitado nuevas fuentes de creatividad, innovación o incluso conocimiento por imitación de lo ajeno. En ausencia de una nueva visión, el contenido siempre será estático por más nodos y redes que atraviese. Ya sean unas pocas palabras o una red de blogs, sin una pausa para la reflexión, sin interacción, esa creación de valor que echamos en falta será aún menor. La razón, injusto premio para el autor.

Recuerdo con cierta nostalgia aquellas charlas donde lo que menos importaba era el centro de la discusión. Puro ingenio del que pretendía llevar la razón. El gusto por debatir.

27abr/10

En unos pocos metros

En unos pocos metros

Fotografía: Víctor Nuno

Distancia. Espacio o periodo de tiempo que media entre dos cosas o sucesos. Alejamiento afectivo. Diferencia entre unas cosas y otras. Lejos o de lejos guardamos las distancias para evitar la excesiva confianza.

La tecnología no une a las personas. Ni las acerca o las aparta. Posibilita, pero no fuerza. Facilita, pero no obliga. Estamos proyectando sobre un terreno todavía inexplorado tantos caminos que desorientan incluso al más aventajado. Por más que queramos no podemos delegar nuestro dinamismo a lo inanimado. A fin de cuentas, de nada sirve levantar puentes que no serán atravesados.

En los trayectos digitales los pasajeros son las ideas y nosotros el equipaje. Es la verdadera magia puntocero, la que trasciende a lo asimétrico, concéntrico o paralelo. Esto no es innovación de escuadra y cartabón. El mayor riesgo para la perdurabilidad de este modelo es la desconfianza en lo ajeno, lo lejano, en exponernos al propio ser humano. Consciente de ello, la única métrica que acepto es la que marca distancia cero.

Entre tanta embarcación, capitán y comandante una simple barca y unos remos nos permiten llegar más lejos, incluso antes. La paradoja del navegante que nunca quiso ser marinero. Nos estamos especializando en una gestión del conocimiento que olvidó codificar la parte humana del proceso. Necesitamos todavía tiempo para asimilar que la distancia entre personas no se mide en grados o metros, sino en afinidad de pensamientos. Que nos siga sorprendiendo, pero que no nos impida aprovecharlo.

De nada sirven las herramientas sin el factor humano. Para intercomunicar el planeta, primero tuvimos que conectar el cable en la roseta. Sigamos conectados.

24abr/10

Un nuevo escenario

Fotografía: Víctor Nuno

Coincidencia. Ocurrencia de dos o más cosas o personas a un tiempo. Igualdad de formas, intereses, opiniones, etc. Esta mañana ha coincidido este post de Manel con las ideas que anoche rondaban desordenadas en mi cabeza.

Esta es una realidad interconectada donde los nodos ya no son grafos sino personas. Nos centramos en calcular el impacto, la repercusión o la difusión de simples extractos, en ningún caso nos abstraemos y entendemos que el conjunto es más que una suma de visitas, comentarios o menciones. Es un nuevo nivel de conciencia, la verdadera responsabilidad social, la cual defendemos y exigimos en textos, citas y manifiestos al mismo tiempo que declaramos intangible. No preciso una cifra exacta ni una unidad de medida exclusiva para saber que en pocos milisegundos una simple frase recorre el mundo y tiene impacto en al menos una vida.

No necesitamos la respuesta perfecta a la pregunta incorrecta. Agotamos nuestros esfuerzos intentando demostrar que dos más dos son tres, sin primero comprender por qué o para qué dicha convención se estableció. Patentamos nuestro deseo de destacar. Por regla general, abrir una brecha, marcar un antes y un después, no es la demostración universal de lo equivocados que otros están, es la consecuencia de la comprensión y resolución de un problema real.

Seleccionamos un rol, siempre lo hacemos. Modelamos nuestro reflejo en función de las figuras que nos representan, las mismas que nosotros escogemos. No delegamos responsabilidades sino miedos. Esa conciencia artificial que entre todos hemos creado se ajusta a un criterio de estabilidad, no de realidad. Parecemos temer la inminente cercanía de una voz hasta ahora desconocida que desequilibre nuestra balanza, la que media entre el todo o nada.

Simplificar. Contemplar la unidad mínima. Al negar la evidencia, limitamos las respuestas. Todos confiamos en que tarde o temprano se caerán las caretas, pero sólo las ajenas, no las nuestras. Dejar de ser la proyección de nuestros miedos, con la misma solidez que su sombra, requiere asumir riesgos. Si somos actores forzados deberíamos saber, al menos, que ha cambiado el escenario.