En unos pocos metros
Distancia. Espacio o periodo de tiempo que media entre dos cosas o sucesos. Alejamiento afectivo. Diferencia entre unas cosas y otras. Lejos o de lejos guardamos las distancias para evitar la excesiva confianza.
La tecnología no une a las personas. Ni las acerca o las aparta. Posibilita, pero no fuerza. Facilita, pero no obliga. Estamos proyectando sobre un terreno todavía inexplorado tantos caminos que desorientan incluso al más aventajado. Por más que queramos no podemos delegar nuestro dinamismo a lo inanimado. A fin de cuentas, de nada sirve levantar puentes que no serán atravesados.
En los trayectos digitales los pasajeros son las ideas y nosotros el equipaje. Es la verdadera magia puntocero, la que trasciende a lo asimétrico, concéntrico o paralelo. Esto no es innovación de escuadra y cartabón. El mayor riesgo para la perdurabilidad de este modelo es la desconfianza en lo ajeno, lo lejano, en exponernos al propio ser humano. Consciente de ello, la única métrica que acepto es la que marca distancia cero.
Entre tanta embarcación, capitán y comandante una simple barca y unos remos nos permiten llegar más lejos, incluso antes. La paradoja del navegante que nunca quiso ser marinero. Nos estamos especializando en una gestión del conocimiento que olvidó codificar la parte humana del proceso. Necesitamos todavía tiempo para asimilar que la distancia entre personas no se mide en grados o metros, sino en afinidad de pensamientos. Que nos siga sorprendiendo, pero que no nos impida aprovecharlo.
De nada sirven las herramientas sin el factor humano. Para intercomunicar el planeta, primero tuvimos que conectar el cable en la roseta. Sigamos conectados.
Un nuevo escenario
Coincidencia. Ocurrencia de dos o más cosas o personas a un tiempo. Igualdad de formas, intereses, opiniones, etc. Esta mañana ha coincidido este post de Manel con las ideas que anoche rondaban desordenadas en mi cabeza.
Esta es una realidad interconectada donde los nodos ya no son grafos sino personas. Nos centramos en calcular el impacto, la repercusión o la difusión de simples extractos, en ningún caso nos abstraemos y entendemos que el conjunto es más que una suma de visitas, comentarios o menciones. Es un nuevo nivel de conciencia, la verdadera responsabilidad social, la cual defendemos y exigimos en textos, citas y manifiestos al mismo tiempo que declaramos intangible. No preciso una cifra exacta ni una unidad de medida exclusiva para saber que en pocos milisegundos una simple frase recorre el mundo y tiene impacto en al menos una vida.
No necesitamos la respuesta perfecta a la pregunta incorrecta. Agotamos nuestros esfuerzos intentando demostrar que dos más dos son tres, sin primero comprender por qué o para qué dicha convención se estableció. Patentamos nuestro deseo de destacar. Por regla general, abrir una brecha, marcar un antes y un después, no es la demostración universal de lo equivocados que otros están, es la consecuencia de la comprensión y resolución de un problema real.
Seleccionamos un rol, siempre lo hacemos. Modelamos nuestro reflejo en función de las figuras que nos representan, las mismas que nosotros escogemos. No delegamos responsabilidades sino miedos. Esa conciencia artificial que entre todos hemos creado se ajusta a un criterio de estabilidad, no de realidad. Parecemos temer la inminente cercanía de una voz hasta ahora desconocida que desequilibre nuestra balanza, la que media entre el todo o nada.
Simplificar. Contemplar la unidad mínima. Al negar la evidencia, limitamos las respuestas. Todos confiamos en que tarde o temprano se caerán las caretas, pero sólo las ajenas, no las nuestras. Dejar de ser la proyección de nuestros miedos, con la misma solidez que su sombra, requiere asumir riesgos. Si somos actores forzados deberíamos saber, al menos, que ha cambiado el escenario.
Reverberación
Eco. Repetición de un sonido por la reflexión de las ondas sonoras, que se percibe débil y confusamente. La monotonía es el eco de nuestras vidas.
Cada mañana la vida te despierta con una nueva mudanza. Crees que todo sigue igual. También piensas que todo cambia. El eco del tiempo, el de los segundos que pasan. Aunque puedas medir los metros que recorras, nunca te acercas y te alejas en la misma proporción. Ser consciente no es decirle al pasado adiós, es saludar al presente.
Evito hablar solo, en voz alta, para no distorsionar las palabras golpeadas contra muros y paredes que se apartan con la simple mirada. Compartir es difundir, propagar, buscar la resonancia de la ilusión que nunca calla. No hay peor silencio que el eco de la propia palabra. Ideas encerradas que tiemblan y se apagan.
Tratar de llevar el control de tu vida implica renovarse cada día. Deja a un lado ruidos, confusiones, diálogos rotos. Escucha. Nada sigue igual. A cada instante, todo cambia. El corazón mudo, privado de eco, es el que silencia, el que te aparta.
No es necesario gritar, tan sólo buscar la correcta entonación que a cualquier volumen, en cualquier habitación, responda con el eco verdadero, el que se dibuja con reflejos de tu voz.
En el orden correcto
Transmitir. Hacer llegar a alguien algún mensaje o comunicar estados de ánimo. Parece no haber persona o empresa dueña de la visión, misión o valores que representa.
Perseguir un objetivo es tan costoso que preferimos copiar las motivaciones de otros. Nos definimos creativos en un ejercicio de carente creatividad. No dejamos de exponer nuestro carácter innovador mientras nos alejamos de su propia definición. Aunque unificar criterios sea necesario, nadie obligó nunca a plagiarlos.
Que alguien me explique cómo sentir unos colores entre paletas de blanco y negro. Hemos convertido el copiar y pegar más que en una rutina, en una enfermedad. No es de extrañar que entre tanto emprendedor enamorado de su idea haya tanto desencantado del día a día. Un proyecto motiva, pero son las personas las que le dan vida. Sentir de manera parecida no es sentir de forma igual.
Transmitir ese atributo diferenciador es más que complejo cuando ni nosotros mismos lo conocemos. En estos tiempos es más que un riesgo entrar en una batalla sin saber de qué lado nos posicionaremos. Olvida táctica, estrategia, bibliografías o herramientas que condicionen tu propia mente, tus ideas. Nuestra percepción jamás entenderá de la conquista de lo ajeno. Es la única razón, la única distinción que siempre poseeremos.
De fuera a dentro. De dentro a fuera. Secuencial o quizá en paralelo. Simplemente imagina que buscas el orden correcto.









