Al menos una razón
Anticipación. Un virtuoso violinista siempre decía que la mejor improvisación, era la no improvisada. Expresión, silencio, giro, gesto. A ojos del mundo el tiempo se para con destellos de genio que invaden la sala. Para el músico, nada cambia. Su talento se pierde entre emoción preparada. Un, dos, mira el reloj. Así empieza esta interpretación.
Lejos de estar estudiada, anoche comenzaba esta expresión de la realidad. Diferentes respuestas a un mismo estímulo que serían imposibles predecir con antelación. Preocupación, complejidad, agradecimiento, reflexión. En este escenario no hay papel principal, la actuación no es tal, es interacción.
Sigamos con metáforas, símiles, excusas para seguir justificando este miedo al cambio. Lo digital, déjalo lejos. Crea términos como “desvirtualizar”. No podemos permitir que una serie de desconocidos nos feliciten el cumpleaños o nos pregunten "cómo estás". Coloca otra barrera, no dejes que esto te afecte. Recuerda que no son más que avatares carentes de vida. Jamás podrían suplantar tu entorno levantado con impactos de realidad. Mira el reloj. Tres, cuatro, percepción.
Entre fracasos y miedos, bosquejados esbozos de humanidad . No, eso no es preocupación. Recordatorios automatizados tan falsos y desvirtuados que se alimentan de ego para ser ejecutados. No es más que una estrategia, el quiero y no puedo de la identidad digital. Si todo es tan irreal, ¿por qué seguimos aquí?
Entre tanta autoestima, creemos tener tanto que ofrecer que el mundo ríe y llora en torno a un continuo paripé. De nuevo el reloj. Cinco, seis, aquí eres el rey.




