La otra definición
Escribir. Representar conceptos o ideas mediante letras o signos convencionales. Componer música, libros o discursos. Comunicar. No hace falta seguir buscando para saber que mi acepción no está en diccionario.
Silencios rotos, desgarrados en su día quebraron el ritmo descompasado que quiso marcarme cómo vivir. Al compás de una partitura inmensa en el que el director de orquesta es tan sólo aprendiz, nadie puede enseñar qué es transmitir. Esta vida es un pentagrama que golpea en cada nota una gota de ti.
Atrás dejo lecciones, elecciones y métodos sobre qué o cómo se debe escribir. Borrar mis palabras, tacharlas, olvidarlas, incluso yo mismo, darle la espalda. No me hace falta saber la importancia de un solo momento contigo o sin ti. Aunque pudieran negarme estas letras, nunca podrían enseñarme a sentir.
Cada letra lleva impresa lágrimas mudas y sonrisas inquietas. Camino entre las líneas sin rumbo, a veces, sin llegar a ningún lado. El corazón desorientado no mira en un mapa por donde seguir sino que descubre lo cerca o lo lejos que se encuentra de sí.
Entre los trazos presentes de vida están los que no quiero dejar escapar, verlos huir. Expresarlo como lo siento, vivirlo como lo pienso. Para mí, eso solo, sólo eso, puede ser escribir.
Buscando la otra piel
Buscar. Intentar localizar o encontrar. Conseguir algo, provocar, arriesgarse. La piel que nos cuida y nos protege es la misma que se oculta y no se expone a nuestra propia realidad.
Hacer del riesgo a no buscar la oportunidad para arriesgar. Querer vestir lo que siento es cubrir, enterrar lo que deseo. Sé que más allá del yo sincero se encuentra el espejo en el que ver mi reflejo. Emborronado, pero no distorsionado. Puede que pálido, pero no en blanco y negro. Involuntario y sin embargo, el que quiero. El que se esconde tras mi piel.
Buscar un simple abrazo, las manos en tu espalda. Dejar que arrebates la piel tosca que me envuelve y me disfraza, la misma que atraviesas con tan solo una mirada. Ser hielo junto a la llama, descubrir finas capas de falsas vidas sin vida, replegadas entre la tristeza perdida que se derritieron sobre mi piel.
Buscar que el esfuerzo sea no esforzarme, que la distancia no se distinga ni entienda allá donde vayas. Encontrar en cada latido una nueva palabra, el corazón que no calla, que no puede enmudecer. Nunca habituarme, acostumbrarme a la noche quebrada por la voz de las sábanas que ya te sueñan entre mi piel.
Pero nunca condicionar, evitar buscar pedirte o rogarte siquiera. Sólo desear que algún día no recuerdes olvidarme por las razones que escondiste y te guardan bajo mi piel. Mi única y verdadera piel.
Momentum
Palabras. Se pueden llenar folios enteros y no decir nada. O que con una sola se te congele el alma. Un momento es un instante, y a su vez, una oportunidad propicia.
Un día como hoy miro al calendario. Se cumple un mes del nacimiento de este blog. El que llevando mi nombre es el tuyo, el de todos. Treinta y un días, breve tiempo tras un largo silencio. Llámalo paréntesis, lejanía, seco olvido. Nómbralo como quieras. Esta decisión es tuya, sólo tuya, has convertido mis minutos en los nuestros. Instantes, oportunidades, ocasiones, momentos.
Mi ánimo no entiende de diarios ni agendas, de vigilia o de sueño. Se limita a sentir cada latido retumbando más que al anterior, alimentándose de miradas, de risas, de astillas y de lágrimas. Un corazón de jirones que de nuevo se recompone sin necesidad de brindarle más esperanzas perdidas.
No soy un digno oponente a la evidencia. Sin ataduras, sin remordimientos, nunca debí alejarme de mis fracasos ni creer que la distancia atraería nuevos recuerdos. No era cuestión de tiempo, no lo cura todo. Aunque cicatrice nuestras heridas, por sí solo nunca podría haber generado estos momentos.
Aritmética básica. Sumar y restar. Lo que aportas y lo que echas en falta. Hoy de nuevo, descompensas mi balanza. Este mes me has mostrado que el presente se aproxima al que siempre quise, al que quiero. Gracias por mejorarlo.






