Reflejos de vida
Espera. Plazo señalado, esperanza de conseguir lo que se desea. Creer que ha de ocurrir alguna cosa, desear que así sea. Poner en paro una actividad hasta que suceda algo. Estas son mis próximas últimas semanas de espera.
Las palabras más que alejarse, se me acercan. Palabras frías, llenas. Palabras rotas. Mientras la distancia permanece ausente el presente, nuestro presente, golpea cada día mi puerta. La misma que con la mirilla entreabierta me pide que no le abra, que me aleje, que me esconda.
La realidad no se negocia, se acepta o se rechaza. No caeré en el engaño de negarla. En cada segundo veo estampada la firma sobre la fecha que señala un nuevo contrato de por vida. Por obras y servicios o quizá indefinido. Puede que de propietario o simplemente de inquilino.
Pensar se me hace como respirar, más que un ejercicio es mi propia necesidad. Cuando empecé este proceso jamás hubiera creído que mantendría intacta mi biografía. La continua rehabilitación es ahora parte de mi vida, la propia y la compartida. Dejaré para otros las inyecciones de insensibilidad. No es ni mucho menos un alarde de sinceridad, es la conciencia que separa lo imaginario de lo real.
En mi propia historia será otra persona la que ponga el punto y final. No volveré, nunca tuve que partir o que marchar. Ni lo haré. Dime que seguiremos. Sólo entonces, te seguiré.
Distancias
Ausencia. Separación de un lugar, tiempo que dura el alejamiento. El mismo que se esconde tras la privación de un sueño.
Por más que lo intente, jamás seré capaz de hacer de mi vida un telegrama. Tratamos de contar las horas, los segundos, los minutos que pasan, aunque nadie pueda medir el mañana. Mientras el espejo del alma no siempre se viste con la misma cara, mi tez a veces radiante, a veces pálida, busca escaparse entre suspiros de almohada.
Sin la capacidad de diferenciar entre prosa, blogs, noticias o poetas, esta misma mesa contempla los titulares de mi diaria meta. Sin necesidad de derramar la sombra quebrada por entre las letras, entre silencios y noches sin sueño intento buscar las ideas que se alejan. Se me alejan.
Dejo atrás la apología de la nostalgia, la añoranza de una realidad desvirtuada. Atrás quedan las bulímicas tristezas, las tormentas que te arrastran. Hacer de mi presente el que busco, el que quiero, el que deseo, tan sólo requiere dibujar su camino en cada sueño. Soñemos.
Por más metros que la vida me tome ventaja, por más minutos que entre relojes atraviesen las sábanas, no podrán hacer de mi ausencia su distancia. Tu distancia.
Buscando la otra piel
Buscar. Intentar localizar o encontrar. Conseguir algo, provocar, arriesgarse. La piel que nos cuida y nos protege es la misma que se oculta y no se expone a nuestra propia realidad.
Hacer del riesgo a no buscar la oportunidad para arriesgar. Querer vestir lo que siento es cubrir, enterrar lo que deseo. Sé que más allá del yo sincero se encuentra el espejo en el que ver mi reflejo. Emborronado, pero no distorsionado. Puede que pálido, pero no en blanco y negro. Involuntario y sin embargo, el que quiero. El que se esconde tras mi piel.
Buscar un simple abrazo, las manos en tu espalda. Dejar que arrebates la piel tosca que me envuelve y me disfraza, la misma que atraviesas con tan solo una mirada. Ser hielo junto a la llama, descubrir finas capas de falsas vidas sin vida, replegadas entre la tristeza perdida que se derritieron sobre mi piel.
Buscar que el esfuerzo sea no esforzarme, que la distancia no se distinga ni entienda allá donde vayas. Encontrar en cada latido una nueva palabra, el corazón que no calla, que no puede enmudecer. Nunca habituarme, acostumbrarme a la noche quebrada por la voz de las sábanas que ya te sueñan entre mi piel.
Pero nunca condicionar, evitar buscar pedirte o rogarte siquiera. Sólo desear que algún día no recuerdes olvidarme por las razones que escondiste y te guardan bajo mi piel. Mi única y verdadera piel.
Dejando a un lado
Felicidad. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. Satisfacción, gusto, contento, suerte feliz. Está claro que un diccionario no puede sentir.
Tratamos de marcarnos objetivos y metas con la esperanza de perseguir, no conseguir. Dejar lejos, apuntar alto, esquivar lo diario, hacerlo pasado. Tener claro que cuanto más imposible, mas lo ansiamos. Entre tanto, prefiero seguir construyendo un futuro en base a sueños con realidad equilibrados.
Resulta curioso que por norma, compartamos de forma casi idéntica los mismos deseos, sin haberlos siquiera rozado. El anhelo plagiado, el sueño de otros y por otros imitado. Todo sería más fácil si en vez de dejar nuestro destino en ajenas manos, supiéramos separar lo que sobra, lo que no necesitamos.
Entre tantas definiciones y métodos redactados, mi felicidad agradece el disgusto evitado, conocido, esperado. Siempre habrá lugar para nuevos dilemas, nuevos problemas. Incluso aunque generarlos por gusto sea nuestra naturaleza. Nadie mejor que nosotros para salvar nuestras propias barreras.
Antes me preguntaba qué pasaría si en vez de pretender una lista de imposibles evitaba alimentar lo que estorbaba, lo tangible. Mientras sigo soñando lo mismo, atrás quedaron sabores a percepciones ficticias.
Sobre el tiempo
Relatividad. Siempre he afirmado que sé cómo pienso yo, no así los demás. Algo que puede resultar tan obvio, no lo es en realidad.
Sin embargo, hay medidores universales comunes para todos. Un segundo, un minuto, una hora. Misma duración, misma preocupación. El tiempo, el que pone todo en su lugar, el aliado enemistado.
Las cuatro de la mañana. Insomnio, problemas, mala noche. Esconder o querer parar las manecillas de los relojes no tiene otro efecto salvo una enorme pérdida de tiempo. En esas largas madrugadas, mirar la hora cada cinco minutos no sólo no ayuda nada sino que traslada el foco del problema y convierte esa acción en la principal causa de desvelo.
En nuestra vida cotidiana podemos encontrar una interminable lista de indicadores relativos de tiempo. Amanece cada mañana aproximadamente a la misma hora. No te preocupes mientras no veas la luz entre las sábanas. O mientras se mantenga el silencio en calma. El vecino, el ruido de la calle, el tráfico. Simplemente busca algo que sea familiar, cíclico, casi puntual.
Para mí la única solución pasa por cambiar la percepción temporal. Cada día, tardo un café en leer comentarios. Generar nuevas ideas suele demorarme una ducha, un breve paseo. Medir constantemente la productividad es por regla general tan irónico como pensar en no pensar.








