Sin acuerdos
Convivencia. Vida en común con una o varias personas. Coexistencia, cohabitación. Entendimiento de una relación que existe más allá del pronombre, de su implicación.
Poco o nada me importa lo que el ajeno sentimiento defina por mí. En mi vida sólo hay dos opciones, no has llegado o estás aquí. Por una vez, ni siquiera pido comprensión, empatía o compartida ilusión. Dejo atrás el sentir que sólo conoce una voz. Polifonía de la emoción.
Y recuerdo. Aquellos tiempos en los que no necesitaba argumentos para demostrar que era yo. Quizá no sea suerte, talento, destino o elección, sino vivir con. Vivir por. Escojo mis números, agenda, contactos. Prefiero ser limitado a ser limitación. Suena de nuevo una obsoleta melodía de decisión.
No quiero que recuerdes cada huella, hoy no. Simples gestos, simples dedos, surcos de mi piel que te dibujan recorriendo este corazón. El instante sin repuesto siempre escoge su mejor momento. De certidumbre, quizá indecisión. Tan sólo dime no y quedará grabada mi ilusión. Hace tiempo el rencor se despidió.
Conviven los sueños de un porvenir por vivir. Sólo sentir. Sin acuerdos, salvo el recuerdo de dos. No quiero convivir si entre nosotros deja de importar el tú, dejas olvidar el yo. ¿Quieres venir? Tan sólo sigamos los dos.
Al revés
Escribir espacios. Que caduquen los textos. Preguntar respuestas. Impacientar la espera.
Orquestar silencios. Enmudecer conceptos. Instrumentar el viento sin aliento con el virtuosismo de la calma. Saber que hubo otra vez. El concertista que no se deja ver.
Mirar al frente y sentir que el suelo nunca gira a nuestros pies. Que nosotros jamás seamos pareja mientras no haya pares de tres. Sin duda, no lo conté, nunca lo fue. Al volver la vista atrás, confundir desear con obtener.
Que tan sólo seamos trazos de papel dibujando en otro cuerpo, otra carne, mi piel. Olvidar tratados tiznados de sangre que vi recorrer en nosotros, pero no en él. No conozco quién es.
De nuevo mis próximos metros se medirán tan sólo como yo sé. No lo tengáis en cuenta. Todo sería más simple con un mundo, nuestro mundo, al revés.
Ceguera
Oscuridad. Falta de luz que dificulta la percepción de las cosas. En lo escrito o hablado, que dificulta la comprensión de algo que se comunica. Falta de claridad mental por escasez de inteligencia, por confusión de las ideas.
De poco sirve remendar la brecha cuando la arena se echa en el lugar equivocado. Entre la mente y el suelo, demasiadas heridas en tan vasto terreno. Ser grieta en la zanja o fisura en la idea. El sentido común va quedando expuesto. Las verdaderas barreras no se alzan en pavimento.
El iluminador, quizá iluminado, no calcula superficies o vatios sino perfiles, mensajes programados. Destello, brillo extinguido. Hay distancias que no se miden salvo en pactos. Nuevos tratados, los nuestros, entre grises y negros vamos firmando. Si todos estamos suscritos no tiene sentido que sean juzgados. Somos testigos implicados.
Un reparto de beneficios que no conoce beneficiarios. Dividir el mundo, trocearlo en partes, sentido de pertenencia que impregna fronteras. Preguntar qué tanto influyen las proporciones entre quienes aportan o los que miran, entre legítimos digitales o analógicos de toda la vida. Respuesta anodina. En lugar de situar sobre el mapa, ahora señalamos en la infografía.
La opacidad nubla el foco, distorsionando el juicio propio. Curioso dilema, el desvirtuado protagonismo lo distinguimos como necesario. Mientras seguiré pensando que no hay amanecer sin invitación para contemplarlo.








