Turista
Pausa. Breve interrupción de un movimiento, proceso, acción. Tardanza, lentitud. Un silencio de pentagrama que en cada frase va rompiendo las letras. Distancia, el símbolo que lo representa.
Pasan días, semanas, meses, agujas que golpean relojes de otros. Mi calendario se va poblando al son de persianas metálicas. Secuencias programadas, orquestadas, de los comercios que no descansan. Voces que suenan resquebrajadas adornan cuerpos estáticos al otro lado de la ventana. Sedentarios, predecibles, necesarios.
Recuerdo árbol, presencia, sonido. Sin nadie que escuche el crujido, los bosques siguen cayendo sin saber el motivo. Ausencia forzada, quizá deseada. Cada día observadores de ruido perfeccionan el escapismo en cada cultivo. Errantes del árbol caído, falsos nómadas usurpando otros sitios.
Sin saber el próximo destino, no hago maletas ni preparo equipajes. Alternando caminos preferidos, siempre dispuesto para un nuevo viaje. Si me viese facturando ilusiones, sin duda más que una ayuda, sería todo un lastre. Lo puesto, necesario bagaje. Visitante, peregrino, turista de los sentidos.
En lugar de aparecer en cada foto, prefiero poder contemplar las de otros. Saber que hay huellas que se dejan sin presencia, con la ausencia. El abuso de la voz propia impide apreciar el silencio melodioso. Seguiré viajando, contemplando en cada posada el turismo de las palabras.
Vacío
Decidir. Dar una solución o juicio definitivo sobre un asunto. Inclinar a alguien a tomar una determinación. Disponer, sentenciar, fallar. No hay duda, temor o miedo que no decida una realidad.
Seguimos bordando recuerdos con hilo blanco, hilo negro. Inculpando al tiempo, somos nosotros los que forzamos el hueco relleno con salpicaduras de presente. Improvisado patrón que sólo luce por su extensión. Demasiados metros cuadrados repetidos en un mismo plano tornaron en predecible, lo espontáneo.
Imperfecta, tosca, el artesano del pasado no adorna la piel de la memoria. Sin detenerse en lo horizontal, busca, en los surcos, profundidad. La pausa como hebra se mueve entre lagunas del recuerdo impaciente. Coloreado entre momentos sólo importa el relieve que va formando cada pliegue. Desvirtuado, pero no ausente. Selectivo, pero nunca indiferente.
Simplificar no es trivializar. Recordar vivir, quizá vivir para recordar. Creemos que poblamos bosques sumando árboles de decisiones. Simples elecciones. Cuando todo es lineal, volver la vista atrás es no poder diferenciar, apreciar. Lleno de vacío el presente va quedando atrás.
Limpio, despejado, libre, un nuevo terreno para habitar. Construiré en vertical. Prefiero vaciar un recuerdo a no tener dónde soñar.
Respuesta automática
Será breve. Como estas líneas. Será efímero. Como el pálpito. Buscamos los afluentes que dan a la mar, el mar del olvido.
Tiritan egos en las mejillas, un nuevo surco por cada miedo. Las estrías fruncen los ojos que no ya no distinguen, mecanizan. Sonrisa automática que se desgasta. Nos desgasta.
Suena un elogio. Forzado. Una reverencia. Educada. Sin importar qué decimos sólo parece preocupar cuándo, a quién nos dirigimos. Encadenar palabras, encabalgar sin sentido. Pronto se desbordarán ríos vacíos.
En la ribera, el eco de aplausos sigue preguntando quién lo llamó. Con qué motivo.
Un día cualquiera
Despuntar. Quitar o gastar la punta. Empezar a amanecer, brotar las plantas. Descollar, destacar. Cada mañana nos adelanta futuros suspiros de almohada.
El murmullo de los comercios golpeando entre las sábanas recuerda un mundo que no espera. Existe el paréntesis pero no la pausa. Entre miradas perdidas andan sombras cabizbajas. Perspectiva, ángulo, distancia. Un mismo instante, infinitas instantáneas. Vivimos la suma de nuestras ventanas.
Caminar sin confesar el rumbo. No dejar que la vida pase ante tus ojos, sino exponerte. Sentirte futuro, no presente. Que en algún momento aprecies el parecido entre no diferenciar y quedarte indiferente. Aminorar la marcha, sin detenerte, esquivando las huellas de los sueños rotos que va marcando la impaciencia de otros.
Prisa, deprisa, premura. Sólo conseguimos decepcionarnos antes y lo que es aún más preocupante, no sólo soñar menos, sino soñar peor. Para después buscar argumentos que más que razones, son lamentos donde recordamos qué fácil es hablar. Aún más simple es dejar que el tiempo ponga todo en su lugar. Siempre una excusa más.
Cuando te rindes a la evidencia, todo significa más de lo que expresas. Sólo entonces este podría ser un día de cualquier tipo, menos un día cualquiera.
Espejos
Reflejar. Manifestar o hacer patente una cosa. Sentir un dolor en una parte del cuerpo distinta a aquella en que se originó. La indiferencia es la proyección en opaco escenario.
Olvidamos que jamás se parte desde cero, imitamos, absorbemos, distribuimos conocimiento. Querer crear es querer reflejar. La búsqueda de la copia perfecta, inimitable, propia, nuestra. Cada vida es una larga lista de atribuciones sin licencia.
Limitar, separar, marcar con nuestro sello, nuestra huella, tomar propiedad. La sonrisa que acompaña el café de la mañana, el recuerdo que dormita entre suspiros de almohada. Son destellos, respuestas a otros brillos, reacciones al estímulo que tomamos como nuestro. No existe terreno ajeno que no pueda alcanzar nuestro reflejo.
Creadores de opinión, amplificadores, conectores. Nuevos tiempos, nuevos términos. Una era que del mundo hace su particular audiencia exige inmediatez en la respuesta al improvisado interlocutor. Sólo la destreza convierte al eco en criterio propio. Cuando sobran los destellos, innovar es simplificar entre reflejos.
Creemos estar progresando mientras compartimos los mismos resultados. Seguimos siendo espejos. Eso no ha cambiado.








