El ruido del silencio
Silencio. Abstención de hablar. Falta de ruido. Efecto de no hablar o no manifestar algo por escrito. Pausa musical. Una corchea en cada palabra. Una sinfonía en cada pausa.
Asociarlo a tranquilidad, a la calma que despide la tempestad, evitando recordar que el verdadero silencio rebosa expresividad. Mientras, seguimos jugando a elevar la voz, hacernos notar, con la inocente creencia de que entre tanto ruido, nuestra verdad destacará. Mutismo de la razón, una nueva falsedad.
Queremos creer que quien no habla, poco tiene que aportar. Olvidamos que la frase más sabia es la aún no pronunciada. Proclamamos las virtudes de una libertad de expresión que, sin avisar, dejó atrás a todo el que calla, al que eligió el último turno cediendo en nuestro favor, su palabra. Ignorar este silencio es la afonía del corazón.
Temo dejar de escuchar mi propio silencio, ese susurro que aparece sólo tras tu voz, la mía o la de otros. Mudez de las ideas. No es cuestión de respeto, buenas formas o tratados de educación siquiera, es la única manera de cancelar el eco que reverbera entre sueños, soluciones o problemas. Omisión, disimulo, misterio. Quizá temamos enfrentarnos al silencio.
Seguiré buscando entre los secretos que no callan. Escuchar cada pausa. En este camino, el silencio sólo enmudece con el ruido de las lágrimas.
Placebo
Sugestión. Sugerencia, fascinación. Control de la voluntad. Ceguera, ofuscación. No existe sustancia inocua que beneficie sin manipulación.
Un corazón ciego tiñe del color del engaño los ojos que ven el mañana. Es la sinceridad muda, llena de verdades que callan. Placebo de la mirada. Voces perdidas, quizá náufragas, entre olas que te arrastran y se calman.
La certeza es el placebo que sólo al tiempo no engaña. Entre la espera y la pausa, la distancia va secando la lágrima. Déjame congelar este presente, abrazarlo hasta que se torne agua. Convertir cada momento en gota de escarcha, por la orilla, por la ribera, derramando su recuerdo, salpicando una vida entera.
Placebo de la razón, hacer que la única evidencia sea la duda. Alternar el turno entre tú y yo, elegir uno de los dos. Estar seguro de lo inseguro, el protagonismo de la imaginación. Inocente, inofensiva, la mente nos brinda la mentira contraria a nuestra expresión. La dualidad de nuestro propio yo.
No quiero, sin una voz, hacer de las palabras, mi placebo. Tan sólo guardar los instantes que atravesaron las corazas entre recuerdos.
Simplicidad
Sencillez. Facilidad, naturalidad. Sin adornos o composturas. Ausencia de dificultad o complicación. Entre tanta teoría sobre lo simple, olvidamos pasar a la acción.
Abandonar la cama, dejar el sueño acostado, mudo, olvidado. Nuestra obligación es complicarlo, hacerlo lejano, que jamás podamos en ningún caso rozarlo. Que las palabras cautivas ya no busquen salida, que pierdan el brillo que en su día despertó. Lo simple no tiene cabida, sabemos que ser realistas es lo mejor. Lo que no perdemos no causa dolor.
Susurros de vida entre lágrimas frías van cerrando heridas que abrió la razón. Demasiado simple que un simple pronombre sea la distancia que nos separa a los dos. Justificarse, no pronunciarse, jamás enfrentarse a la complicación. Es mejor claudicar, perder la batalla, no arrimarse siquiera a lo que no comenzó.
Quizá falten emprendedores de quimeras y sobren empresarios de la consideración. Mientras, el resto del mundo se proclama trabajador de la opinión. Puede que sea complicado acompañar la única brisa que recoge voces de simplicidad. Acudimos diariamente al colegio de la información aunque aún no exista escuela que eduque al corazón.
Dejaré a un lado argumentos, complejidades y excusas para simplificar mi propia vida entre ilusiones y motivación. Puede que fracase de nuevo. Seguro que fracaso mejor.
En unos pocos metros
Distancia. Espacio o periodo de tiempo que media entre dos cosas o sucesos. Alejamiento afectivo. Diferencia entre unas cosas y otras. Lejos o de lejos guardamos las distancias para evitar la excesiva confianza.
La tecnología no une a las personas. Ni las acerca o las aparta. Posibilita, pero no fuerza. Facilita, pero no obliga. Estamos proyectando sobre un terreno todavía inexplorado tantos caminos que desorientan incluso al más aventajado. Por más que queramos no podemos delegar nuestro dinamismo a lo inanimado. A fin de cuentas, de nada sirve levantar puentes que no serán atravesados.
En los trayectos digitales los pasajeros son las ideas y nosotros el equipaje. Es la verdadera magia puntocero, la que trasciende a lo asimétrico, concéntrico o paralelo. Esto no es innovación de escuadra y cartabón. El mayor riesgo para la perdurabilidad de este modelo es la desconfianza en lo ajeno, lo lejano, en exponernos al propio ser humano. Consciente de ello, la única métrica que acepto es la que marca distancia cero.
Entre tanta embarcación, capitán y comandante una simple barca y unos remos nos permiten llegar más lejos, incluso antes. La paradoja del navegante que nunca quiso ser marinero. Nos estamos especializando en una gestión del conocimiento que olvidó codificar la parte humana del proceso. Necesitamos todavía tiempo para asimilar que la distancia entre personas no se mide en grados o metros, sino en afinidad de pensamientos. Que nos siga sorprendiendo, pero que no nos impida aprovecharlo.
De nada sirven las herramientas sin el factor humano. Para intercomunicar el planeta, primero tuvimos que conectar el cable en la roseta. Sigamos conectados.








