José Luis Gato
1Mar/10

Figuras literarias

Figuras literarias

Fotografía: Pablo Alcolea

Figurar. Aparentar, fingir. Destacar, imaginarse o suponer algo que no conocemos. Aparento, supongo, imagino que somos escritores puntocero.

Atrás dejamos la fría y blanca nieve, las oscuras noches de pálida luna, para inundarnos del sorprendente gratis de un regalo. Entre ironía y epíteto, recuerdan que lo que se da a alguien sin esperar nada a cambio, tiene un precio, un coste alto. Un simple gracias no vale como moneda de cambio. Afortunado el que recibe sin ceder su particular pago.

Sin embargo distribuimos las cosas en partes para que otro u otros puedan beneficiarse de ello. Eso sí, Creative Commons, Copyleft, la idea es mía, como mío es el nombre, una mención antes que nada por supuesto, sólo si no ganas. Parece que nuestra verdadera filosofía gira en torno a compartir el beneficio, no el común ni el de otros, sino el propio. La figura lógica, paradoja, ideas contradictorias en un solo pensamiento. El ranking del reconocimiento enmascarado en lo dospuntocero. La perífrasis del ego.

Metonimia, metáfora, símbolo, los tropos literarios que dinamizan la evangelización de una continua alegoría. Cultismos, tecnicismos, neologismos enriqueciendo nuestro diario networking, el mismo que nos presenta y nos reafirma como managers de nuestra vida. La exclamación o pregunta retórica que da fuerza a los desahogos que, entre muros, tablones y estados, no buscan respuesta alguna.

Entre prosopografía y etopeya, construimos la semblanza de nuestra propia biografía. Expertos literatos derramando en un perfil, nuestro retrato.

26Dic/09

Adicto a 140 caracteres

Percepción

Fotografía: Víctor Nuno

Siempre habrá detalles que escapen a nuestra razón. Evitamos pensar en ellos, los esquivamos en cierta forma, ya sea por no romper esa magia o por no sentirnos unos completos ignorantes. Pero cada día que pasa crece mi analfabetismo punto cero, se hace más latente, no encuentro la forma de plasmar este mundo digital en mi mente analógica.

Para expresarnos en Twitter tenemos a lo sumo ciento cuarenta caracteres, no entiendo cómo se necesitan cientos de páginas o miles de palabras para intentar definir qué es, qué nos aporta. Y no tengo la respuesta, ni jamás la tendré.

Una biografía no puede sintetizar una vida sin perder aquellos detalles que sólo el protagonista podría definir, al igual que sus minúsculas pinceladas son las que hacen de esa historia algo único, irrepetible. Como lo es cada Tweet, por frío que pueda parecer. Un simple enlace o dos palabras sin sentido son más que suficientes como para crear una nueva percepción, cambiar el orden de aquello que estábamos pensando, despertar una nueva curiosidad, incitar a responder o a difundir.

Por lo tanto, quizá se pueda describir qué funcionalidad tiene una aplicación en unos pocos párrafos, pero no así el impacto tiene sobre cada uno de nosotros, los que lo usamos y los que ni siquiera saben de su existencia. No lo voy a negar, me he vuelto adicto a Twitter por enseñarme, entre otras cosas, que:

“Tras cada palabra no se esconde una persona, en cada línea se presenta de una forma diferente”.

“Ciento cuarenta caracteres son más que suficientes para alegrar un día”.

“No todo el que responde o colabora tiene afán de protagonismo, simplemente está aquí y ahora”.

“El pasado, presente y futuro cobra un valor bien diferente cuando viene arropado por otros”.

“No es extraño querer saber de todo, lo extraño es creer saberlo todo”.

Podría hacer una lista interminable, pero siempre habrá detalles que escapen a nuestra razón.
¿Cuál es la tuya?

Archivado en: Algún día 5 Comentarios