Reflejos de vida
Espera. Plazo señalado, esperanza de conseguir lo que se desea. Creer que ha de ocurrir alguna cosa, desear que así sea. Poner en paro una actividad hasta que suceda algo. Estas son mis próximas últimas semanas de espera.
Las palabras más que alejarse, se me acercan. Palabras frías, llenas. Palabras rotas. Mientras la distancia permanece ausente el presente, nuestro presente, golpea cada día mi puerta. La misma que con la mirilla entreabierta me pide que no le abra, que me aleje, que me esconda.
La realidad no se negocia, se acepta o se rechaza. No caeré en el engaño de negarla. En cada segundo veo estampada la firma sobre la fecha que señala un nuevo contrato de por vida. Por obras y servicios o quizá indefinido. Puede que de propietario o simplemente de inquilino.
Pensar se me hace como respirar, más que un ejercicio es mi propia necesidad. Cuando empecé este proceso jamás hubiera creído que mantendría intacta mi biografía. La continua rehabilitación es ahora parte de mi vida, la propia y la compartida. Dejaré para otros las inyecciones de insensibilidad. No es ni mucho menos un alarde de sinceridad, es la conciencia que separa lo imaginario de lo real.
En mi propia historia será otra persona la que ponga el punto y final. No volveré, nunca tuve que partir o que marchar. Ni lo haré. Dime que seguiremos. Sólo entonces, te seguiré.
Al menos una razón
Anticipación. Un virtuoso violinista siempre decía que la mejor improvisación, era la no improvisada. Expresión, silencio, giro, gesto. A ojos del mundo el tiempo se para con destellos de genio que invaden la sala. Para el músico, nada cambia. Su talento se pierde entre emoción preparada. Un, dos, mira el reloj. Así empieza esta interpretación.
Lejos de estar estudiada, anoche comenzaba esta expresión de la realidad. Diferentes respuestas a un mismo estímulo que serían imposibles predecir con antelación. Preocupación, complejidad, agradecimiento, reflexión. En este escenario no hay papel principal, la actuación no es tal, es interacción.
Sigamos con metáforas, símiles, excusas para seguir justificando este miedo al cambio. Lo digital, déjalo lejos. Crea términos como “desvirtualizar”. No podemos permitir que una serie de desconocidos nos feliciten el cumpleaños o nos pregunten "cómo estás". Coloca otra barrera, no dejes que esto te afecte. Recuerda que no son más que avatares carentes de vida. Jamás podrían suplantar tu entorno levantado con impactos de realidad. Mira el reloj. Tres, cuatro, percepción.
Entre fracasos y miedos, bosquejados esbozos de humanidad . No, eso no es preocupación. Recordatorios automatizados tan falsos y desvirtuados que se alimentan de ego para ser ejecutados. No es más que una estrategia, el quiero y no puedo de la identidad digital. Si todo es tan irreal, ¿por qué seguimos aquí?
Entre tanta autoestima, creemos tener tanto que ofrecer que el mundo ríe y llora en torno a un continuo paripé. De nuevo el reloj. Cinco, seis, aquí eres el rey.
Aprendiendo a opinar
Crítica. Usamos diferentes términos para suavizar la censura, el juicio impropio, el dulce reproche. Entre comentarios y apreciaciones, reprobamos lo ajeno. Si no lo comparto, lo condeno.
Un señor con bata blanca, perdón, quise decir facultativo, se molestó por mi definición particular de una anormal sensación. Parestesia. Sólo un insensato como yo podría demostrar semejante atrevimiento, usando el término correcto que aparece en diccionario. Su contestación fue tal que así: “¿Eres médico? Entonces no uses terminología médica”. De acuerdo, debería haber usado algo más sencillo, hormigueo, adormecimiento, en ningún caso hacer gala de mis limitados conocimientos.
En cierta forma a todos nos molesta el intrusismo mental. Esto es, nadie tiene "derecho a opinar" sobre lo que consideramos fuera de su ámbito de competencia. No aceptamos que detrás de una mesa de oficinista se puedan esconder consejos a emprendedores. Ni por supuesto que un "simple" peón compare su esfuerzo con el de un directivo. ¿Ellos qué sabrán?
Esto no sólo se aplica al terreno profesional, es más bien algo personal. Siempre es personal. Me gustan los debates, las críticas, poner a prueba mi capacidad de respuesta. En ningún caso para demostrar, sino para tomar conciencia. Sin embargo esta ambivalencia me ha permitido exhibir que mi conocimiento está sujeto al criterio de los demás.
Es la primera vez que me cuestiono los motivos que me llevan a opinar. Hasta hoy, estaba fuera de mis competencias razonadas. Todos tenemos la capacidad de opinar, no así su potestad. Cambiaré el discurso, tornaré los hábitos, lo plural es ahora singular. “¿Yo qué sabré?” me preguntaré antes de sentenciar.
Decálogo de un punto uno
Decálogo de un punto uno:
1. No intentes clasificarte.
2. Eres la versión más actualizada de ti, no la mejor.
3. No existe un mundo real hasta que lo empiezas a compartir.
4. Hacer de la vida una estrategia te convierte en su peor enemigo.
5. Lo racional no es la respuesta, es el planteamiento.
6. La solución no es más que la consecuencia de una pregunta.
7. No existe método sin limitación.
8. La herramienta más eficaz está implícita en la compresión.
9. La felicidad es un concepto que obedece al deseo de encontrarlo.
10. Ningún conocimiento te pertenece. Todos pertenecemos a él.
"No dependo de este decálogo. Él depende de mí. Está escrito ahora porque el mañana siempre comienza hoy. No es una declaración de intenciones ni una definición. No tiene dueño ni licencia. Se puede modificar, adaptar, refutar, seguir, leer, olvidar, compartir. Puedes hacer el tuyo. Este es el mío, aunque no me pertenezca a mí".
A modo de comentario: Followfriday
A diario, todos tomamos decisiones. De mayor o menor importancia, pero son decisiones. Cuando te llevas tanto tiempo alejado de algo que te apasiona, como es en mi caso la filosofía dospuntocero, lo lógico es que cuanto menos, esperes grandes cambios.
No siempre entendemos con un criterio único las iniciativas que se proponen. Para mí, #followfriday es un método excelente para dar a conocer y presentar personas. No me gusta usar el término seguidor, ya no pretendo que me “siga” nadie. Tiene una connotación negativa, a mi parecer. Sé que es una traducción literal, no intento maquillar el lenguaje, simplemente emplear las palabras oportunas dentro de mi limitado conocimiento. No es lo mismo ser interesado que estar interesado, tener un interés o interesarse.
Los rankings fomentan la participación y a su vez, incitan a la competitividad, la cual considero beneficiosa siempre que sea sana. Pero incluso en el mejor de los casos, presentan una serie de inconvenientes que me han hecho replantearme una serie de cuestiones. Si bien es un auténtico honor ser mencionado, tener la opción de recomendar es aún mayor.
Quizá sea un problema conceptual mío, pero estamos entrando en una espiral un tanto peligrosa, nociva y condicionante. Nunca ha sido mi intención buscar el agradecimiento recíproco, parece que en algunos casos estamos obligando a "si yo te recomiendo, tú haces lo propio conmigo". No es por cuestión de falta de méritos, es su carácter unidireccional, al final parece que te estés votando tú mismo. Esto puede ser sólo anecdótico, pero con miles de personas haciendo lo propio durante horas el mismo día, ese valor diferencial y especial que le veo a Twitter, queda relegado a un segundo plano. A duras penas ha sido posible encontrar comentarios o referencias ajenas a #followfriday estos viernes pasados. Y como colofón, lo que sí me ha afectado en un plano estrictamente personal, ha sido descubrir que hay personas que se han sorprendido por el simple hecho de ver cómo les respondía, ya que "alguien en mi posición" rara vez lo hace. La primera vez te llama la atención, piensas que habrá sido una malinterpretación. Pero si se repite, como ha ocurrido, se convierte para mí en un problema. No busco un beneficio personal a base de golpes de ego, tan sólo disfruto conversando, compartiendo y conociendo nuevas personas. Si esto es para un uno por ciento un impedimento o una pequeña barrera para contactarme, no lo quiero.
En mi caso, soy un desconocido, no soy "nadie", lo cual me hace pensar que quizá esa cercanía que se pretende mostrar no sea igualmente visible para todos. Quien me haya podido conocer un poco en este tiempo sabrá que tanto teléfono como demás métodos de comunicación están disponibles para ponerse en contacto conmigo, para charlar, echar una mano o cualquier otra cosa en la que pueda contribuir.
Sorprendido y más que agradecido por esta acogida, considero que ya es mucho el esfuerzo y el reconocimiento que se me ofrece a diario como para merecer directa o indirectamente más. Disfruto de más tiempo libre que la mayoría de vosotros y creo que no es justo tal y como yo concibo el #followfriday que de alguna forma me vea beneficiado de esta situación. Cada día es posible leer que en Twitter "hay mucha gente que vale la pena". Pero si cerramos ese círculo nosotros mismos, al menos yo no estaría predicando con el ejemplo.
Antes de agregar a cualquier persona me paro a leer su biografía, su perfil, su blog, su página corporativa. Le dedico más tiempo a eso que a escribir posts. El resultado es evidente, todos aportáis. Sin distinción. Es una gran suerte, tan sólo espero que nadie se moleste por esta decisión. Mi último #followfriday es para todos y cada uno de los que componéis hoy ese pequeño gran tributo diario. "Por todos los motivos que hasta ahora no soy capaz de sintetizar en 140 caracteres. Ni creo que podré".








