José Luis Gato
29abr/10

Más que un hábito

Más que un hábito

Fotografía: Víctor Nuno

Confianza. Seguridad en uno mismo o en las propias cualidades. Credulidad, decisión, determinación. Trato amistoso. En confianza, entre nosotros.

Cada mañana despierto en un mundo se presenta a sí mismo como experto en antropología. No seré más que un iletrado, un analfabeto de la cortesía, incapaz de prejuzgar o valorar un buenos días. Entre seguir debatiendo los motivos sombríos que pusieron de acuerdo educación y empatía, prefiero aceptar que en un simple saludo se cruzan dos vidas: la tuya y la mía.

Cambian los tiempos, los momentos. El sentido común permanece inquieto. Nos sorprende lo evidente, más allá de tecnología, el simple hecho de haber transformado lo inaccesible en cercanía. Tan sólo hemos cambiado de categoría, de arquitectos de sueños a constructores del día a día. Es más que evidente que aquellos vínculos entre personas, lo llamados lazos débiles, cada vez se tornen más fuertes.

Las relaciones ahora se basan más que en hechos, en palabras. Desconfiar de algo o no confiar en nada. Un entorno dinámico multiplica la probabilidad de la elección equivocada. Ser conscientes de que existe algún riesgo no implica que conozcamos todas las ventajas. Prefiero firmar un interrogante a la afirmación que se tambalea. Es la confianza del ingenuo frente al temor del incrédulo.

Ante el silencio cualquier pregunta se encuentra oculta, vacía. Si la afinidad es un secreto que cobra vida en compañía, convertirse en confidente es quizá la respuesta a un buenos días.

15abr/10

Mereces ser más que un número

Fotografía: Jean-François Gornet

Merecer. Hacerse digno de lo que corresponde, sea recompensa o castigo. Desmereces que te siga, mereces ser mi amigo.

Entre valores universales, preceptos y principios básicos, dejamos a un lado la actitud equilibrada y constante, la ecuanimidad.  No sé qué tanto nos gusta el ego que juzgamos que quizá nos merecemos tener en nuestro contador una unidad más.

Dejemos a un lado el ruido, las métricas, la segmentación o el interés de la conversación. Aplicamos distintos criterios en distintos entornos, lo cual no es de extrañar. Pero mi limitada lógica me lleva a pensar que debería ser más complejo que me acepten en un círculo social donde la privacidad pierde su nombre en el momento de entrar.

Supongamos que Facebook es tu casa y Twitter el local abierto al público donde vas a trabajar. Cualquier persona ajena a Internet difícilmente entendería que dejases pasar a un desconocido a la intimidad de tu hogar y a su vez, a la misma persona, no contestases en tu tienda al entrar. A grandes rasgos esta es la realidad. Es bastante común ver como en Twitter alguien con presencia diaria y gran cantidad de seguidores rara vez devuelve ese “follow” a la persona que en Facebook tiene o tendrá nombrada como “amistad”.

Siguen apareciendo a diario manuales de cómo aumentar la presencia, conseguir más. Motivos por los que te sigo, por los que dejar de seguirte, merecer una recomendación o desmerecer tu voz. Quien tiene más de 1000 seguidores lleva el tiempo suficiente como para saber aplicar filtros, listas o conocer la importancia de la privacidad. Creo que es evidente, por regla general, tener una constante actividad. Por tanto no es cuestión de desconocimiento, de falta de tiempo o diferente finalidad. Es aceptar por sumar uno más.

Situaciones curiosas donde un mismo usuario en un sitio es bloqueado y al tiempo en el otro, lo ves comentar. Será que medio desmerece, o quizá merezca la mitad. Podría hacer una lista con interminables referencias, pero en esencia esta es la diferencia, se llame narcisismo digital, ego social o un simple “quiero más”. Me resulta un tanto peculiar que tengamos tiempo para calcular cualquier algoritmia social sin ser capaces de mejorar los argumentos de “yo no doy si tú no das”.

Por mi parte, intento evitar prejuzgar. De entrada todos merecen, si desmerecen dejamos de hablar. Sin bloqueos, unfollows ni traumas, mantengo mi coherencia digital. Debo tener suerte, o más bien merecerme un nombre "original". Así al buscarme en Google aparezco el primero y no desespero por escalar ningún puesto más.

10mar/10

Reflejos de vida

Reflejos

Fotografía: Víctor Nuno

Espera. Plazo señalado, esperanza de conseguir lo que se desea. Creer que ha de ocurrir alguna cosa, desear que así sea. Poner en paro una actividad hasta que suceda algo. Estas son mis próximas últimas semanas de espera.

Las palabras más que alejarse, se me acercan. Palabras frías, llenas. Palabras rotas. Mientras la distancia permanece ausente el presente, nuestro presente, golpea cada día mi puerta. La misma que con la mirilla entreabierta me pide que no le abra, que me aleje, que me esconda.

La realidad no se negocia, se acepta o se rechaza.  No caeré en el engaño de negarla. En cada segundo veo estampada la firma sobre la fecha que señala un nuevo contrato de por vida. Por obras y servicios o quizá indefinido. Puede que de propietario o simplemente de inquilino.

Pensar se me hace como respirar, más que un ejercicio es mi propia necesidad. Cuando empecé este proceso jamás hubiera creído que mantendría intacta mi biografía. La continua rehabilitación es ahora parte de mi vida, la propia y la compartida. Dejaré para otros las inyecciones de insensibilidad. No es ni mucho menos un alarde de sinceridad, es la conciencia que separa lo imaginario de lo real.

En mi propia historia será otra persona la que ponga el punto y final. No volveré, nunca tuve que partir o que marchar. Ni lo haré. Dime que seguiremos. Sólo entonces, te seguiré.

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29ene/10

Al menos una razón

Una razón

Fotografía: Víctor Nuno

Anticipación. Un virtuoso violinista siempre decía que la mejor improvisación, era la no improvisada. Expresión, silencio, giro, gesto.  A ojos del mundo el tiempo se para con destellos de genio que invaden la sala. Para el músico, nada cambia. Su talento se pierde entre emoción preparada.  Un, dos, mira el reloj. Así empieza esta interpretación.

Lejos de estar estudiada, anoche comenzaba esta expresión de la realidad. Diferentes respuestas a un mismo estímulo que serían imposibles predecir con antelación. Preocupación, complejidad, agradecimiento, reflexión. En este escenario no hay papel principal, la actuación no es tal, es interacción.

Sigamos con metáforas, símiles, excusas para seguir justificando este miedo al cambio. Lo digital, déjalo lejos. Crea términos como “desvirtualizar”. No podemos permitir que una serie de desconocidos nos feliciten  el cumpleaños o nos pregunten "cómo estás". Coloca otra barrera, no dejes que esto te afecte. Recuerda que no son más que avatares carentes de vida. Jamás podrían suplantar tu entorno levantado con impactos de realidad. Mira el reloj. Tres, cuatro, percepción.

Entre fracasos y miedos, bosquejados esbozos de humanidad . No, eso no es preocupación. Recordatorios automatizados tan falsos y desvirtuados que se alimentan de ego para ser ejecutados. No es más que una estrategia, el quiero y no puedo de la identidad digital. Si todo es tan irreal, ¿por qué seguimos aquí?

Entre tanta autoestima, creemos tener tanto que ofrecer que el mundo ríe y llora en torno a un continuo paripé. De nuevo el reloj. Cinco, seis, aquí eres el rey.

25ene/10

Aprendiendo a opinar

Opinar

Fotografía: Víctor Nuno

Crítica. Usamos diferentes términos para suavizar la censura, el juicio impropio, el dulce reproche. Entre comentarios y apreciaciones, reprobamos lo ajeno. Si no lo comparto, lo condeno.

Un señor con bata blanca, perdón, quise decir facultativo,  se molestó por mi definición particular de una anormal sensación.  Parestesia. Sólo un insensato como yo podría demostrar semejante atrevimiento, usando el término correcto que aparece en diccionario. Su contestación fue tal que así: “¿Eres médico? Entonces no uses terminología médica”. De acuerdo, debería haber usado algo más sencillo, hormigueo,  adormecimiento, en ningún caso hacer gala de mis limitados conocimientos.

En cierta forma a todos nos molesta el intrusismo mental. Esto es, nadie tiene "derecho a opinar" sobre lo que consideramos fuera de su ámbito de competencia. No aceptamos que detrás de una mesa de oficinista se puedan esconder consejos a emprendedores. Ni por supuesto que un "simple" peón compare su esfuerzo con el de un directivo. ¿Ellos qué sabrán?

Esto no sólo se aplica al terreno profesional, es más bien algo personal. Siempre es personal. Me gustan los debates, las críticas, poner a prueba mi capacidad de respuesta. En ningún caso para demostrar, sino para tomar conciencia. Sin embargo esta ambivalencia me ha permitido exhibir que mi conocimiento está sujeto al criterio de los demás.

Es la primera vez que me cuestiono los motivos que me llevan a opinar. Hasta hoy, estaba fuera de mis competencias razonadas. Todos tenemos la capacidad de opinar, no así su potestad. Cambiaré el discurso, tornaré los hábitos, lo plural es ahora singular. “¿Yo qué sabré?” me preguntaré antes de sentenciar.