Decálogo de un punto uno
Decálogo de un punto uno:
1. No intentes clasificarte.
2. Eres la versión más actualizada de ti, no la mejor.
3. No existe un mundo real hasta que lo empiezas a compartir.
4. Hacer de la vida una estrategia te convierte en su peor enemigo.
5. Lo racional no es la respuesta, es el planteamiento.
6. La solución no es más que la consecuencia de una pregunta.
7. No existe método sin limitación.
8. La herramienta más eficaz está implícita en la compresión.
9. La felicidad es un concepto que obedece al deseo de encontrarlo.
10. Ningún conocimiento te pertenece. Todos pertenecemos a él.
"No dependo de este decálogo. Él depende de mí. Está escrito ahora porque el mañana siempre comienza hoy. No es una declaración de intenciones ni una definición. No tiene dueño ni licencia. Se puede modificar, adaptar, refutar, seguir, leer, olvidar, compartir. Puedes hacer el tuyo. Este es el mío, aunque no me pertenezca a mí".
A modo de comentario: Followfriday
A diario, todos tomamos decisiones. De mayor o menor importancia, pero son decisiones. Cuando te llevas tanto tiempo alejado de algo que te apasiona, como es en mi caso la filosofía dospuntocero, lo lógico es que cuanto menos, esperes grandes cambios.
No siempre entendemos con un criterio único las iniciativas que se proponen. Para mí, #followfriday es un método excelente para dar a conocer y presentar personas. No me gusta usar el término seguidor, ya no pretendo que me “siga” nadie. Tiene una connotación negativa, a mi parecer. Sé que es una traducción literal, no intento maquillar el lenguaje, simplemente emplear las palabras oportunas dentro de mi limitado conocimiento. No es lo mismo ser interesado que estar interesado, tener un interés o interesarse.
Los rankings fomentan la participación y a su vez, incitan a la competitividad, la cual considero beneficiosa siempre que sea sana. Pero incluso en el mejor de los casos, presentan una serie de inconvenientes que me han hecho replantearme una serie de cuestiones. Si bien es un auténtico honor ser mencionado, tener la opción de recomendar es aún mayor.
Quizá sea un problema conceptual mío, pero estamos entrando en una espiral un tanto peligrosa, nociva y condicionante. Nunca ha sido mi intención buscar el agradecimiento recíproco, parece que en algunos casos estamos obligando a "si yo te recomiendo, tú haces lo propio conmigo". No es por cuestión de falta de méritos, es su carácter unidireccional, al final parece que te estés votando tú mismo. Esto puede ser sólo anecdótico, pero con miles de personas haciendo lo propio durante horas el mismo día, ese valor diferencial y especial que le veo a Twitter, queda relegado a un segundo plano. A duras penas ha sido posible encontrar comentarios o referencias ajenas a #followfriday estos viernes pasados. Y como colofón, lo que sí me ha afectado en un plano estrictamente personal, ha sido descubrir que hay personas que se han sorprendido por el simple hecho de ver cómo les respondía, ya que "alguien en mi posición" rara vez lo hace. La primera vez te llama la atención, piensas que habrá sido una malinterpretación. Pero si se repite, como ha ocurrido, se convierte para mí en un problema. No busco un beneficio personal a base de golpes de ego, tan sólo disfruto conversando, compartiendo y conociendo nuevas personas. Si esto es para un uno por ciento un impedimento o una pequeña barrera para contactarme, no lo quiero.
En mi caso, soy un desconocido, no soy "nadie", lo cual me hace pensar que quizá esa cercanía que se pretende mostrar no sea igualmente visible para todos. Quien me haya podido conocer un poco en este tiempo sabrá que tanto teléfono como demás métodos de comunicación están disponibles para ponerse en contacto conmigo, para charlar, echar una mano o cualquier otra cosa en la que pueda contribuir.
Sorprendido y más que agradecido por esta acogida, considero que ya es mucho el esfuerzo y el reconocimiento que se me ofrece a diario como para merecer directa o indirectamente más. Disfruto de más tiempo libre que la mayoría de vosotros y creo que no es justo tal y como yo concibo el #followfriday que de alguna forma me vea beneficiado de esta situación. Cada día es posible leer que en Twitter "hay mucha gente que vale la pena". Pero si cerramos ese círculo nosotros mismos, al menos yo no estaría predicando con el ejemplo.
Antes de agregar a cualquier persona me paro a leer su biografía, su perfil, su blog, su página corporativa. Le dedico más tiempo a eso que a escribir posts. El resultado es evidente, todos aportáis. Sin distinción. Es una gran suerte, tan sólo espero que nadie se moleste por esta decisión. Mi último #followfriday es para todos y cada uno de los que componéis hoy ese pequeño gran tributo diario. "Por todos los motivos que hasta ahora no soy capaz de sintetizar en 140 caracteres. Ni creo que podré".
Apreciando cada ruido
Estudios, estadística, probabilidades, cálculo, variables. Hasta lo aleatorio necesita ser clasificado. Ruido blanco, ruido gris, ruido rosa. Coloreamos lo azaroso.
Por alguna razón siempre evité prestar especial atención a aquellos estudios que pretenden, con la mejor de las intenciones, arrojar verdades sobre los comportamientos, las utilidades y los hábitos. Esos datos, son sólo números. Que nadie me malinterprete, no los estoy menospreciando. Pero al igual que a un hipocondriaco no se le aconseja leer los prospectos de los medicamentos, no quiero que mi escaso conocimiento se vea condicionado por los comportamientos de unos y otros.
Ojeo los datos que van ofreciendo diferentes estudios sobre la información que aparece en Twitter. Observo, contemplo, pero nada más. No cuestiono su veracidad o el trabajo de fondo que dejan atrás. Pero en mi vida real, no tengo tantos por cientos de amigos. Ni coeficientes o constantes de creatividad.
Ahora toca el turno del ruido. Sí, lo interesante y lo que no. Lo prescindible, lo que no aporta, es el ruido en la comunicación. Un "Buenos días" no genera valor. Un cambio de estado o una contestación, se compara a una sala de chat. Para los estudios, esto es insustancial. Esta no es mi realidad. Hace un rato publiqué "¿Alguien quiere un café?". El teléfono sonó. Una interesante conversación que comenzaba con "¿José Luis? Delicioso ese café".
Muchos echamos de menos los vinilos, su presentación, su sonido. Cuando la aguja caía sobre el plato, comenzaba el ruido. Ruido blanco. No sólo los puristas son nostálgicos. Ruido, más ruido.







