José Luis Gato
22ene/10

A modo de comentario: Followfriday

A diario, todos tomamos decisiones. De mayor o menor importancia, pero son decisiones. Cuando te llevas tanto tiempo alejado de algo que te apasiona, como es en mi caso la filosofía dospuntocero, lo lógico es que cuanto menos, esperes grandes cambios.

No siempre entendemos con un criterio único las iniciativas que se proponen. Para mí, #followfriday es un método excelente para dar a conocer y presentar personas. No me gusta usar el término seguidor, ya no pretendo que me “siga” nadie. Tiene una connotación negativa, a mi parecer. Sé que es una traducción  literal, no intento maquillar el lenguaje, simplemente emplear las palabras oportunas dentro de mi limitado conocimiento. No es lo mismo ser interesado que estar interesado, tener un interés o interesarse.

Los rankings fomentan la participación y a su vez, incitan a la competitividad,  la cual considero beneficiosa siempre que sea sana. Pero incluso en el mejor de los casos, presentan una serie de inconvenientes que me han hecho replantearme una serie de cuestiones. Si bien es un auténtico honor ser mencionado, tener la opción de recomendar es aún mayor.

Quizá sea un problema conceptual mío, pero estamos entrando en una espiral un tanto peligrosa, nociva y condicionante. Nunca ha sido mi intención buscar el agradecimiento recíproco, parece que en algunos casos estamos obligando a "si yo te recomiendo, tú haces lo propio conmigo". No es por cuestión de falta de méritos, es su carácter unidireccional, al final parece que te estés votando tú mismo. Esto puede ser sólo anecdótico, pero con miles de personas haciendo lo propio durante horas el mismo día, ese valor diferencial y especial que le veo a Twitter, queda relegado a un segundo plano. A duras penas ha sido posible encontrar comentarios o referencias ajenas a #followfriday estos viernes pasados. Y como colofón, lo que sí me ha afectado en un plano estrictamente personal, ha sido descubrir que hay personas que se han sorprendido por el simple hecho de ver cómo les respondía, ya que "alguien en mi posición" rara vez lo hace. La primera vez te llama la atención, piensas que habrá sido una malinterpretación. Pero si se repite, como ha ocurrido, se convierte para mí en un problema. No busco un beneficio personal a base de golpes de ego, tan sólo disfruto conversando, compartiendo y conociendo nuevas personas. Si esto es para un uno por ciento un impedimento o una pequeña barrera para contactarme, no lo quiero.

En mi caso, soy un desconocido, no soy "nadie", lo cual me hace pensar que quizá esa cercanía que se pretende mostrar no sea igualmente visible para todos. Quien me haya podido conocer un poco en este tiempo sabrá que tanto teléfono como demás métodos de comunicación están disponibles para ponerse en contacto conmigo, para charlar, echar una mano o cualquier otra cosa en la que pueda contribuir.

Sorprendido y más que agradecido por esta acogida, considero que ya es mucho el esfuerzo y el reconocimiento que se me ofrece a diario como para merecer directa o indirectamente más. Disfruto de más tiempo libre que la  mayoría de vosotros y creo que no es justo tal y como yo concibo el #followfriday que de alguna forma me vea beneficiado de esta situación. Cada día es posible leer que en Twitter "hay mucha gente que vale la pena".  Pero si cerramos ese círculo nosotros mismos, al menos yo no estaría predicando con el ejemplo.

Antes de agregar a cualquier persona me paro a leer su biografía, su perfil, su blog, su página corporativa. Le dedico más tiempo a eso que a escribir posts. El resultado es evidente, todos aportáis. Sin distinción. Es una gran suerte, tan sólo espero que nadie se moleste por esta decisión. Mi último #followfriday es para todos y cada uno de los que componéis hoy ese pequeño gran tributo diario. "Por todos los motivos que hasta ahora no soy capaz de sintetizar en 140 caracteres. Ni creo que podré".

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19ene/10

Auténtico

Auténtico

Fotografía: Víctor Nuno

Perversidad. Estrategias encubiertas entre alabanzas y elogios visten nuestro entorno de forma diaria. No son más que palabras. Vacías, rotas, desdibujadas, hacen de un halago una respuesta automática.

No sé qué tanto importará que el resto vaya asestando puñaladas de felicidad. Ahora jugamos a ser más éticos, objetivos, incluso reconocemos abiertamente lo mucho que nos preocupa. Quizá nos hayamos convertido en notarios de la verdad, los únicos capaces de dar fe de su autenticidad.

Al menos tengo claro que soy un novato puntocero. Así será por largo tiempo. Mientras otros ocupen el puesto de temporales expertos, prefiero seguir siendo el iluso ignorante eterno. Sin tener a mano el manual del vínculo sincero, no lo sé diferenciar, ni lo pretendo. No soy quién para cuestionar ni lo propio ni lo ajeno.

Mirarme al espejo sin creerme un completo extraño. Pensar y sentir de forma pareja. Conseguir de las palabras mi esencia verdadera. Que cada momento algo cambie, nos cambie. Saber que no soy el mismo y aun así me reconozcas.

Porque todo el mundo se merece un momento de gloria al menos. En un lienzo, un texto o con un desafinado instrumento, mientras consiga transmitir a una sola persona, haré suyo mi recuerdo. Nuestra memoria compartida. Legítima, genuina, fidedigna, pura, innegable, auténtica, nuestra verdad auténtica.

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17ene/10

Sólo una palabra

Gracias

Fotografía: Víctor Nuno

Dibujo una voz. Un trazo, un trozo de mí, un gracias. Para muchos nada cambia, pero muchos no son todos, qué decir que eso basta.

Atrapada entre líneas o dueña de un párrafo. Emisaria de la sorpresa, acompañante de la sonrisa. Gracias. Y es tan solo una palabra. La misma que oculta encanto, naturalidad, cualidad, garbo, atractivo, indulto, beneficio, benevolencia, sobrenatural, divinidad, perdón y agradecimiento. Sin necesidad de corresponder, ajena a los tratados de buenas maneras o a los principios educación siquiera.

Que me perdonen aquellos que hacen de la vida una estrategia. Pido disculpas a los que piensan que a la gente se le compra con palabras como esta. No sé mucho sobre el resto del mundo, a veces dudo querer saber más, para en ningún caso malinterpretar una emoción sincera. No es cuestión de idealismo, de una realidad desvirtuada o de un estado de optimismo propio de la serotonina elevada.

Qué más dará quienes convencidos usan sus avanzadas tácticas de Marketing Relacional ya sea en Twitter, Facebook, Internet o en la tan misteriosa vida "real". El agradecimiento es más que un deseo, una conducta o una responsabilidad personal. No es una técnica que se pueda ensayar y mejorar. A mayor nivel de engaño, menor credibilidad.

Gracias a cada uno de los que saludan cada mañana. A los que comentan, a los que se preocupan, a los que se asustan, a los que callan. Gracias a todos por recordarme el intangible valor de las palabras.

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11ene/10

Apreciando cada ruido

Café

Fotografía: Víctor Nuno

Estudios, estadística, probabilidades, cálculo, variables. Hasta lo aleatorio necesita ser clasificado. Ruido blanco, ruido gris, ruido rosa. Coloreamos lo azaroso.

Por alguna razón siempre evité prestar especial atención a aquellos estudios que pretenden, con la mejor de las intenciones, arrojar verdades sobre los comportamientos, las utilidades y los hábitos. Esos datos, son sólo números. Que nadie me malinterprete, no los estoy menospreciando. Pero al igual que a un hipocondriaco no se le aconseja leer los prospectos de los medicamentos, no quiero que mi escaso conocimiento se vea condicionado por los comportamientos de unos y otros.

Ojeo los datos que van ofreciendo diferentes estudios sobre la información que aparece en Twitter. Observo, contemplo, pero nada más. No cuestiono su veracidad o el trabajo de fondo que dejan atrás. Pero en mi vida real, no tengo tantos por cientos de amigos. Ni coeficientes o constantes de creatividad.

Ahora toca el turno del ruido. Sí, lo interesante y lo que no. Lo prescindible,  lo que no aporta, es el ruido en la comunicación. Un "Buenos días" no genera valor. Un cambio de estado o una contestación, se compara a una sala de chat. Para los estudios, esto es insustancial. Esta no es mi realidad. Hace un rato publiqué "¿Alguien quiere un café?". El teléfono sonó. Una interesante conversación que comenzaba con "¿José Luis? Delicioso ese café".

Muchos echamos de menos los vinilos, su presentación, su sonido. Cuando la aguja caía sobre el plato, comenzaba el ruido. Ruido blanco. No sólo los puristas son nostálgicos. Ruido, más ruido.

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