José Luis Gato
9ene/10

Olvido

Olvido

Fotografía: Víctor Nuno

"Quiero la mejor reputación. Que no se hable mal  de mí. Que si lo hacen, que lo cubran, que lo entierren, con amplias coronas de flores y con mantos de comentarios".

No busca amigos ni conocidos. Persigue menciones, portadas, lo que sea a cambio de nada. Encumbrado emperador del destino, cautiva con cada palabra. La ribera se llena de orgullo, el desprecio azota la calma. Mientras tanto, cada mañana, envidia y odio se encuentran. El refugio, tras su espalda.

"No quiero siquiera rumores, lo negativo, déjalo fuera, nada que altere mi ego, para poder mirarme al espejo y sentirme el amo del mundo. Que no dude ni un solo segundo lo que quiero ser y no puedo”.

Comienza a llover. Las primeras gotas de indiferencia resuenan sobre su ventana. La habitación, en su ausencia, siempre estuvo soleada.

"No te escondas, no huyas, quiero verte la cara. Que recuerdes por siempre mi nombre, que en cada letra se esconde un daga".

Dudas. Miedos. Poco a poco va cayendo la máscara. Ya no sabe quién es. O quién fue. Es el recuerdo el que ahora calla.

Cuando el silencio temblaba incierto, el frío atraveso su mirada. Frente a él, en su espejo, la sombra rota, difuminada.

4ene/10

Cuando nadie te ve

Curiosidad

Fotografía: Víctor Nuno

Parece que han quedado atrás esos años en los que tras un nick, había una máscara. Pseudónimos anónimos. Los comentarios se vestían de secretismo y sólo nuestra imaginación podía ponerles cara.

Recuerdo con una sonrisa una de las muchas anécdotas que me pasaron entre fantasías y páginas. Conocer a alguien en Internet era una novedad, los primeros pasos en la red para muchos transcurrían en los chats. Nada más lejos de la realidad, una estudiante de primero de periodismo comenzó a charlar conmigo, lo que se convirtió en un hábito. Habría pasado un año o así cuando ya conocía su día a día, sus anécdotas, sus miedos, pasiones y locuras.  Nunca me preocupó la apariencia que tendría. Una voz con nombre hecha palabra. Fue entonces cuando desaparecí sin avisar, sin darle mayor gravedad que la normal. ¿A quién le iba a importar?

Me equivoqué. Siempre dejas una huella digital, por minúscula que sea. Dos años después, entre dudas y remordimientos, me confesó un terrible secreto. Todo este tiempo había usurpado la identidad de su hija, tanto su día a día como los sentimientos, aquellos que traicionó al transmitirlos a un extraño, a un ajeno. Lo que empezó siendo un simple juego había ocupado un espacio, si bien pequeño, en algún lugar de sus recuerdos. Se despertaba el miedo. Al rechazo, a la mentira, a la edad, a su otra vida.

Hoy tras cada usuario, suele haber un avatar, un rostro, un rastro. Los perfiles en  muchos casos son públicos y nos preocupa la privacidad, nuestra marca personal, nuestra vida, el qué dirán. Lo que en otro momento era parte de nuestro peculiar teatro, ahora se escenifica a nivel mundial.

Esto, como siempre, me hace pensar. Al exponer nuestra identidad nos condicionamos de tal forma que es difícil sino imposible diferenciar entre lo que alguien quiere que se sepa y la verdad. Si bien podemos "limpiar" nuestro rastro en Internet haciendo uso de los "Estilistas 2.0" (gestores de reputación online) , con el real time esto se empieza a complicar. Al final, las llamadas buenas maneras, las interacciones, la moderación de nuestra palabras, se convertirán en algo habitual. Aunque siempre podamos nombrar la falsedad de los demás, nos cuidaremos de no hacerlo en público, sólo en nuestra intimidad. A medida que la identidad digital vaya cobrando más valor, que siga creciendo a este ritmo,  lo veremos como algo normal. Quién sabe, quizás sea nuestro legado digital. Sería curioso que Internet educara lo que otros no han podido enseñar.

Archivado en: Algún día 9 Comentarios
29dic/09

El día que seguí a un Follower

Followers

Forografía: Víctor Nuno

Para todo y para todos, el tiempo siempre transcurre a un ritmo de 60 segundos por minuto. Ese es el tiempo estimado para seguir a alguien en Twitter. Una breve biografía que no ocupa más de un párrafo a modo de introducción es para mí más que suficiente para la primera impresión.

Sin querer ofender a nadie, la verdad es que he prescindido de los manuales que establecen las pautas para conseguir miles de seguidores, así como las páginas y las aplicaciones que automatizan estos procesos, ya que no me aportan lo esencial.

Creo que no cuesta ningún trabajo dedicar parte de nuestro tiempo a conocer mejor a cada nuevo seguidor, leer su introducción, acceder a su perfil o a su página y tener un primer acercamiento mandando un simple mensaje de agradecimiento. No es que sea una norma, pero a mi juicio, las redes las componen personas, así que tenemos que actuar como tales. La tecnología es útil, pero sumamente fría, tratemos de humanizarla.

Esto es tan válido tanto para quien tiene un follower como diez mil. Cada cual puede gestionar sus contactos como buenamente crea, tener una relación 1 a 100 si considera que no puede estar atento a todo, pero que nadie se lleve a engaño, hay muchas formas de optimizar la productividad en Twitter,  un ejemplo es este post de J.M. Bolivar. Incluso se puede rizar el rizo, otorgando mayor o menor importancia a lo que estimemos oportuno en los ajustes de las llamadas a la API de Twitter.

Es complicado saber lo que alguien nos puede aportar si no lo experimentamos por nosotros mismos. De hecho, una vez que entras en esta dinámica en la que conoces a tus seguidores y ellos te conocen a ti, se multiplican las probabilidades de que acabes encontrando más contactos de tu interés. No es una estrategia en sí, es sentido común. Cuanto más te conozcan, más hablarán de ti, cuanto más hablen de ti, más se interesarán por lo que digas o calles. En cualquiera de los casos, siempre estás a tiempo de hacer algo "tan terrible" para muchos como un "unfollow". Ni nadie está obigado a leerte ni tu autoestima se calcula en base a retuits+followers.

El día que aprendí a seguir a un follower descubrí que se pueden crear vínculos entre desconocidos, que no existe persona por desconocida que sea que no pueda aportar, que esas "arrobas" que preceden a los pseudónimos no se asocian sólo a un nombre, sino a una persona con la cual puedes llevarte horas y horas hablando, que todo el mundo agradece un reconocimiento, un buenos días o un "ahora lo miro".

"No deja de ser humillante para una persona de ingenio, saber que no hay tonto que no le pueda enseñar algo". (Jean Baptiste Say)

Archivado en: Algún día 10 Comentarios