Auténtico
Perversidad. Estrategias encubiertas entre alabanzas y elogios visten nuestro entorno de forma diaria. No son más que palabras. Vacías, rotas, desdibujadas, hacen de un halago una respuesta automática.
No sé qué tanto importará que el resto vaya asestando puñaladas de felicidad. Ahora jugamos a ser más éticos, objetivos, incluso reconocemos abiertamente lo mucho que nos preocupa. Quizá nos hayamos convertido en notarios de la verdad, los únicos capaces de dar fe de su autenticidad.
Al menos tengo claro que soy un novato puntocero. Así será por largo tiempo. Mientras otros ocupen el puesto de temporales expertos, prefiero seguir siendo el iluso ignorante eterno. Sin tener a mano el manual del vínculo sincero, no lo sé diferenciar, ni lo pretendo. No soy quién para cuestionar ni lo propio ni lo ajeno.
Mirarme al espejo sin creerme un completo extraño. Pensar y sentir de forma pareja. Conseguir de las palabras mi esencia verdadera. Que cada momento algo cambie, nos cambie. Saber que no soy el mismo y aun así me reconozcas.
Porque todo el mundo se merece un momento de gloria al menos. En un lienzo, un texto o con un desafinado instrumento, mientras consiga transmitir a una sola persona, haré suyo mi recuerdo. Nuestra memoria compartida. Legítima, genuina, fidedigna, pura, innegable, auténtica, nuestra verdad auténtica.
La distorsión virtual
Dos días, dos palabras. Tras la sorpresa y el gracias, reflexión de fin de semana. Al final, todo encaja.
Egocentrismo, egoísmo, narcisismo, hipocresía, polémica, injusticia, indignación. Términos cotidianos que se ven digitalizados para calificar y descalificar la filosofía “dospuntocero”. La misma que promueve participación y colaboración. Desde luego se está consiguiendo, por una vez, nos ponemos de acuerdo. En algún momento, debí perderme yo.
Este universo digital, virtual o paralelo se merece mi respeto tanto o más que el analógico, el desvirtualizado, el real. De hecho no hago distinciones, a pesar de la evidencia, ni el mundo es ahora bueno, ni se abren todas las puertas. Tengo preocupaciones, como todos, más allá de puntuaciones o lo que digan o guarden “los otros”, los "señores poderosos", los amos del conocimiento. ¿Quiénes son? No los recuerdo. Quizá por eso no me compare ni busque el ecuánime criterio que pueda juzgar al mundo con nuestras "leyes digitales".
Hay quien encuentra en Internet la mejor vía para darse a conocer, en algunos casos, quizá la única. No hace falta ser músico, novelista o poeta. No me importa que el resto haga de su vida una treta para dar la mejor versión de sí. La confianza se pierde o se gana, empieza desde cien o desde cero. Si cuestionamos hasta lo sincero, podremos estar orgullosos de haber enterrado al resto. Siempre hay dos opciones, aceptar o rechazar. Una deja el mundo en el punto en el que está. La otra no me asegura un cambio, pero sí una posibilidad.
El cuestionable valor de las ideas, la forzada afinidad, el interés oculto o la doble moral. Necesito que alguien me explique que se gana al recordar diariamente lo anterior que no sea en beneficio personal y que no valga para influenciar. Seguimos mirando y envidiando, que no anhelando, lo ajeno. Ojalá se pudiera actuar sin cohibir comportamientos, a modo de experimento, para ver si lo "ficticio" acaba convirtiéndose real.
Entre tanto subrealismo siempre surgen causas justas. Adolfo, Mariola, todos, gracias a todos, por aportar y generar a partir de esta, nuestra realidad.
Sólo una palabra
Dibujo una voz. Un trazo, un trozo de mí, un gracias. Para muchos nada cambia, pero muchos no son todos, qué decir que eso basta.
Atrapada entre líneas o dueña de un párrafo. Emisaria de la sorpresa, acompañante de la sonrisa. Gracias. Y es tan solo una palabra. La misma que oculta encanto, naturalidad, cualidad, garbo, atractivo, indulto, beneficio, benevolencia, sobrenatural, divinidad, perdón y agradecimiento. Sin necesidad de corresponder, ajena a los tratados de buenas maneras o a los principios educación siquiera.
Que me perdonen aquellos que hacen de la vida una estrategia. Pido disculpas a los que piensan que a la gente se le compra con palabras como esta. No sé mucho sobre el resto del mundo, a veces dudo querer saber más, para en ningún caso malinterpretar una emoción sincera. No es cuestión de idealismo, de una realidad desvirtuada o de un estado de optimismo propio de la serotonina elevada.
Qué más dará quienes convencidos usan sus avanzadas tácticas de Marketing Relacional ya sea en Twitter, Facebook, Internet o en la tan misteriosa vida "real". El agradecimiento es más que un deseo, una conducta o una responsabilidad personal. No es una técnica que se pueda ensayar y mejorar. A mayor nivel de engaño, menor credibilidad.
Gracias a cada uno de los que saludan cada mañana. A los que comentan, a los que se preocupan, a los que se asustan, a los que callan. Gracias a todos por recordarme el intangible valor de las palabras.
Historia del Social Media: El lejano oeste
Inauguramos sección: “Historia del Social Media”, con este post colaborativo entre José Luis Gato (@franjuice) y Raúl Dorado (@raul_sp).
Con este espacio queremos abrir una pequeña ventana para reflexionar (y si es posible sacaros una sonrisa), comparando la situación actual, que nos atrevemos a señalar como de verdadera revolución digital, con otros hitos señalados y que hoy son recordados cómo momentos que cambiaron la Historia de la humanidad.
El primer cuadro o escena histórica que queremos que nos ayudéis a “pintar” es sobre indios y vaqueros.
La idea que nos inspiró esta temática es el Lejano Oeste, como analogía que muestra la dificultad en la actualidad para emprender y montar negocios en Internet y la colonización que hicieron personas valientes y aguerridas por buscar la tierra prometida; un mundo aún sin conquistar, "tierras salvajes y no exploradas para la civilización” (rogamos tal licencia, aun cuando no estemos de acuerdo con sus variopintos métodos y formas)
Los roles o papeles que proponemos en esta escena son los siguientes:
- Los exploradores: los sufridos emprendedores que se adentran en lo desconocido, aún a riesgo de perecer en el intento.
- Los colonos: los más avispados, que escuchando los ecos de la tierra prometida, se asentaron en las tierras ya exploradas para construir sus humildes moradas, salones y negocios. A qué negarlo, fueron los pioneros.
- El Sheriff: Sin lugar a dudas, el más respetado de todos: Google, acompañado de su joven ayudante Bing y todos sus influyentes hombres (Twitter, Facebook, Youtube, etc.)
- Los buscadores de oro: Ansían encontrar el divino maná a toda costa, aunque para ello tengan que enviar miles y miles de emails automáticos, cometer perjurio alabando las virtudes de sus novedosos e infalibles productos y cómo no, llenen toda la red de spam. En efecto, se trata de los que te llevan la farmacia a casa, crean el elixir de la eterna juventud y quieren vivir de la “filosofía del pelotazo”.
- Los indios: Son todos aquellos emprendedores y startups que creían haber encontrado un nicho de mercado del que nadie los echaría. Pero la realidad era bien distinta, por más que ellos siguieran fieles a sus costumbres y se agruparan en numerosos eventos y asociaciones, casi todos ellos se vieron despojados de sus pertenencias que quedaron a merced de los intrépidos vaqueros. A ojos del mundo, eran el enemigo a batir. Nunca se supo la auténtica verdad.
- Los vaqueros: Queridos y respetados por todos, eran aquellos que ya estaban asentados en sus respectivos pueblos. Pero el poder los fue corrompiendo, persiguiendo crecer más y más a costa de todo y de todos. Comenzaron a crecer eliminando del mapa a aquel que se cruzaba en su camino, haciendo gala de una actitud, cuanto menos, beligerante. Consiguieron la estabilidad, pero se les atribuye un gran número de víctimas inocentes, ajenas a su codicia.
- Los charlatanes: Conocidos como vendehúmos y autoproclamados gurús que pueblan la red y que tratan de embaucar al pueblo sobre las maravillas de sus productos y remedios crecepelos. Ni qué decir que proliferaron de manera alarmante, dada la facilidad que tenían para embaucar con simples promesas a los todavía ingenuos e ignorantes. (en fin, esto no ha cambiado).
- Los forajidos: personas sin escrúpulos que buscan el beneficio propio aún con el perjuicio de los demás. Este papel lo juegan aquellos que usan malas artes como la suplantación de identidad, el phishing, malware y demás amenazas contra la comunidad.
Las cartas están sobre la mesa, ¿estás de acuerdo con lo expuesto? ¿Te gustaría añadir o modificar algún rol expuesto? Nos encantaría que participaras, este juego acaba de empezar. Y por supuesto, os invitamos a que propongáis nuevos escenarios. A partir de ahora, el pasado será 2.0
La simplicidad de Twitter
Desinhibición. No puedo hablar de psicología, pero sí de observación. En algún momento todos somos observadores. A diario se pueden leer apuntes que expresan más que una sorpresa ante un descubrimiento, ya sea por lo que aporta una persona, por su desinteresada implicación o por un sensación de pertenencia a grupo que no se define en base a hashtags o listas. Es algo tan habitual, que quizá no le prestemos atención.
El proceso de creación de una cuenta en Twitter es todo un ejemplo de simplicidad. Cuando no te abruman con interminables cuestionarios y te limitas a poco más que nombre, localización y una breve descripción, entra en juego la creatividad. Esto por sí solo, ya supone una primera criba. Sintetizar en pocos caracteres lo que pretendes comunicar es todo un reto mental que con la práctica, se acaba volviendo habitual. Sin abreviaturas y sin destrozar el lenguaje, esto supone otro hándicap aún mayor. Sin advertirlo hemos sido nosotros y no una herramienta la que ha segmentado.
En Twitter nadie parecer dar importancia a tu edad, al trabajo o a si tienes un MBA. Esta es la desinhibición, la que aporta verdadero valor. Si eres interesante, lo eres porque sí. No hace falta tener un alto cociente intelectual para darse cuenta de lo evidente, nadie parece temer expresarse en lo que para muchos sería su “propio idioma”. Creo que las personas con mentes inquietas se sienten cohibidas a la hora de comunicarse, bien por temor a no ser entendidas o a ser calificadas como “bichos raros”. Lo increíble de todo es, que aquellos con verdadero talento, con capacidades innatas en diferentes áreas, no tratan por regla general deslumbrar con el manejo de las palabras. Raras veces se necesita descifrar mensajes a base de diccionario. Pero la realidad es que escriben fuera de esos 140 caracteres, aportan no sólo en forma de enlace y demuestran un interés poco habitual por su continuo reciclaje. Innovación llevada a la práctica.
Sé quién soy, todos pueden saberlo. No me escondo tras anonimatos o avatares. Por supuesto ni lo considero un juego ni creo que todos seamos iguales. Esa es la gran diferencia que me aporta Twitter frente a otras redes sociales. Cada día me cuesta más trabajo definirlo como "herramienta de comunicación", ya que si bien actúa como puente, crea vínculos entre personas que me atrevo a calificarlos de fuertes.
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