José Luis Gato
7ene/10

El tendero siempre fue 2.0

tiendas

Fotografía: Víctor Nuno

Me remonto veinte años atrás. Veo ese mostrador repleto de conservas, dulces, salados y papeles con garabatos. El eco de un agradable “buenos días” retumba en mis oídos. Comienzo a recordar. Pregunto quién es el último y alguien contesta “tú, que eres quien acaba de llegar”.

Un experto en lo que hoy llamamos Marketing Relacional. Jamás entenderé cómo se las arreglaba para acordarse de cada nombre, de cada cara, de los problemas de unos y de otros. No leía ningún blog, no apuntaba los detalles en su PDA. Sin embargo, era capaz de hacer llegar a todos que la vecina del cuarto estaba en el hospital, que había escuchado en la radio que probablemente iba a llover, que su hija había entrado en la facultad. Eso sí era viral. Tenía ganada la reputación, la confianza, incluso la amistad. No había en su cuenta de explotación una partida destinada a publicidad. La rotación de personal era casi nula, si acaso rara vez pedía ayuda a su mujer que inexplicablemente, sabía casi lo mismo de todo que él.

Ahora parece que nos alarma y criticamos que las grandes corporaciones no den el salto a lo “social”. Nunca lo han hecho de forma física. ¿Qué más dará? Los vínculos no se crean entre personas y logotipos, por más que una campaña llegue a “emocionar”. En una compañía de cientos de personas, no es una sola quien carga con el compromiso de preservar la imagen de marca. Somos nosotros quienes otorgamos esa responsabilidad, bien a la persona que nos atendió, a la que no quiso contestar, a quien nos envía esos extraños mails que aparentan preocuparse por nuestro cumpleaños o por lo felices que debemos ser en navidad.

Puede ser que todo aquello que las grandes empresas nunca pudieron comprar como esa cercanía o la fidelidad, ahora cobre vida en nuestro mundo digital. Los ceros y unos son fríos. No tienen personalidad. Particularmente no espero establecer un lazo eterno con un avatar que en vez de rostro muestra un contenido vectorial. No sé cómo actuarán los demás pero yo tengo conversaciones con las personas que tratan de representar los valores de tan respetadas sociedades. No hablaremos del cambio climático, pero tampoco de las virtudes del nuevo producto que intentan promocionar. Quizá mañana abandonen esa cuenta, por razones propias o forzadas. Tengo claro que no me importará si me vuelven a contactar representando esta o aquella identidad. Para mí, seguirán siendo como ese tendero, que no necesitaba autoproclamarse líder en nada salvo en ganarse a los demás.

Ojalá todas esas pequeñas tiendas, comercios y autónomos pudieran disfrutar de un poco más de tiempo para este mundo digital. A buen seguro que darían más de una lección de Management a todo el que se estila como profesional. Lo llevan en la sangre, eso no se puede plasmar en ningún curso o tutorial.

2ene/10

Lo que un Tweet esconde

barrera

Fotografía: Víctor Nuno

Ideas, ingenio, complicidad, aburrimiento, costumbres, empatía, apatía, saludos, desconocimiento, intereses, descubrimientos. Cada minuto, un concepto.

Entre amantes y detractores, el infinito y las limitaciones. Qué más dará el tiempo que se le dedique, lo aprovechable y lo que no. Que alguien me explique la ventaja de acotar la innovación. Si somos libres de nuestro tiempo, como dueños de nuestra imaginación, seamos nosotros, y no otros, los que marquemos las “inmutables leyes” de la colaboración. Da igual que motivos se escondan tras nuestro afán por “dar a luz”, ya sean personales, egoístas, de todos, altruistas.

Para fomentar este espíritu participativo, se han iniciado varias propuestas a mi parecer, interesantes, como puede ser el ranking FollowFriday.es o la comunidad de recomendaciones entre usuarios. Pero para ser honesto, y sin ánimo de ofender, todavía no he encontrado un método efectivo en Twitter que permita la localización de un experto, conocedor o apasionado sobre una materia concreta. Las biografías que podemos encontrar en los perfiles no son del todo significativas por miles de motivos, ya sea la creatividad, la humildad, la ausencia de la anterior, etc. Según pienso, no hay un indicador fiable sobre los ámbitos de competencia de un usuario.

Entre las buenas costumbres que más me sorprenden en Twitter, se encuentra el agradecimiento. Ayer mismo me preguntaban sobre la “importancia” de este extendido hábito. Gracias a Encarna Batet (@eba67), sé que proporciona salud psicológica, actúa como catalizador en la propia difusión, fortalece vínculos personales y un sinfín de beneficios que se pueden contrastar tras aplicarlo de forma continuada.

Aunando conceptos y virtudes de lo anterior expuesto, creo que se puede dar un paso más allá en esta particular Gestión del conocimiento. Me llamó tanto la atención que en esta última semana varias personas hayan calificado mi “retorno” como un “descubrimiento” que, dejando el ego a un lado, me ha hecho pensar sobre todos aquellos “desconocidos digitales” que tanto podrían aportar si no hubiéramos levantado barreras de forma inconsciente.

Llevémoslo a la práctica. Es una idea simple, de simple ejecución. El hashtag #aporta no tiene ningún uso hasta ahora. Completemos nuestra particular visión de qué aporta un determinado usuario, cuales son, a nuestro entender, sus virtudes, sus áreas de conocimiento, lo que le caracteriza y le hace único. Esa pequeña labor, fuera aparte de ser una excelente forma de agradecer el trabajo diario que muchos tuiteros realizan, permitiría relacionar de una forma más directa conceptos con personas. Un ejemplo: “@usuario #aporta marketing, innovación, creatividad, debate”. Puede ser una descripción analítica o creativa, de la misma forma que lo pueden ser nuestras búsquedas.

Cada día surgen nuevas ideas. Cada minuto, un concepto. De la idea al proyecto y del concepto a la realidad, en ocasiones sólo se alejan un paso.

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29dic/09

El día que seguí a un Follower

Followers

Forografía: Víctor Nuno

Para todo y para todos, el tiempo siempre transcurre a un ritmo de 60 segundos por minuto. Ese es el tiempo estimado para seguir a alguien en Twitter. Una breve biografía que no ocupa más de un párrafo a modo de introducción es para mí más que suficiente para la primera impresión.

Sin querer ofender a nadie, la verdad es que he prescindido de los manuales que establecen las pautas para conseguir miles de seguidores, así como las páginas y las aplicaciones que automatizan estos procesos, ya que no me aportan lo esencial.

Creo que no cuesta ningún trabajo dedicar parte de nuestro tiempo a conocer mejor a cada nuevo seguidor, leer su introducción, acceder a su perfil o a su página y tener un primer acercamiento mandando un simple mensaje de agradecimiento. No es que sea una norma, pero a mi juicio, las redes las componen personas, así que tenemos que actuar como tales. La tecnología es útil, pero sumamente fría, tratemos de humanizarla.

Esto es tan válido tanto para quien tiene un follower como diez mil. Cada cual puede gestionar sus contactos como buenamente crea, tener una relación 1 a 100 si considera que no puede estar atento a todo, pero que nadie se lleve a engaño, hay muchas formas de optimizar la productividad en Twitter,  un ejemplo es este post de J.M. Bolivar. Incluso se puede rizar el rizo, otorgando mayor o menor importancia a lo que estimemos oportuno en los ajustes de las llamadas a la API de Twitter.

Es complicado saber lo que alguien nos puede aportar si no lo experimentamos por nosotros mismos. De hecho, una vez que entras en esta dinámica en la que conoces a tus seguidores y ellos te conocen a ti, se multiplican las probabilidades de que acabes encontrando más contactos de tu interés. No es una estrategia en sí, es sentido común. Cuanto más te conozcan, más hablarán de ti, cuanto más hablen de ti, más se interesarán por lo que digas o calles. En cualquiera de los casos, siempre estás a tiempo de hacer algo "tan terrible" para muchos como un "unfollow". Ni nadie está obigado a leerte ni tu autoestima se calcula en base a retuits+followers.

El día que aprendí a seguir a un follower descubrí que se pueden crear vínculos entre desconocidos, que no existe persona por desconocida que sea que no pueda aportar, que esas "arrobas" que preceden a los pseudónimos no se asocian sólo a un nombre, sino a una persona con la cual puedes llevarte horas y horas hablando, que todo el mundo agradece un reconocimiento, un buenos días o un "ahora lo miro".

"No deja de ser humillante para una persona de ingenio, saber que no hay tonto que no le pueda enseñar algo". (Jean Baptiste Say)

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28dic/09

Esclavos de nuestra identidad

identidadA medida que pasan los días, más convencido estoy de haber escogido el momento oportuno para diseñar esta nueva etapa. Sin mirar el calendario, lejos de adornos y de cánticos, voy sintiéndome arquitecto de mi propia vida.

Mis primeros esbozos no han sido sobre planos, sino sobre páginas como esta. Hace mucho que inicié ya el proyecto, más de lo que cualquiera pueda imaginar. Unos 30 años atrás, cuando nadie conocía el significado de red social o se planteaba la importancia de la privacidad. En esa época no había manuales que aconsejaran debatir, opinar o contrastar para ganarse la reputación, era una necesidad como tantas otras para destacar.

Tratar de buscar soluciones ajenas era más que un ejercicio de empatía. Compartir conocimientos, el mejor método para aprender y al mismo tiempo enseñar. Jamás necesité asistir a ningún curso de networking para aprender a relacionarme, siempre lo creí inherente a las personas.

Y todo ello acorde a mis principios, unos principios que siempre he creído universales y que ahora, sólo ahora, parecen cobrar el valor que desde hace siglos se le ha intentado dar.

No me explico qué necesidad hay de frivolizar en unos pasos la construcción de una identidad digital. No es cuestión de dónde o en cuántos sitios se deba estar, todo sería más simple si nos limitáramos a mostrarnos tal cual.

Es como me descubro hoy. Para bien o para mal, mi identidad digital es pareja a mi “auténtica realidad”.

Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar” (Elliot Gould)

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22dic/09

Antiantigurús

Has leído correctamente. No se trata de ningún error tipográfico o un gazapo, de hecho es un término que todos podríamos acuñar desde ya. Quizá incluso alguien se pueda sentir identificado con él.

"Las redes sociales han revolucionado el concepto de comunicación". "(..) han revolucionado el mundo de los negocios".  "(...) las relaciones". Nadie pone en duda tras estas afirmaciones que las redes sociales digitales han supuesto una evolución de la comunicación, la cual está estrechamente ligada a nuestra propia evolución. Estamos marcando el rumbo hacia una nueva concepción de las relaciones interpersonales, la interacción recíproca entre dos o mas personas. Entre tanta pasión por dar a conocer nuestras visiones e inquietudes sobre evolucion, revolución, re-evolución y demás combinaciones, es inevitable que se me venga a la mente un comportamiento inherente al hombre: la necesidad de pertenencia. Sí, algo tan simple como ser aceptado socialmente en un grupo. Y tranquilos, que si no te tenemos cabida en ninguno, siempre lo podemos crear en Facebook e invitar a cuantas personas queramos, es la creatividad del olvidado.

A pesar de ser millones de personas las que tomamos parte en este juego de la interconexión diaria, todos pertenecemos a uno de los siguientes cuatro grupos:

  1. Los que son: Experto, especialista, maestro, entendido, ducho, competente, conocedor, técnico, versado, instructor, mentor, preceptor, consejero y guía.
  2. Los que llaman: Inexperto, novato, aprendiz, principiante, bisoño, ingenuo, novicio, inhábil, pardillo, simple y torpe.
  3. Los que actúan: Antiantigurús.
  4. Los que no se enteran: El que no sabe/no contesta.

1. El primer grupo de personas lo forman aquellos que, salvo contadas excepciones, son elegidos por gracia divina. Por alguna extraña razón, casi todos están relacionados con la aparición del Social Media, lo cual hace pensar que quizá nos encontremos ante el primer proceso por lotes de iluminación divina de la historia. Para poderse diferenciar del resto, han tenido la generosidad de autoproclamarse "gurús", lo cual facilita enormemente la tarea de clasificación. En cualquier caso, en sus biografías siempre se pueden encontrar alguno o varios términos enumerados en el punto primero.

2. El segundo grupo tiene entre sus seguidores a ex-miembros del grupo uno, bien por principios o bien por no haber soportado el rol de discípulos de la oscuridad. Los términos que se ven reflejados en el punto dos son los comunmente usados para referirse y atacar a todo gurú que se precie o que se esté iniciando. Son extremadamente reaccionarios, y a pesar de tener la batalla perdida, son un excelente ejemplo de resistencia en la lucha de clases. Son conocidos como antigurús.

3. El nombre del tercer grupo, quizá el más desconocido pero no por ello el menos importante, parte de una base lógica. Antiantigurú: Doble negación, igual a afirmación. Son los verdaderos artífices de la magia de las redes sociales, aquellos que sin saberlo preservan  la cooperación, que se prestan al diálogo, que son participativos, escuchan, contrastan, debaten, se equivocan.  Son la personificación de un concepto, los únicos referentes de verdad en este entorno. En la única batalla que participan es la del conocimiento, se muestran profundamente indignados por el comportamiento de los dos grupos anteriores, pero no por ello los rechazan, de hecho, son los únicos generadores de valor, el mismo valor que el resto consume, el mismo que se atribuyen injustamente, y aún así, promueven el cambio. Son la esperanza del conjunto.

4. Y el cuarto grupo, los que no saben o no contestan, por ahora, no son significativos en cuanto a aportación, aunque sí en cantidad. Sólo si saben elegir un buen referente a seguir podrán aspirar a tener más que voz en un futuro.

Y tú, ¿De qué grupo eres?