Un pequeño giro
Cambio. Es tan sólo mencionarlo y nos asalta el pánico. Si funciona no lo toques, déjalo como está, déjalo estar, el tiempo decidirá.
Velocidad es igual a espacio partido por tiempo. Intentamos recordarnos a diario el vertiginoso ritmo del cambio, el que no cesa, incansable, a la par que nos aferramos a lo que consideramos premisas básicas, inmutables. Queremos pensar que evolucionamos hablando de física cuántica pero dejando para las demostraciones la mecánica clásica.
El mayor obstáculo para la innovación es el propio ser humano. El temor a lo desconocido, ese azaroso culpable que queremos creer que nos exime de ciertas responsabilidades, nos basta para justificar cualquier conducta cobarde. Los problemas más complejos tienen a veces soluciones triviales.
Puede sonar paradójico, pero la mayor revolución podría estar condicionada a una simple evolución conceptual en diferentes ámbitos, donde el más suave movimiento pudiese resultar tan violento como drástico. Es más simple inducir a un error de percepción que tratar de reinventarnos. Cambiar la unidad de medida, no contar en segundos el tiempo. Dar por hecho que la velocidad es una constante o que la distancia entre personas es sólo un momento.
En mi caso hoy todo está a treinta años o a un "ahora" de lejos. Hacerlo más simple, como pensar "a cuántas palabras te encuentras de mí".
Cuestión de aritmética
Simple. Complejo. Fácil. Difícil. De manera automática clasificamos no sólo ya los problemas, sino sus resoluciones. Declinamos la búsqueda de esas pequeñas verdades en función de nuestro peculiar método. No existe respuesta sin pregunta previa.
A diario buscamos la coherencia, la cohesión, la unicidad de criterios. Ser parte de la mayoría, alejarnos de ese preocupante uno por ciento de librepensadores. Nuestra motivación comienza con una similitud en el razonamiento ajeno.
Siempre trato de aislarme de cualquier idea preconcebida. No por llevar la contraria o por absurda rebeldía. Desterrado en algún lugar de la memoria, aún recordamos cuánto son dos más dos. Quizá hayamos perdido práctica, pero todos sabemos sumar. Es fácil. Sin embargo, vemos un enunciado que dicta “sen ² x + cos ² x”. Cualquier persona con un mínimo de formación matemática sabrá de forma instantánea que la respuesta es “1”, una entidad trigonométrica fundamental. Una operación compleja que se resuelve de manera simple, sencilla.
Pero lo fácil no siempre es fácil. Imaginemos una suma. Millones de sumandos, cada uno de ellos con miles de cifras. Todo el mundo sabe sumar, pero ante una situación así pocos se atreverían a resolverla. Se ha transformado lo sencillo en difícil, complejo. No es aritmética. Ni siquiera conocimiento. Es cuestión de perspectiva.
Según Benedetti, “cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. Siempre me encantó su prosa, su poesía. Es más, su verdad. Pero lo siento, Mario, jamás creí tener respuesta alguna.
El temor al miedo
Unos minutos en la sala de espera de un hospital cualquiera. Oyes el sonido del pie que denota impaciencia, mientras la vista se te pierde entre rostros y tristezas. Miedo.
La vida no se cuenta en días, sino en momentos. En un lado de la balanza, coloco mis tristezas, los fracasos y los miedos. En el otro, las sonrisas, los triunfos y deseos. Tratar de equilibrarla requiere un continuo esfuerzo. Mostramos empatía frente al éxito, ¿por qué tratar de forma diferente su opuesto?
Entre tantos comentarios siempre encuentras el momento de mirarte en ese espejo al que llamamos realidad. Uno de ellos hacía referencia a lo “auténtico”, esa suma de sentimientos que nos diferencia del resto. Otro reflejaba la envidia al que aparenta "tengo claro lo que quiero". En mi caso nunca dudo que convivo con mis miedos. Necesarios, impuestos, efímeros, eternos. Jugar a esconderlos me aparta de lo auténtico, me aleja de lo que quiero.
No voy a negar que una simple operación me aisló aún más de mi pasado y provocó mi reencuentro. Nada en mí ha variado, no convierto lo malo en bueno, mi rumbo ya estaba cambiando, simplemente aceleré su vuelco. Con los cambios, nuevos miedos.
Escribir, conocer, compartir, observar, escuchar y sentir. Necesito sólo seis verbos para describir mi actual vida. El dolor no cesa, muchos días casi no duermo y me pregunto si mis palabras no estarán cubiertas con ese velo. Temo levantarlo, descubrir que mis ideas tan sólo sean un remedio para calmar este desconsuelo. Pero esa duda no me frena ni en absoluto me coarta. Prefiero temerlo hoy a que me sorprenda mañana.
Esto forma parte del que es mi curriculum verdadero. El de los fracasos, los éxitos, el del entusiasmo y el recelo. Para mí, el mayor miedo sería el temor a reconocerlo.







