José Luis Gato
31ene/10

Un pequeño giro

Distancia

Fotografía: Víctor Nuno

Cambio. Es tan sólo mencionarlo y nos asalta el pánico. Si funciona no lo toques, déjalo como está, déjalo estar, el tiempo decidirá.

Velocidad es igual a espacio partido por tiempo. Intentamos recordarnos a diario el vertiginoso ritmo del cambio, el que no cesa, incansable, a la par que nos aferramos a lo que consideramos premisas básicas, inmutables. Queremos pensar que evolucionamos hablando de física cuántica pero dejando para las demostraciones la mecánica clásica.

El mayor obstáculo para la innovación es el propio ser humano. El temor a lo desconocido, ese azaroso culpable que queremos creer que nos exime de ciertas responsabilidades, nos basta para justificar cualquier conducta cobarde. Los problemas más complejos tienen a veces soluciones triviales.

Puede sonar paradójico, pero la mayor revolución podría estar condicionada a una simple evolución conceptual en diferentes ámbitos, donde el más suave movimiento pudiese resultar tan violento como drástico. Es más simple inducir a un error de percepción que tratar de reinventarnos. Cambiar la unidad de medida, no contar en segundos el tiempo. Dar por hecho que la velocidad es una constante o que la distancia entre personas es sólo un momento.

En mi caso hoy todo está a treinta años o a un "ahora" de lejos. Hacerlo más simple, como pensar "a cuántas palabras te encuentras de mí".

Archivado en: Deseos 10 Comentarios
21ene/10

Cuestión de aritmética

Perspectiva

Fotografía: Víctor Nuno

Simple. Complejo. Fácil. Difícil. De manera automática clasificamos no sólo ya los problemas, sino sus resoluciones. Declinamos la búsqueda de esas pequeñas verdades en función de nuestro peculiar método. No existe respuesta sin pregunta previa.

A diario buscamos la coherencia, la cohesión,  la unicidad de criterios. Ser parte de la mayoría, alejarnos de ese preocupante uno por ciento de librepensadores. Nuestra motivación comienza con una similitud en el razonamiento ajeno.

Siempre trato de aislarme de cualquier idea preconcebida.  No por llevar la contraria o por absurda rebeldía. Desterrado en algún lugar de la memoria, aún recordamos cuánto son dos más dos. Quizá hayamos  perdido práctica, pero todos sabemos sumar. Es fácil. Sin embargo, vemos un enunciado que dicta “sen ² x + cos ² x”. Cualquier persona con un mínimo de formación matemática sabrá de forma instantánea que la respuesta es “1”, una entidad trigonométrica fundamental. Una operación compleja que se resuelve de manera simple, sencilla.

Pero lo fácil no siempre es fácil. Imaginemos una suma. Millones de sumandos, cada uno de ellos con miles de cifras. Todo el mundo sabe sumar, pero ante una situación así pocos se atreverían a resolverla. Se ha transformado lo sencillo en difícil, complejo. No es aritmética. Ni siquiera conocimiento. Es cuestión de perspectiva.

Según Benedetti, “cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. Siempre me encantó su prosa, su poesía. Es más, su verdad. Pero lo siento, Mario, jamás creí tener respuesta alguna.

14ene/10

El temor al miedo

Oscuridad

Fotografía: Víctor Nuno

Unos minutos en la sala de espera de un hospital cualquiera. Oyes el sonido del pie que denota impaciencia, mientras la vista se te pierde entre rostros y tristezas. Miedo.

La vida no se cuenta en días, sino en momentos. En un lado de la balanza, coloco mis tristezas, los fracasos y los miedos. En el otro, las sonrisas, los triunfos y deseos. Tratar de equilibrarla requiere un continuo esfuerzo. Mostramos empatía frente al éxito,  ¿por qué tratar de forma diferente su opuesto?

Entre tantos comentarios siempre encuentras el momento de mirarte en ese espejo al que llamamos realidad. Uno de ellos hacía referencia a lo “auténtico”, esa suma de sentimientos que nos diferencia del resto. Otro reflejaba la envidia al que aparenta "tengo claro lo que quiero". En mi caso nunca dudo que convivo con mis miedos. Necesarios, impuestos, efímeros, eternos. Jugar a esconderlos me aparta de lo auténtico, me aleja de lo que quiero.

No voy a negar que una simple operación me aisló aún más de mi pasado y provocó mi reencuentro. Nada en mí ha variado, no convierto lo malo en bueno, mi rumbo ya estaba cambiando, simplemente aceleré su vuelco. Con los cambios, nuevos miedos.

Escribir, conocer, compartir, observar, escuchar y sentir. Necesito sólo seis verbos para describir mi actual vida. El dolor no cesa, muchos días casi no duermo y me pregunto si mis palabras no estarán cubiertas con ese velo. Temo levantarlo, descubrir que mis ideas tan sólo sean un remedio para calmar este desconsuelo. Pero esa duda no me frena ni en absoluto me coarta. Prefiero temerlo hoy a que me sorprenda mañana.

Esto forma parte del que es mi curriculum verdadero. El de los fracasos, los éxitos, el del entusiasmo y el recelo. Para mí, el mayor miedo sería el temor a reconocerlo.

Archivado en: Opinión 22 Comentarios
21dic/09

En dos semanas

No sé cómo había podido vivir antes sin Spotify, sin Google Wave o sin usar mi móvil para aumentar la realidad. ¡Como si fuera necesario aumentarla más!

Dos semanas

Dos semanas es el tiempo que he necesitado para darme cuenta de que todo ha cambiado en mi ausencia. Creía que tras un año desprovisto del manto digital que siempre me había envuelto me sentiría aún más ignorante, más perdido que nunca. Pero no, no ha sido así.

No concibo una nueva etapa en la que innovar sea más sencillo que percibir, una nueva era de la información que promueve la cooperación y el trabajo en equipo mientras, al mismo tiempo, se marcan unas jerarquías insalvables para muchos. Es posible que tanta red social, tanta marca personal y tanto deseo de destacar haya desbancado a uno de los principios fundamentales de la sofisticación: la simplicidad, como hace siglos apuntaba Leonardo Da Vinci.

Cuando leo entradas del tipo “Las 100 aplicaciones imprescindibles para Twitter” o “Consejos para sacarle el máximo partido a las Redes Sociales” empiezo a preocuparme. La tecnología por sí sola no aporta nada, no me cansaré de repetirlo, sobre todo cuando ves que la dinámica actual presenta una curva de aprendizaje mucho mayor día tras día.

Lo que eran herramientas de utilidad se han convertido en disciplinas, con todo lo que ello conlleva. Los “consejos de los expertos” llegan a diferir tanto los unos de los otros que realmente llego a dudar si estarán hablando sobre el mismo tema. Las aplicaciones “para hacer más cómoda tu vida” o “para sacar el máximo rendimiento” se multiplican cada día. Por pura probabilidad, algo de todo esto tiene que ser cierto. El problema es cómo puede llegar a influenciarnos. Si bien todo el mundo es libre de elegir qué usar y cómo hacerlo, hay un porcentaje importante de personas que “están empezando” y/o son fácilmente sugestionables.

Hay desconocidos que pueden aportar mucho más que aquellos que tienen 10.000 seguidores o fans, y sin embargo, por haber llegado tarde, ahora tienen mucho más complicado no sólo posicionarse, sino compartir sus ideas y generar conocimiento, ya que parece que en cierta forma se está imponiendo un “feudalismo digital” donde sólo se da la posibilidad de acceso a la nobleza a quienes  lo merezcan por méritos.

Escuchar, compartir, participar, dialogar, son términos que irán perdiendo valor si no reforzamos su significado. La verdadera innovación se encuentra detrás de todos y cada uno de nosotros, no está en manos de ninguna compañía ni patentada por terceros.

Quizá el problema es que yo sea un iluso y sólo esperase, después de un año, encontrar una realidad ajustada.

Archivado en: Algún día 19 Comentarios