Un nuevo paseo
Pasear. Ir andando por un lugar como distracción, ejercicio. A paseo, manifestar el desagrado o desaprobación de lo que alguien propone, dice o hace. Deambulamos en compañía con incómoda, errática soledad.
No hay camino sin caminante ni acompañante sin magia. Distancia, en pasos o palabras, que se disfraza entre las pausas que me devuelven tu mirada. Son más que pisadas, redobles de suelas, ecos de huellas. Escribamos en cada senda nuestra propia y única leyenda.
Partir, emprender, caminar. A cada metro vaciar los recuerdos que aferrados al tiempo no quieren marchar. Inesperados, improvisados encuentros entre risas arropan furtivos tropiezos, momentos perdidos, casualidad. Una fingida nostalgia despide al pasado que ya queda atrás.
Pasear por entre las calles los fragmentos de vida que van dibujando autobiografías. Avanzar sin rumbo aparente, sin fijar el destino o limitar objetivo. Ser brújula, no veleta, diferenciar la rosa y el viento, que sea el aroma de cada momento el que permita orientarnos de sensaciones.
El camino sólo se torna paseo cuando los deseos compartidos marcan la vía. Entre séquitos de apatía, el próximo límite, un nuevo paseo.
Sigue
Seguir, proseguir, llegar hasta algún sitio. Estar atento a ello, observar con atención. Miradas mudas que acompañan cada instante de realidad.
Sigue. No es tan sólo una palabra. Cambiar tu nombre por sonrisa en la distancia, disimular lejanía entre voces que ya no callan. Saber que aquí, incluso ahora, no se negocian con la suerte o la esperanza, sino con el tiempo, su arrogancia. La misma que entre agujas atraviesa ahora la que en su día vistió mi calma.
Tergiversar, deformar, adornar un escenario que en lugar de mentiras, rebosa verdad. La misma celada que en cada paso, cada camino, se tiñe de improvisadas rúbricas. Tan cerca que dos pronombres recuerdan en cada huella que el pasado queda atrás. Quedó atrás. No quiero una senda estrecha que haga de caminar juntos la única posibilidad.
De poco sirve una meta solitaria. Cruzar la línea que sólo ofrece unos segundos de secas palmas. Compartir unos metros es suficiente medalla, dejaré en otras manos, otros senderos, la gloria ermitaña. Ante un presente estático mi futuro se torna nómada.
Sigue, escoge el destino, toma ventaja, comienza a marchar. Que al girarte sólo veas la silueta que marca mi sombra que te acompaña a la par.
Placebo
Sugestión. Sugerencia, fascinación. Control de la voluntad. Ceguera, ofuscación. No existe sustancia inocua que beneficie sin manipulación.
Un corazón ciego tiñe del color del engaño los ojos que ven el mañana. Es la sinceridad muda, llena de verdades que callan. Placebo de la mirada. Voces perdidas, quizá náufragas, entre olas que te arrastran y se calman.
La certeza es el placebo que sólo al tiempo no engaña. Entre la espera y la pausa, la distancia va secando la lágrima. Déjame congelar este presente, abrazarlo hasta que se torne agua. Convertir cada momento en gota de escarcha, por la orilla, por la ribera, derramando su recuerdo, salpicando una vida entera.
Placebo de la razón, hacer que la única evidencia sea la duda. Alternar el turno entre tú y yo, elegir uno de los dos. Estar seguro de lo inseguro, el protagonismo de la imaginación. Inocente, inofensiva, la mente nos brinda la mentira contraria a nuestra expresión. La dualidad de nuestro propio yo.
No quiero, sin una voz, hacer de las palabras, mi placebo. Tan sólo guardar los instantes que atravesaron las corazas entre recuerdos.
Un nuevo escenario
Coincidencia. Ocurrencia de dos o más cosas o personas a un tiempo. Igualdad de formas, intereses, opiniones, etc. Esta mañana ha coincidido este post de Manel con las ideas que anoche rondaban desordenadas en mi cabeza.
Esta es una realidad interconectada donde los nodos ya no son grafos sino personas. Nos centramos en calcular el impacto, la repercusión o la difusión de simples extractos, en ningún caso nos abstraemos y entendemos que el conjunto es más que una suma de visitas, comentarios o menciones. Es un nuevo nivel de conciencia, la verdadera responsabilidad social, la cual defendemos y exigimos en textos, citas y manifiestos al mismo tiempo que declaramos intangible. No preciso una cifra exacta ni una unidad de medida exclusiva para saber que en pocos milisegundos una simple frase recorre el mundo y tiene impacto en al menos una vida.
No necesitamos la respuesta perfecta a la pregunta incorrecta. Agotamos nuestros esfuerzos intentando demostrar que dos más dos son tres, sin primero comprender por qué o para qué dicha convención se estableció. Patentamos nuestro deseo de destacar. Por regla general, abrir una brecha, marcar un antes y un después, no es la demostración universal de lo equivocados que otros están, es la consecuencia de la comprensión y resolución de un problema real.
Seleccionamos un rol, siempre lo hacemos. Modelamos nuestro reflejo en función de las figuras que nos representan, las mismas que nosotros escogemos. No delegamos responsabilidades sino miedos. Esa conciencia artificial que entre todos hemos creado se ajusta a un criterio de estabilidad, no de realidad. Parecemos temer la inminente cercanía de una voz hasta ahora desconocida que desequilibre nuestra balanza, la que media entre el todo o nada.
Simplificar. Contemplar la unidad mínima. Al negar la evidencia, limitamos las respuestas. Todos confiamos en que tarde o temprano se caerán las caretas, pero sólo las ajenas, no las nuestras. Dejar de ser la proyección de nuestros miedos, con la misma solidez que su sombra, requiere asumir riesgos. Si somos actores forzados deberíamos saber, al menos, que ha cambiado el escenario.
La única genialidad
La vida va engarzando mis momentos con hilos de blanco y negro. Segundas o terceras partes no tienen cabida en el corazón sincero, ajeno a secuelas, secuencias, esquivo del tiempo.
Ahora se cumplen dos años desde que se inició mi particular diario que transformó proyectos en el continuo pronóstico médico. Para evitar caer en la espiral de la eterna pasividad decidí volver a este mundo digital que siempre fue, más que un refugio, la dualidad entre trabajo y realidad.
En un mundo alimentado de hipocresía, yo y mi ego, cuanto me quiero y a ver que saco de todo esto, querer ver lo contrario en lo dospuntocero más que de iluso es propio del soñador ciego. Conozco las reglas del juego. Proyecciones del quiero ser y no puedo.
Palabras vacías que van dibujando un contorno trasparente, nulo, indiferente. Adornar los textos con tan idílicos conceptos no convierte oración en sentimiento, sólo demuestra el tiempo que un diccionario actuó de improvisado maestro.
Por suerte las excepciones se tornan reglas en otros contextos. Cuando alguien te dedica un segundo de su tiempo bien merece un lugar en tu recuerdo. En mi mundo hablar con propiedad requiere dos verbos: ser y estar. En singular sólo soy sin importar dónde o cómo estoy. Juntos es cuando somos, cuando estamos a pesar de lo lejano.
Más allá de la conveniencia, del trueque o del doble filo. Ilusivo, inocente, falso positivo. Podríamos buscar argumentos hasta agotar nuestro último aliento. Eso no cambiaría el hecho de haber convertido lo propio en ajeno. Habrá quien quiera ver esa preocupación fría, vana, automática, sólo por el hecho de estar digitalizada. Prefiero esa atención lejana a la forzada del cara a cara.
Mi visión del mundo no ha cambiado, siempre confié en minúsculos porcentajes. Esos pequeños detalles que de las grandes diferencias se declaran culpables. Sin pretenderlo, buscarlo y sin ofrecer nada a cambio, incluso cuando no estoy siento que soy.
Hoy sigo siendo mi última versión, no la mejor. La única genialidad es el agradecimiento que hace de vuestro recuerdo mi más preciado talento.








