La otra definición
Escribir. Representar conceptos o ideas mediante letras o signos convencionales. Componer música, libros o discursos. Comunicar. No hace falta seguir buscando para saber que mi acepción no está en diccionario.
Silencios rotos, desgarrados en su día quebraron el ritmo descompasado que quiso marcarme cómo vivir. Al compás de una partitura inmensa en el que el director de orquesta es tan sólo aprendiz, nadie puede enseñar qué es transmitir. Esta vida es un pentagrama que golpea en cada nota una gota de ti.
Atrás dejo lecciones, elecciones y métodos sobre qué o cómo se debe escribir. Borrar mis palabras, tacharlas, olvidarlas, incluso yo mismo, darle la espalda. No me hace falta saber la importancia de un solo momento contigo o sin ti. Aunque pudieran negarme estas letras, nunca podrían enseñarme a sentir.
Cada letra lleva impresa lágrimas mudas y sonrisas inquietas. Camino entre las líneas sin rumbo, a veces, sin llegar a ningún lado. El corazón desorientado no mira en un mapa por donde seguir sino que descubre lo cerca o lo lejos que se encuentra de sí.
Entre los trazos presentes de vida están los que no quiero dejar escapar, verlos huir. Expresarlo como lo siento, vivirlo como lo pienso. Para mí, eso solo, sólo eso, puede ser escribir.
Juntos
Unido, cercano, que actúa o existe con otra persona al mismo tiempo que ella. Cerca, arrimado, en compañía, a tu lado.
Juntos porque mi corazón entiende que sin nadie es también sin nada. Porque sabe que decir un te quiero no se limita a unir dos palabras, es compartir una mirada, la de tus ojos, la de mi alma. Juntar deseo con necesidad, compartir puede, seguro y quizás no sólo en la misma frase sino contigo, una vez más.
Un corazón que no entiende de pausas, de antes o después, sólo sabe sentir ahora, sólo conoce presente, el tiempo verbal indiferente a un mañana que esconde no sé bien dónde lo que sabrá. Mientras, déjalo soñar, deja que encuentre el día en el que no necesite soñar más.
Entre nosotros, entre tú y yo, cambiar la suma, cambiar su valor, conseguir que uno más uno sean más que dos. Hacer del instante nuestro momento, tan efímero como eterno. Que sin ti cuando mire al espejo eche de menos mi propio reflejo.
Lo que la brisa al aire juntos, como el viento. Lo que la memoria al recuerdo juntos, como cada segundo de mi tiempo.
La eterna espera
Azar. Casualidad, caso fortuito. Al azar, sin rumbo ni orden. Salir mal es salir al azar. Desde hace ya algún tiempo parece que tanto mi suerte como mi destino se aliaron de lo imprevisto.
Puede resultar irónico, pero decidí volver a escribir para agilizar la recuperación tras operarme del antebrazo derecho. Sinceramente, se complicó. Hace poco me comunicaron la escasa utilidad de la rehabilitación, por lo que decisiones, quirófanos y espera son las que a veces me separan de estas líneas, de estas letras.
No existe dolor que pueda callar las ideas, mermar la ilusión, anestesiar la esperanza. En cada silencio descubro algo nuevo, ya sea mío, tuyo, nuestro. El presente no tiene un único dueño, ni siquiera le pertenece al tiempo. Seguiré construyendo el mío en base a futuros recuerdos.
He aprendido que cada vida es un puzle con nombre propio, en el que ni sobran ni faltan piezas, simplemente se complementan, se modelan, no a tu ritmo ni al de otros, sino al de todos. Un compás de infinitas partituras, de contadas notas. Eterna sinfonía que a veces dejamos de escuchar, de soñar. Si la puesta en escena es siempre ahora, no trates de fingir, de actuar, sólo tienes ocasión de interpretar tu papel, el que marca el mismo guión que siempre guía el corazón.
Puede que sea cierto, a pesar de todo, conmigo es todo o nada, pero así lo prefiero. Así lo elijo, o quizá por mí lo eligieron. Mientras siga en mi vida un poco de esa nada seguiré luchando por ese todo. Con nadie, con todos. En esta eterna espera ya no busco caminos, veredas o senderos, tan sólo dame terreno y llegaré más allá, más lejos.
Reverberación
Eco. Repetición de un sonido por la reflexión de las ondas sonoras, que se percibe débil y confusamente. La monotonía es el eco de nuestras vidas.
Cada mañana la vida te despierta con una nueva mudanza. Crees que todo sigue igual. También piensas que todo cambia. El eco del tiempo, el de los segundos que pasan. Aunque puedas medir los metros que recorras, nunca te acercas y te alejas en la misma proporción. Ser consciente no es decirle al pasado adiós, es saludar al presente.
Evito hablar solo, en voz alta, para no distorsionar las palabras golpeadas contra muros y paredes que se apartan con la simple mirada. Compartir es difundir, propagar, buscar la resonancia de la ilusión que nunca calla. No hay peor silencio que el eco de la propia palabra. Ideas encerradas que tiemblan y se apagan.
Tratar de llevar el control de tu vida implica renovarse cada día. Deja a un lado ruidos, confusiones, diálogos rotos. Escucha. Nada sigue igual. A cada instante, todo cambia. El corazón mudo, privado de eco, es el que silencia, el que te aparta.
No es necesario gritar, tan sólo buscar la correcta entonación que a cualquier volumen, en cualquier habitación, responda con el eco verdadero, el que se dibuja con reflejos de tu voz.
Reflejos de vida
Espera. Plazo señalado, esperanza de conseguir lo que se desea. Creer que ha de ocurrir alguna cosa, desear que así sea. Poner en paro una actividad hasta que suceda algo. Estas son mis próximas últimas semanas de espera.
Las palabras más que alejarse, se me acercan. Palabras frías, llenas. Palabras rotas. Mientras la distancia permanece ausente el presente, nuestro presente, golpea cada día mi puerta. La misma que con la mirilla entreabierta me pide que no le abra, que me aleje, que me esconda.
La realidad no se negocia, se acepta o se rechaza. No caeré en el engaño de negarla. En cada segundo veo estampada la firma sobre la fecha que señala un nuevo contrato de por vida. Por obras y servicios o quizá indefinido. Puede que de propietario o simplemente de inquilino.
Pensar se me hace como respirar, más que un ejercicio es mi propia necesidad. Cuando empecé este proceso jamás hubiera creído que mantendría intacta mi biografía. La continua rehabilitación es ahora parte de mi vida, la propia y la compartida. Dejaré para otros las inyecciones de insensibilidad. No es ni mucho menos un alarde de sinceridad, es la conciencia que separa lo imaginario de lo real.
En mi propia historia será otra persona la que ponga el punto y final. No volveré, nunca tuve que partir o que marchar. Ni lo haré. Dime que seguiremos. Sólo entonces, te seguiré.








