Tras las sombras
Abruma toda la literatura que se deriva de un simple clic. Seguir o no seguir, aceptar o rechazar. La decisión que se torna en tesis doctoral. Parecemos evitar la simplicidad, esa peculiar característica que hizo del mismo atributo su valor diferencial.
No pongo en duda la utilidad que para cada uno de nosotros tienen los manuales, consejos y guías que compartimos los unos con los otros. Puedo estar equivocado, pero este tipo de aporte tiene entre otras finalidades facilitar decisiones ajenas con nuestro particular método. El alumno aventajado sin duda sabrá aprovechar su esencia. Un profano en la materia se entregará al verdugo del razonamiento propio.
Compartir visiones no implica sentar cátedra con nuestras opiniones. Con una salvedad, la decisión final en este caso no es nuestra. No sé si estamos estrechando la senda o abriendo todavía más la brecha. Cómo aumentar la popularidad, criterios para admitir o reprobar o incluso exigir reciprocidad. En definitiva que tu nuevo lazo débil sea el considerado fuerte para los demás. El nuevo sesgo digital. Entre tanta decisión, lo que se esconde tras un perfil sigue siendo la sombra de un bit.
Ya llevamos un algoritmo de serie que nos permite etiquetar a los demás. Añadirle variables externas transforma metodología en caos mental. Prefiero usar ese tiempo más en que evaluar argumentos en descubrir ese misterio tras el botón aceptar. En cierto modo si en un medio social imponemos restricciones, estamos fomentando futuros prejuicios para excluir o discriminar. No conozco todavía la guía que por mí decida cómo actuar.
Espero no ofender a nadie, esto no es más que una autocrítica que ha surgido tras comprobar la validez a día de hoy de lo siguiente: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. (Einstein)
En el orden correcto
Transmitir. Hacer llegar a alguien algún mensaje o comunicar estados de ánimo. Parece no haber persona o empresa dueña de la visión, misión o valores que representa.
Perseguir un objetivo es tan costoso que preferimos copiar las motivaciones de otros. Nos definimos creativos en un ejercicio de carente creatividad. No dejamos de exponer nuestro carácter innovador mientras nos alejamos de su propia definición. Aunque unificar criterios sea necesario, nadie obligó nunca a plagiarlos.
Que alguien me explique cómo sentir unos colores entre paletas de blanco y negro. Hemos convertido el copiar y pegar más que en una rutina, en una enfermedad. No es de extrañar que entre tanto emprendedor enamorado de su idea haya tanto desencantado del día a día. Un proyecto motiva, pero son las personas las que le dan vida. Sentir de manera parecida no es sentir de forma igual.
Transmitir ese atributo diferenciador es más que complejo cuando ni nosotros mismos lo conocemos. En estos tiempos es más que un riesgo entrar en una batalla sin saber de qué lado nos posicionaremos. Olvida táctica, estrategia, bibliografías o herramientas que condicionen tu propia mente, tus ideas. Nuestra percepción jamás entenderá de la conquista de lo ajeno. Es la única razón, la única distinción que siempre poseeremos.
De fuera a dentro. De dentro a fuera. Secuencial o quizá en paralelo. Simplemente imagina que buscas el orden correcto.







