Turista
Pausa. Breve interrupción de un movimiento, proceso, acción. Tardanza, lentitud. Un silencio de pentagrama que en cada frase va rompiendo las letras. Distancia, el símbolo que lo representa.
Pasan días, semanas, meses, agujas que golpean relojes de otros. Mi calendario se va poblando al son de persianas metálicas. Secuencias programadas, orquestadas, de los comercios que no descansan. Voces que suenan resquebrajadas adornan cuerpos estáticos al otro lado de la ventana. Sedentarios, predecibles, necesarios.
Recuerdo árbol, presencia, sonido. Sin nadie que escuche el crujido, los bosques siguen cayendo sin saber el motivo. Ausencia forzada, quizá deseada. Cada día observadores de ruido perfeccionan el escapismo en cada cultivo. Errantes del árbol caído, falsos nómadas usurpando otros sitios.
Sin saber el próximo destino, no hago maletas ni preparo equipajes. Alternando caminos preferidos, siempre dispuesto para un nuevo viaje. Si me viese facturando ilusiones, sin duda más que una ayuda, sería todo un lastre. Lo puesto, necesario bagaje. Visitante, peregrino, turista de los sentidos.
En lugar de aparecer en cada foto, prefiero poder contemplar las de otros. Saber que hay huellas que se dejan sin presencia, con la ausencia. El abuso de la voz propia impide apreciar el silencio melodioso. Seguiré viajando, contemplando en cada posada el turismo de las palabras.
Siéntate
Sentar. Establecer las bases o los fundamentos de una teoría, una doctrina. Dejar una cosa asegurada o ajustada. Cuadrar, convenir. Estabilizarse, normalizarse. Sentarse a sentir, sentir cómo sentar.
Treinta días. Sólo un mes, uno de doce. Porcentaje, número, cifra, un dato más sin aportar. Para muchos, quizá para otros, el silencio es la palabra del no imaginar. No para mí, no considero un banco cualquiera de un parque más. Atípico, marginado, clamando el desgaste de tan sólo escuchar.
Sobran diseños, modelos, clones, que nos dificultan por dónde empezar. Cómo iniciar. En algún momento, algún lugar, decidimos las leyes que marcaron el supuesto azar que hoy se contempla casualidad. Se nos presenta como informal la rúbrica teñida de realidad. Ni propia ni de otros, es la propia, particular.
Hoy no borro almanaques, meses, horarios que en su día arroparon finalidad. Destacamos las mentes fluorescentes que marcan los lazos que recordar. No me dejo atrapar. Emborrono fechas, metros, pasos, que marquen el banco que debo ocupar. Que en su día solamente recuerde que hubo un instante que no quise olvidar. No pudimos evitar rescatar.
Pasarán momentos. Caducarán los inciertos. Mientras vosotros persigáis los recuerdos tan sólo dejadme en mi banco esperar. A cada uno de vosotros, sin más. En lugar de volver, deporté a otro nombre lo que era mi azar.
Luces
Sombra. Lugar donde no da el sol o se está protegido de él. Pequeña cantidad de algo. Ignorancia, oscuridad, clandestinidad. Sombras anónimas se difuminan tras un avatar.
Caminar entre aciertos, errores, seguidores, seguidos, ceros y unos, binarias decisiones. Parecemos haber acordado un nuevo mercado donde cada marca se apellida con un nombre comercial. El pasaporte digital es una suma de las sombras ajenas y nuestra propia identidad.
No hace tanto que la falta de líderes era el más repetido enunciado. Ahora se torna el hábito otorgando al concepto un nuevo significado, infinitas sombras que se proyectan con cada faro. Sin embargo, nada ha cambiado. Más que escasear influyentes, sobran influenciables. Influenciados.
El criterio propio tiene poco de nuestro y mucho de otros. Es más práctico buscar el foco que gastar tiempo entre la crítica al método roto, desbaratado, al plagio defectuoso. Como la luz a la sombra, demasiados candidatos pretenden, con su opinión, iluminarnos.
Seguimos mirando al suelo cazando siluetas de expertos auto-proclamados. Con tan poca luz, exponerse entre las sombras se convierte en un riesgo no deseado.
Sigue
Seguir, proseguir, llegar hasta algún sitio. Estar atento a ello, observar con atención. Miradas mudas que acompañan cada instante de realidad.
Sigue. No es tan sólo una palabra. Cambiar tu nombre por sonrisa en la distancia, disimular lejanía entre voces que ya no callan. Saber que aquí, incluso ahora, no se negocian con la suerte o la esperanza, sino con el tiempo, su arrogancia. La misma que entre agujas atraviesa ahora la que en su día vistió mi calma.
Tergiversar, deformar, adornar un escenario que en lugar de mentiras, rebosa verdad. La misma celada que en cada paso, cada camino, se tiñe de improvisadas rúbricas. Tan cerca que dos pronombres recuerdan en cada huella que el pasado queda atrás. Quedó atrás. No quiero una senda estrecha que haga de caminar juntos la única posibilidad.
De poco sirve una meta solitaria. Cruzar la línea que sólo ofrece unos segundos de secas palmas. Compartir unos metros es suficiente medalla, dejaré en otras manos, otros senderos, la gloria ermitaña. Ante un presente estático mi futuro se torna nómada.
Sigue, escoge el destino, toma ventaja, comienza a marchar. Que al girarte sólo veas la silueta que marca mi sombra que te acompaña a la par.
Esperanza estática
Comodidad. Situación del que lleva una vida agradable y sin preocupaciones económicas. Interés, utilidad, beneficio. La resistencia al cambio se traslada a nuestro confort binario.
Estamos diseñando un nuevo universo basado en el precepto de todo y todos a un solo clic. Percibimos esta evolución como un correcto equilibrio entre simplicidad y sentido común. Un esfuerzo centrado en hacer accesible lo complejo, manteniendo transparente gran parte del proceso. Siempre hay un hilo, un fino velo, que nos hace confundir ciertos términos.
Cada mañana despierto entre lazos débiles, nodos, avatares, seudónimos, seres sociales. Analíticas, métricas, números, cifras, venerados estadistas diarios. Entre tanto teórico, el vínculo humano se vuelve simbólico. No seré más que un ingenuo puntocero confiando en un compromiso que, sin saberlo, estamos firmando con nuestro carácter verdadero. Interés, cercanía, oportunismo, afinidad. Si la vida no es un grafo, de poco sirve medir cada detalle en grados.
Queremos creer que estamos viviendo una verdadera revolución mientras esquivamos las afirmaciones que manifiestan que lo “nuestro” es más que una simple conexión, un me gusta, un seguidor. Resulta cuando menos, contradictorio que reneguemos de la visión optimista, inspiradora, casi poética del espíritu dospuntocero y al mismo tiempo pongamos el grito en el cielo defendiendo que es una actitud, no un concepto. La falta de confianza o el miedo al cambio quedan en segundo plano, es la inercia mental del propio ser humano.
Hipocresía numérica, la cantidad acomoda la probabilidad. Más allá del noble propósito, existe un beneficio directo. Real. Probemos, siempre habrá tiempo de seguir teorizando.









