José Luis Gato
24abr/10

Un nuevo escenario

Fotografía: Víctor Nuno

Coincidencia. Ocurrencia de dos o más cosas o personas a un tiempo. Igualdad de formas, intereses, opiniones, etc. Esta mañana ha coincidido este post de Manel con las ideas que anoche rondaban desordenadas en mi cabeza.

Esta es una realidad interconectada donde los nodos ya no son grafos sino personas. Nos centramos en calcular el impacto, la repercusión o la difusión de simples extractos, en ningún caso nos abstraemos y entendemos que el conjunto es más que una suma de visitas, comentarios o menciones. Es un nuevo nivel de conciencia, la verdadera responsabilidad social, la cual defendemos y exigimos en textos, citas y manifiestos al mismo tiempo que declaramos intangible. No preciso una cifra exacta ni una unidad de medida exclusiva para saber que en pocos milisegundos una simple frase recorre el mundo y tiene impacto en al menos una vida.

No necesitamos la respuesta perfecta a la pregunta incorrecta. Agotamos nuestros esfuerzos intentando demostrar que dos más dos son tres, sin primero comprender por qué o para qué dicha convención se estableció. Patentamos nuestro deseo de destacar. Por regla general, abrir una brecha, marcar un antes y un después, no es la demostración universal de lo equivocados que otros están, es la consecuencia de la comprensión y resolución de un problema real.

Seleccionamos un rol, siempre lo hacemos. Modelamos nuestro reflejo en función de las figuras que nos representan, las mismas que nosotros escogemos. No delegamos responsabilidades sino miedos. Esa conciencia artificial que entre todos hemos creado se ajusta a un criterio de estabilidad, no de realidad. Parecemos temer la inminente cercanía de una voz hasta ahora desconocida que desequilibre nuestra balanza, la que media entre el todo o nada.

Simplificar. Contemplar la unidad mínima. Al negar la evidencia, limitamos las respuestas. Todos confiamos en que tarde o temprano se caerán las caretas, pero sólo las ajenas, no las nuestras. Dejar de ser la proyección de nuestros miedos, con la misma solidez que su sombra, requiere asumir riesgos. Si somos actores forzados deberíamos saber, al menos, que ha cambiado el escenario.

Comentarios (4) Trackbacks (30)
  1. Y ¿si fuesemos actores de verdad? ¿No deberíamos actuar genialmente? ….

  2. No somos actores, al menos estos aprenden un guión a sabiendas de que representa a alguien distinto de ellos mismos. La misma etimología de la palabra ‘persona’ nos delata, nos referimos a nosotros mismos como los griegos se referían a las máscaras que utilizaban en su teatro, qué más decir…
    Un abrazo, José Luís…

  3. Hola Juana,

    Mientras no sepamos qué guión debemos seguir, tendremos que seguir improvisando. Con caretas y sin ellas. Una nueva habilidad. :)

    Un abrazo!

  4. Hola Manel,

    De requisito escénico a necesidad diaria. Personas o personajes, realidad o representación, faltan actores, quizá buenos guiones.

    A veces me llevo sorpresas gratas cuando, para aumentar su voz, alguien deja a un lado su propia máscara.

    Un abrazo!


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